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El trabajo sucio de AC/DC: 41 años de “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”

El trabajo sucio de AC/DC: 41 años de “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”

Basureado por su propio sello, luego fue objeto de reivindicación
Miércoles 20 Septiembre, 2017
El trabajo sucio de AC/DC: 41 años de “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”

Hagamos trampa: conmemoremos los 41 años de “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”, un disco originalmente publicado por AC/DC en su natal Australia el 20 de septiembre de 1976. Hay que subrayar la palabra “originalmente” porque no alcanzaría su máxima popularidad hasta cinco años después, con la salida de su primera edición estadounidense tras el impacto de “Back in Black” (1980).

Una práctica habitual del mundo sin internet. En ese pasado cada vez más remoto, era frecuente que la discografía de un grupo variara de país en país. Basta mirar los catálogos que los Beatles y los Rolling Stones mantenían en paralelo a ambos lados del Atlántico: diferentes títulos, diferentes portadas, diferentes listas de canciones.

Antes de sacar “Dirty deeds done dirt cheap”, AC/DC ya contaban con el aprecio del público australiano. En Estados Unidos, sin embargo, el sello Atlantic consideró que la producción del álbum estaba por debajo de sus estándares de calidad y se rehusó a lanzarlo. La negativa puso en peligro el contrato de la banda con la compañía, cuyos ejecutivos no consideraban que el quinteto tuviese mayor potencial.

El rumor circulante: a los distribuidores gringos no les gustaba la voz de Bon Scott, que obtenía su sonido mediante costumbres como hacer gárgaras con vino y miel, y además planeaban hacerle la cama. Lo consigna un libro biográfico, “La historia de AC/DC” de Susan Masino, que cuenta cómo Phil Carson, un poderoso personero de la industria, salvó con un llamado telefónico el lazo entre ambas partes.

A los responsables de las decisiones en Atlantic, Masino los llama “estúpidos trajeados”. Y con justa razón: “Dirty Deeds Done Dirt Cheap” es una masa, un disco inapelable. Embotella la química entre vocalista y banda, esa combinación de picardía ocurrente y riffs que se atornillan a la memoria, de letras que funcionan como microcuentos y hacen juego con un rock malicioso, pendenciero y directo.

En nueve cortes, AC/DC se dejan apreciar desde varios niveles. Narrativo: Scott encarna a un sicario que ofrece sus servicios como solucionador de problemas en el tema titular. Humorístico: 'Big Balls' es una fucking canción sobre testículos sustentada en el doble sentido y los juegos de palabras. Emocional: la escalofriante 'Ride On' es un buen argumento contra la tesis de que todas sus canciones son iguales y de que su gama expresiva es limitada.

El disco fue lanzado mientras la banda giraba junto a Rainbow y a los seis meses ya estaba en la calle el siguiente, “Let There Be Rock”. Su ritmo de trabajo no decayó ni siquiera con la inoportuna muerte de Bon Scott, rápidamente sustituido por Brian Johnson en una de las transiciones más exitosas en la historia del rock.

Atlantic no respetó el frágil proceso de cambio. Engolosinado con las millonarias ventas de “Back in black” en Estados Unidos, el sello finalmente editó de forma oficial “Dirty Deeds Done Dirt Cheap” en 1981. El grupo exigió que las copias llevaran un sticker especificando la naturaleza del material para evitar malentendidos.

Pese a los enredos que generó el lanzamiento -en una época de acceso restringido a la información, no era fácil entender de inmediato por qué AC/DC estaba “de vuelta” con su cantante muerto-, el álbum se paró en el podio de Billboard y ahí se quedó por semanas. Espectacular para un producto alguna vez considerado deficiente.

Hubo un poco de publicidad gratis involucrada. Ciertas presentaciones fueron canceladas porque a los organizadores les parecía que el grupo era inmoral, así que naturalmente su nombre captó la atención de mucho público. Por otro lado, un matrimonio apareció en las noticias quejándose de las pitanzas: tenían el mismo número telefónico que Scott recitaba en 'Dirty Deeds Done Dirt Cheap'.

Ha pasado tanto tiempo desde que apareció esa canción, que el destino ya alcanzó a ponerse irónico. ¡Cómo imaginar que al batero Phil Rudd terminarían acusándolo de contratar a un sicario! Para más remate, apenas se conoció la noticia, las ventas digitales del single aumentaron un 21 por ciento. Nadie para quién trabaja.

Andrés Panes

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