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Temple of the Dog: Genealogía grunge

Temple of the Dog: Genealogía grunge

Los avatares de una banda de culto
Viernes 18 Mayo, 2018
Temple of the Dog: Genealogía grunge

Antes de Nirvana, en Seattle hubo una banda llamada Mother Love Bone liderada por Andrew Wood. Dueño de una excepcional voz y con una glamorosa presencia, su juventud amenazaba con llevarse el rock por delante. Una promesa de la primavera glam, pero que se transformó en el catalizador del rock sombrío y rabioso que estaba germinando en la ciudad, y del que poco tenía que ver: el grunge. Sin embargo, sus vínculos son inequívocos. En la banda había dos integrantes de otro embrión alternativo: Jeff Ament y Stone Gossard, que venían de Green River (y que luego fundarían Pearl Jam). Y por otro lado, Wood vivió un tiempo con Chris Cornell, entonces cantante de Soundgarden. Tras una fugaz notoriedad en 1989 gracias al single ‘Chloe Dancer/Crown of Thorns’, el sueño de un futuro promisorio se desmoronó con la muerte del blondo cantante producto de una sobredosis de heroína en marzo de 1990, unos meses antes del lanzamiento de su disco debut “Apple”. Tenía 24 años.

Sus compañeros decidieron entonces rendirle tributo en clave musical, y al poco tiempo forman Temple of the Dog, un grupo cuyos miembros procedían de dos de las bandas de rock más exitosas de la generación. Sin embargo, dicha sentencia es algo errónea: para 1990, el grupo donde militaba Cornell –y el baterista Matt Cameron- seguía siendo del underground, por lo que eran virtualmente desconocidos; y por otro lado, Pearl Jam aún no existía. Pero esa poca visibilidad no importaba. Entre los cinco sacaron a flote un trabajo fundacional, con Cornell como principal compositor y letrista, encarando el luto de su amigo en este proyecto.

Con la banda en el estudio se pulieron las melodías que tomaban el desenfreno del punk (heredado de Green River) y los de impronta hard rock. La nueva sonoridad debía ser más melódica, a tono con letras intimistas que recreaban el vínculo fraternal de Cornell con Wood. El resultado fue una expresión del grunge sorprendentemente innovadora para la época. En sus canciones se escuchan las influencias del blues rock zeppeliano y las armonías pop de The Beatles. Esta sonoridad terminó explotando en diversas variantes, tanto en este trabajo como en los registros posteriores de Soundgarden y en la musicalidad que adaptaría Pearl Jam. Y a pesar que fue uno de los grandes discos de 1991, no despertó interés de la crítica a pesar de haber sido un buen ejemplo de cómo la escena de Seattle podía superar sus propios límites.

De aquel influjo nacieron unas baladas melancólicas que son la marca registrada de Temple of the Dog: ‘Say Hello 2 Heaven’, ‘Call me a Dog’, ‘Times of Trouble’, ‘Wooden Jesus’, ‘All Night Thing’. Algunas de clara de naturaleza acústica y con el color de Mother Love Bone, gracias a sus arreglos en piano a cargo del productor Rick Parashar.  Y otras con vocación más rockera, como ‘Reach Down’ que despliega una psicodelia a lo Hendrix, o ‘Your Saviour’ de fiel linaje grunge. Acá empieza la leyenda de uno de los grandes guitarristas de los 90: Mike McCready. Y también está ‘Hunger Strike’, la canción más profunda de aquel disco, que fue el single promocional y tuvo un videoclip que rotó en MTV. En él, aparece un joven Vedder, el surfista de San Diego devenido en frontman desalentado con camisa leñadora, saliendo del anonimato en medio de unos pastizales. Fue la primera vez que Vedder visitó un estudio de grabación, a petición de Cornell, que había escuchado la cinta con la cual audicionó para formar parte del proyecto “Mookie Blaylock”. El inicio de otro mito del grunge.

“Queremos contarles que por primera vamos a hacer un tour con Temple of the Dog. Haremos lo que nunca hicimos: salir a la ruta, dar shows largos y ver cómo se siente ser de nuevo esa banda que se formó en honor a la memoria de nuestro amigo”, avisó Cornell en el Bridge School Benefit Concert en 2014. Dos años después, la reunión se concretaba con todos los miembros originales, a la par de la edición aniversario 25 de este inmortal álbum. Viejas canciones revivían en vivo, pero los planes del destino eran otros. De otra forma –igual o más significante- la muerte se tomó por asalto, una vez más, un disco que parece no querer renacer desde el escenario.

Wood podría haberse quedado en el recuerdo de un puñado de fans, pero con el testimonio de Temple of the Dog, su figura se ha revalorizado en el tiempo. La tristeza por su muerte –y la pérdida de inocencia, como relatara el propio Cornell- se convirtió en una incalculable fuente de inspiración compositiva que devino es un único disco - lanzado tan solo unos meses antes de la explosión grunge con la publicación de “Nevermind”- que con el correr de los años, ha alcanzado el status de culto. Y no solo por las figuras involucradas, sino por la calidad artística de un puñado de canciones desgarradas, que además de rendir tributo al amigo perdido, sentaron las bases de un movimiento musical que revitalizó al mundo del rock hace ya casi treinta años.

César Tudela

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