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Soundgarden: Flores en la lápida

Soundgarden: Flores en la lápida

Estilo y oscuridad de un nombre ineludible del grunge
Viernes 18 Mayo, 2018
Soundgarden: Flores en la lápida

Soundgarden practicó combinaciones improbables y sobrellevó un sino trágico desde que el éxito era una profecía prácticamente unánime. Qué pensaban de sus influencias y del grunge, cómo afectó a su líder el alcoholismo y la depresión. Apuntes para un epílogo.

Por Marcelo Contreras

Para una banda oscura y densa las expectatias eran las mejores. La fama respondía al boca a boca, la crítica apostaba por ellos, y arrastraban una nominación al Grammy como mejor perfomance de metal en 1990 por el álbum debut “Ultramega OK” (1988). Con el siguiente, “Louder than Love” (1989), los titulares y reseñas presagiaban éxito masivo e inevitable para Soundgarden. Según la revista Spin se trataba de lo más potente de Seattle desde Jimi Hendrix. Rolling stone los ubicaba en línea directa de descendencia de Black Sabbath y Led Zeppelin. Para Circus no había duda de que serían moda. Tenían el sonido, la potencia y un cantante carismático. Como explica el ex ejecutivo Jeff Suhy del sello A&M en un breve documental grabado en 1989, “el magnetismo de Chris Cornell es innegable, los tipos quieren ser Chris y las chicas quieren hacer el amor con Chris”.

1991 iba a ser el año en que Soundgarden la rompería pero no sucedió exactamente así. “Nevermind” de Nirvana apareció el mismo día que “Badmotorfinger”, el 24 de septiembre. Aunque resultó un éxito comercial y les valió una nueva nominación al máximo premio de la industria musical estadounidense, la banda de Seattle tuvo que esperar su turno y seguir siendo un artefacto algo extraño, un grupo que sonaba parecido al metal pero no era exactamente heavy metal. “Superunknown” se publicó el 8 de marzo de 1994 debutando en el número uno del ranking Billboard. Un mes después Kurt Cobain se volaba la cabeza y el grunge empezaba a hundirse inexorablemente. Para Ben Shepherd, el bajista de Soundgarden, fue duro. Cobain era su amigo. Desde entonces quedó con la sensación de que cada vez que a Soundgarden le sonreía la fortuna, pronto ocurría una desgracia. Como dijo a Rocknvivo antes del debut en Lollapalooza Chile en 2014 “tenemos sospechas cuando algo bueno sucede”.

Como toda banda que clama autenticidad, lejos de sentirse halagados por las habituales comparaciones con Led Zep y Sabbath, querían alejarse de sus padres. Sabían perfectamente dónde flaqueaban. El guitarrista Kim Thayil lo definió con lucidez para Spin en medio de la gira de “Superunknown”. “Siempre odié a Led Zeppelin -muy pretenciosos- y Black Sabbath tenía unos riffs cool, pero los alargaban de una manera realmente estúpida. Al principio queríamos hacer canciones como Black Sabbath sin las partes que apestan”. Años antes, en 1989, Chris Cornell había declarado a la misma revista que las comparaciones eran como una espina en Soundgarden. “Led Zeppelin nunca fue la banda favorita de ningún miembro en el grupo y, a decir verdad, no escucho mucho Led Zeppelin en nosotros, excepto que a veces canto con un marcado falsete. No escribimos canciones sobre magos, espadas o cualquiera de esas mierdas de calabozos y dragones”.

Lo que sí resultaba evidente en Soundgarden era la conjunción de virtuosos interesados en dialogar antes que lucirse. “Cuando Soundgarden hizo ‘Superunknown’ -contó Cornell en 2014 a Rolling Stone- habíamos sido banda durante mucho tiempo, unos ocho años. ‘Superunknown’ fue uno de los cambios más dramáticos en lo que estábamos haciendo musicalmente. Creo que no me di cuenta en ese momento”.

Si antes dominaba el músculo en cada línea de ejecución desde la garganta superdotada del vocalista, aquel álbum estaba marcado por una musicalidad que sin perder el elemento pesado necesitaba expresar otras emociones además de la agresividad incluyendo melancolía y desazón, y una mayor diversidad rítmica y emotiva. “Superunknown” perfeccionaba la búsqueda melódica que asomaba tibiamente en “Badmotorfinger”, que a su vez pretendía superar el rótulo de heavy metal sobre “Louder than Love” (1989), ambos bajo la producción de Terry Date (Pantera, Deftones). Según el líder, “nos focalizamos canción tras canción (...) el álbum lentamente tomó forma. “Superunknown”, quizás más que la mayoría de los discos, no se reveló como era sino hasta el final”. En el siguiente, “Down on the Upside” (1996), Soundgarden se dejó llevar y sin perder contacto con la matriz de Zeppelin y Sabbath, se acercó mucho más a la versatilidad de The Beatles con mostachos y LSD en los bolsillos. Por un breve periodo gozaron de una reputación envidiable. Era una banda realmente masiva que mantenía el respeto del rock subterráneo. Los miembros de Kyuss, por ejemplo, se sentían honrados de girar con ellos en 1995.

Con los años Cornell tenía una buena opinión sobre el grunge, el rótulo masificado para un puñado de grupos de Seattle que habían construido a la antigua su camino, álbum tras álbum, haciendo giras apretujados en vans destartaladas, ganando oficio tocando rock duro con la mirada descreída del punk. Cornell pensaba que el grunge merecía ser considerado dentro de la historia del rock en la misma categoría de los grandes momentos que torcieron el destino de la música como la Invasión Británica. “Claramente somos pioneros de ese género y somos reconocidos como tales”, comentó en los días de la reedición de “Superunknown” en 2014. “Cuando se cuenta la historia, que se contará una y otra y otra y otra vez, vamos a estar allí. (...) Las preguntas de Seattle, las preguntas del sonido de Seattle y las preguntas de la escena de Seattle, valen la pena”.

La depresión siempre fue parte de Chris Cornell. Entre los 14 y los 16 años no hizo amistades, prácticamente no salía de su casa, experimentó malos viajes con drogas, sus padres tenían problemas con la bebida y él lidió por largo tiempo con el alcohol, por lo demás toda la carrera de Soundgarden. No fue hasta grabar el primer álbum de Audioslave (2002) que asumió que debía hacer algo. Cargaba con un par de años de depresión y el proceso de divorcio de Susan Silver quien además era su manager, un periodo de poca comida y exceso de licor y pastillas. Cornell reconocería años más tarde que sus compañeros en Audioslave, tipos que apenas conocía, le ayudaron a comprender que necesitaba ayuda. “Su preocupación no venía de una posición tipo ‘estamos preocupados de nuestras carreras‘, sino ‘estamos preocupados por ti’. Sentí una sensación de miedo y tristeza en ellos que me hizo despertar”.

Soundgarden no tuvo originalidad sino estilo. La capacidad técnica superior les permitió tender puentes donde no existían, triangular entre bandas capitales como The Beatles, Led Zeppelin y Black Sabbath siempre con singularidad. Se anticiparon a Queens of the Stone Age en el fino arte de amoldar los riffs más densos posibles con melodía, groove y desprejuicio. Y Chris Cornell, lamentablemente su muerte lo confirma, fue increíblemente honesto en sus letras, donde el pesimismo y la angustia existencial eran piezas indispensables. “Nada acabará conmigo hasta que lo haga yo mismo”, dice una línea de ‘Blow Up the Upside’, y esa voluntad quedó sellada con el suicidio.

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