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Tom Petty: Un héroe americano

Tom Petty: Un héroe americano

Recordamos al artista, a 67 años de su nacimiento
Viernes 20 Octubre, 2017
Tom Petty: Un héroe americano

¿Cómo definirlo? ¿como un hombre de otro tiempo? Uno que fue destilando disco a disco un estilo que resultó tan reconocible como efectivo. Tom Petty fue la canción de rock americana concebida como algo enérgico y transparente, un singular bálsamo para corazones rotos o nostálgicos. Hoy sentimos profundamente por otro rompecorazones que se nos va.

Si existe alguna tribuna inusual en el mundo del rock, es aquella que han ocupado artistas como Tom Petty: los que jamás lidiaron con los azarosos avatares del éxito masivo, pero que siempre contaron con un público numeroso, y sobre todo fiel, ajenos a los vaivenes de la industria y al mismo tiempo produciendo con una regularidad digna de quien no tiene otra que hacer que no sea tocar su guitarra y componer canciones. Y de las buenas.

¿Un héroe americano? Eso era Tom Petty en Estados Unidos, un héroe. Lo que su nombre significaba para el resto del mundo siempre fue algo difícil de cuantificar, pero valga la pena aclarar que el mismo Tom Petty lo quiso así. Muchos lo definieron como la mezcla perfecta entre Bob Dylan y The Byrds con dos motivos recurrentes en su agenda: una intención clara de crear alguna inquietud con sus letras y una lealtad a toda prueba con las melodías digna del rock de antes. De mucho antes.

Qué nostalgia es esto de lo del ritmo pausado, el de un arte ajeno al cambio: el rock & roll, tan cuestionado el día de hoy como lo fuera a finales de los setenta: en esos días ‘Refugee’ fue sinónimo de una lucha a muerte que el rock emprendió en contra de la música disco. El hombre llegó a representar probablemente el sueño de todo músico: vida cómoda dentro de sus parámetros geográficos, compromisos limitados y una libertad creativa que prácticamente no necesitaba. No la necesitaba porque estaba aferrado a los viejos estándares, los mismos que lo engancharon a la causa cuando era un adolescente -una etapa de la vida de la que nunca terminó de salir del todo.

Como hablamos de una edad congelada hace un tiempo ya -entrado en el siglo XXI- este artista nativo de Florida estaba escribiendo de lo que le importaba a las alturas de los “50 y muchos” años de vida que como todo hijo de vecino, se ha divorciado, ha perdido amigos, ha intentado afrontar la vida como mejor ha podido, masticando sus victorias y sus derrotas, y siempre echando la vista atrás con enorme nostalgia. Solo así logró facturar discos repletos con resonancias de aquellos álbumes que escuchara entonces, como los de Roy Orbison, The Byrds, Love, Rolling Stones y Beatles. Pero también se trataba de un cancionero que resonaba desde su propia existencia y que logró también repercutir infaliblemente en nuestro interior, animando esas regiones nostálgicas y sentimentales que todos nosotros habitamos.

Para mi difícil es olvidar su etapa del 2002, la del “Last DJ”- en la que denunciaba el estado terminal de la industria discográfica, y aprovechaba de “repasar” con muchos de los arquetipos que la estaban estrangulando. Mucho mérito tenía el tomar esta postura y que la expresara, pues Tom Petty es uno de los privilegiados de este circo: contrato saludable con una multinacional, papel de estrella rock respetada, ventas más que razonables de discos (sobre todo a la altura del “Greatest Hits” -que incluía ‘Mary Jane’s Last Dance’-  y ‘Wildflowers’) y sold-outs de sus conciertos. Ya en los primeros años de los ochenta, el período de “Hard Promises”, se enfrentó a su disquera de entonces por el alza de precios de los discos. También debe haberse dado cuenta que los que religiosamente compraban sus discos veníamos siendo siempre los mismos, fieles a él porque él lo era con nosotros.

Al escuchar ahora a Tom Petty algunos se apurarán en notar la ausencia de un relevo generacional en el rock, como si existiera un desinterés por ese rock que practicaba él: recio pero aún así melódico, transparente en su sonoridad casi retro. Como el rock’n'roll mismo: desde una postura románticamente nostálgica y conservadora denunciaba las cosas que le desagradaban y las retrataba con simpleza de formas, un mundo que le dio la pasada a una idea errónea de “progreso”, uno que le repugnaba tal como le amargaba todo lo que sonase a prefabricado. Como suele ocurrir en estos casos de pérdidas (aunque el pasado inconmensurable en el que siempre vivió Tom Petty nunca fue realmente el paraíso perdido) el presente hoy es así de triste, amargo, mucho peor.

Tom tenía una idea muy clara de lo que el rock'n'roll (en lo ético y estético) debía ser y la llevó siempre a la práctica con religiosidad. Lo hizo en la forma de un montón enorme de canciones excelentes y muy poco de relleno. Otra vez, fue su voz, sus melodías y su insobornable actitud las que convirtieron su música en un valiente ejercicio de libertad y objeción de conciencia de alguien que no lo necesitaba aclarar sin embargo lo hacía. Y estupendamente.

Tom Petty ES todo un clásico, en un sentido muy amplio de la palabra. Su currículum es lo suficientemente extenso en méritos para que lo consideremos como tal. Su estilo personal permaneció inamovible e intacto desde siempre, y tampoco es que fuera un prodigio de innovación cuando lo llego a definir, casi a pesar suyo. Además, en sus opiniones y puntos de vista sobre música, a menudo rozó casi la condición de reaccionario: los méritos de un buen grupo para Petty eran las buenas canciones primero y el saber tocarlas segundo. Su canción del tenor protesta -al igual que la de Neil Young- también tuvo su modo y motivos. Nada fue gratuito en él y de tan fiable que era lo dimos por hecho.

Bien por el viejo Tom, una vez más. Siempre ocurre en las tardes más improbables cuando la vida y la muerte nos sorprende, unas veces de forma milagrosa nos ilumina la existencia y otras veces caprichosa lo hace plantándonos un trago amargo en nuestras vidas. Lamentablemente nos acordamos más de los momentos tristes que de los alegres. De los momentos en que sentimos que hombres valiosos desaparecen.

Alfredo Lewin

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