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Dolores O'Riordan, el sello distintivo

Dolores O'Riordan, el sello distintivo

Se extingue la emblemática voz de The Cranberries
Lunes 15 Enero, 2018
Dolores O'Riordan, el sello distintivo

Para The Cranberries, el modelo a seguir en su disco debut era The Smiths. La influencia de Johnny Marr en "Everybody Else Is Doing It, So Why Can't We?" se notaba claramente en la prístina guitarra de Noel Hogan. Además, en la producción figuraba Stephen Street, el ingeniero tras las perillas de clásicos como "Meat Is Murder" y "The Queen Is Dead". 

Pero el ejemplo de los Smiths hubiese sido imposible de adoptar sin una presencia arrebatadora al frente. Alguien que fuese puro sentimiento a la hora de cantar y que pudiese conmover con sus letras. En ningún caso un remedo de Morrissey, eso sí. La sonoridad de los Cranberries, muy parecida a la de sus ídolos mancunianos, necesitaba un sello distintivo. 

La llegada de Dolores O'Riordan, casi un año después de su formación, aportó justamente lo que faltaba: excepcionalidad. Bastaba escucharla una vez para no olvidarla jamás. Estremecedora y temperamental, se colaba en los oídos de cualquiera que tuviese emociones como una Sinead O'Connor de la Generación X, orgullosamente irlandesa con su acento fuertemente marcado y su conocimiento de técnicas vocales celtas. La clase de cantante capaz de transformar a músicos anónimos de Limerick en estrellas mundiales de rock. Inequívocamente, fue siempre lo primero que llamaba la atención de The Cranberries. 

Con la pluma conectada a su sensible corazón, O'Riordan escribió las letras de todos los sencillos que posicionaron al grupo como de los más significativos de los noventa, desde 'Dreams' hasta 'Salvation' pasando por 'When You're Gone' y 'Ode to My Family'. De hecho, lo que le valió el ingreso a la banda fue la maqueta de 'Linger', que ya existía antes de su llegada, pero no era nada sobresaliente en manos del vocalista anterior, Niall Quinn. Con ella, en cambio, se volvió una canción imbatible sobre el amor trizado. Y para los Cranberries fue el primer hit de su historia, la partida de una saga de éxitos. 

Nacida en 1971, Dolores O'Riordan en los noventa tenía más millones de discos vendidos que años de edad. La decisión de acentuar su protagonismo en "No Need to Argue", el segundo disco del grupo, fue un acierto comercial que derivó en oros, platinos y hasta diamante. Pero los números no eran la prioridad de O'Riordan, sino la sustancia de un repertorio en el que balanceaba contenidos autobiográficos y políticos, entendiendo la complementariedad de ambos enfoques. Así lograba exponer los abusos sexuales que sufrió en su niñez ('Fee Fi Fo') y también condenar al IRA por su violencia ('Zombie').

El exceso de actividad de The Cranberries, producto de la fama explosiva que la convirtió en una de las mujeres más acaudaladas de Irlanda, terminó pasándole la cuenta en plena gira de su tercer disco, "To The Faithful Departed", inspirado por las muertes de gente cercana. O'Riordan colapsó y el tour quedó inconcluso. Comenzaría así el declive natural de la banda: las cosas no volverían a ser las mismas a partir de "Bury the Hatchet", editado tres años después. Su nombre era sinónimo del rock alternativo que iba en retirada, mientras su nueva actitud más serena alienaba a los fanáticos de su intensidad. 

Ser madre transformó a Dolores O'Riordan. Se convirtió en su mayor interés luego de años volcando toda su energía en el grupo. Significó un cambio en su agenda, diseñada para estar más tiempo en casa. "Es un trabajo que pocos aprecian, pero que es muy importante. Las supermodelos, las cantantes y actrices son los ideales y nadie se fija en las madres. Yo soy cantante y madre, pero creo que es más difícil dedicarte sólo a tus hijos", diría sabiamente en una entrevista publicada en diciembre de 1999. Ni siquiera tenía treinta y ya hablaba como una veterana de guerra. También lamentaba el ascenso de las boybands: "Los que somos más adultos no podemos soportar esa basura". 

Después de "Wake Up and Smell the Coffee", grabado durante su segundo embarazo, vino un segundo paréntesis para los Cranberries. Pasaría más de una década para "Roses", su última entrega con canciones nuevas. Entremedio, O'Riordan publicó dos trabajos en solitario, "Are You Listening?" y "No Baggage", y se sumó a D.A.R.K. junto al ex The Smiths, Andy Rourke. Su lista de proyectos paralelos contempló incursiones televisivas (la versión irlandesa de "The Voice"), cinematográficas (la película "Click" de Adam Sandler) e inmobiliarias (la compra de una finca en España). 

Gracias a la fama obtenida en los noventa con las canciones de O'Riordan, los Cranberries pasaron a ser artistas de catálogo, activos mediante publicaciones antológicas y giras de grandes éxitos como la que los hizo debutar en Chile el 2010. Su último lanzamiento data del año pasado: "Something Else", un compendio de relecturas de material antiguo en clave acústica y orquestada. El día de hoy, tras conocerse el inesperado deceso de la cantante, el crítico musical Steven Hyden escribió en Twitter: "Cuesta creer que una banda cuya música era tan amable y poco pretenciosa pudiese ser multiplatino en algún momento". 

La curva final de la vida de O'Riordan fue compleja, pero esclarecedora. Perdió a su padre y se divorció del marido con el que estuvo por dos décadas. Además, admitió que tenía flashbacks de los abusos que sufrió entre los ocho y los doce años. No bebía diariamente, pero confesó que nunca tomaba sin emborracharse por completo. Y padecía una serie de dolores corporales, como el trastorno lumbar que la obligó a cancelar fechas el 2017 con los Cranberries. 

Cuatro años antes, intentó suicidarse. Su madre hizo público que permanecía bajo tratamiento psiquiátrico. Luego de causar un altercado violento con implicaciones legales, su defensa argumentó echando mano a su diagnóstico: depresión y desorden bipolar. Lo suyo no eran escenas de una diva, sino pasajes maniáticos, síntomas de una enfermedad.  

Con todos sus problemas en consideración, impresiona el estoicismo con el que se mantuvo en la música a lo largo de sus últimos años. El mismo con el que en su juventud le ganó la batalla a la anorexia. Su actitud habla de una mujer con una voluntad de hierro, equiparable a la fuerza sobrehumana con la que cantaba letras que reflejaban su polo opuesto, la vulnerabilidad que la hacía capaz de resonar dentro de tantas personas con su música. 

Mientras se conocen los detalles de su muerte, ocurrida de forma inesperada según comunicaron sus representantes, e independiente de la forma en que haya sido finalmente, quedémonos con la Dolores O'Riordan que fue capaz de sobrevivir 46 años en un mundo que, pese a premiarla por talentosa, no la trató bien en momentos cruciales de su vida. Que su existencia llena de canciones maravillosas sirva para educarnos e informarnos mejor como sociedad acerca de la importancia de la salud mental. 

Y por los próximos días, que suenen fuerte los discos que nos dejó. Estamos de duelo. 

Andrés Panes

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