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The Verve: Un hombre que camina

The Verve: Un hombre que camina

Los múltiples significados de "Urban Hymns"
Viernes 29 Septiembre, 2017
The Verve: Un hombre que camina

I

Para la gran mayoría fue la introducción a The Verve, pero en realidad el pomposo "Urban Hymns" era la etapa final de un proceso iniciado sin bombos ni platillos en Wigan, una localidad del Gran Mánchester sin pedigrí rockero. De hecho, 'Bitter Sweet Symphony' ni siquiera fue su primer single con arreglos de cuerdas: esa distinción recae en 'History', el sencillo final de su segundo disco, "A Northern Soul" (1995).

Lanzado cuando estaban en la primera de sus tres disoluciones, 'History' anunciaba un futuro al que sólo llegarían resolviendo sus diferencias. No eran pocas: el vocalista Richard Ashcroft y su personalidad avasalladora planteaban desafíos a sus compañeros, sobre todo al más sensible, el guitarrista Nick McCabe, quien, a su vez, se encontraba en medio de problemas familiares que lo llevaron a una crisis nerviosa. Dejaron de hablarse por un año y medio en el que una versión de The Verve sin McCabe trató de reformularse, acercándose a John Squire de The Stone Roses y a Bernard Butler de Suede.

Durante ese tiempo, Ashcroft pulió un repertorio que se alejaba de la psicodelia y el chamanismo, características esenciales de la etapa inicial de The Verve, para situarse en formatos más legibles. "Urban Hymns" fue lo que pasó después de que el cantante se tragó su orgullo, tomó el teléfono y convenció a McCabe de volver.

II

"Urban Hymns" apareció el 29 de septiembre de 1997. Un par de años después, The Verve ya eran historia, disueltos por segunda vez hasta la reunión que trajo consigo "Forth" (2008). El grupo siempre fue frágil y caminó por la cuerda floja.

Para hacerse una idea: el día en que Richard Ashcroft conoció al batero Peter Salisbury, su primera actividad conjunta fue agarrarse a golpes. Eso sí, no toda la culpa recaía en sus volátiles personalidades, a veces las circunstancias conspiraban en su contra. Es más, la propia banda tenía un término para la mala suerte que los seguía, Verve Voodoo. No exageraban: la seguidilla de accidentes, lesiones y problemas técnicos que sufrieron hubiese desmoralizado a cualquiera menos a ellos, que partieron ensayando en un sucucho frío y maloliente.

Para Ashcroft en especial, cualquier avance valía. Su deseo de ser una estrella de rock y salir pronto de Wigan era gigantesco. Ni siquiera se desmoronó cuando terminó de grabar "A Storm in Heaven" (1993), el primer disco de The Verve, y al volver a su departamento se dio cuenta de que el dueño, al que le debía meses de arriendo, no sólo cambió la chapa de la puerta, sino que se llevó todas sus cosas.

Sin embargo, las presiones de la industria terminaron por derrumbarlos, pese a que fue decisión suya ponerse a trabajar con Jazz Summers, el manager que hizo famoso a George Michael, luego de que prometiera convertirlos en el grupo más grande del mundo. Uno de cada treinta ingleses tenía una copia de "Urban Hymns", pero Ashcroft no lo pasaba bien con la fama: odiaba a los paparazzis y sentía vergüenza de que 'Bitter Sweet Symphony' fuese usada en un comercial de Nike. Sus palabras al L.A. Times en 1998: "Creía que lo único necesario era hacer un gran disco y que el resto funcionaría solo, pero lo que pensaba que era el punto final era sólo el inicio. Por algo se llama el 'negocio' de la música".



III

"Parece genéticamente diseñado para el estrellato", escribieron en la revista Spin sobre Richard Ashcroft. Lo cierto es que su imagen era impactante. El video de 'Bitter Sweet Symphony' no hubiese sido igual protagonizado por alguien distinto. Había algo especial en el cantante, no sólo en sus peñascosos rasgos faciales, sino en la determinación que transmitía.

The Verve en español significa "el brío" y el nombre no podría haber estado mejor puesto. ¿Quién no quiso ser como Ashcroft avanzando por las calles sin concesión? Majestuosa y especiosamente orquestada, la más conocida de las canciones del grupo era irresistible y, pese a que sus derechos fueron reclamados por los Rolling Stones, bastó para ponerlos en el radar del planeta y hacer de "Urban Hymns" un multiventas.

Fue la coronación de una banda destinada a la grandeza. En la vida real, Ashcroft era todo un personaje, apodado "Mad Richard" por la prensa a causa de su esoterismo y "Captain Rock" por los hermanos Gallagher, sus fans y amigos, dada su ferviente creencia en el rocanrol. Oasis le dedicaron 'Cast No Shadow' y decían que "A Northern Soul" era el mejor disco de 1995 después, obviamente, de "(What's the Story) Morning Glory?". Otro fan, aunque más improbable: Mike D de los Beastie Boys, que quería ficharlos en su sello, Grand Royal.

IV

The Verve pusieron todo lo que tenían en "Urban Hymns". Aunque se abrían paso por nuevas vías, yendo tan lejos como en 'The Drugs Don't Work', donde incorporaban algo de country, el disco tiene más de una alusión a sus trabajos previos.

Nacida de una jam de 25 minutos, 'Catching the Butterfly' retiene parte de la lisergia de "A Storm in Heaven", al igual que 'Neon Wilderness', construida a partir de un loop de la guitarra de McCabe, una técnica aprendida con el productor de su debut, John Leckie (Radiohead, Muse).

Asimismo, las canciones de corte rockero clásico, como 'The Rolling People' o 'Come On', no andan lejos del estilo de "A Northern Soul", decididamente más frontal que su antecesor.

El acercamiento de "Urban Hymns" al formato canción vino acompañado del florecer como letrista de Ashcroft, inclinado al existencialismo desde una perspectiva íntima y a la vez conectada a la conciencia universal. Al unísono, Nick McCabe estaba en un momento luminoso, muy influenciado por las proezas de John Martyn en la guitarra.

Realmente nada sonaba como The Verve: mientras sus contemporáneos, partiendo por Oasis, se mareaban con el aire triunfal de la Cool Britannia, ellos hablaban sobre la fugacidad de la vida. De esa idea surgió el concepto entero de "Urban Hymns", según explica Ashcroft: "El mensaje de este disco es mirarte a ti mismo con todos tus problemas y encontrar la fuerza para seguir adelante".

Andrés Panes

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