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Colors

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Lunes 20 Noviembre, 2017

2017. Capitol

Incluso antes de liberar al mundo su disco ganador del Grammy "Morning Phase" (2014), Beck Hansen ya hablaba de estar escribiendo un trabajo más "fiestero" para contrarrestar el carácter pastoral del otro disco. La idea era mostrarle al público las dos facetas más aclamadas del blondo californiano: El trovador de corazón roto y el maestro de ceremonias postmodernista. Sin embargo, mientras "Morning Phase" se colaba en listas de lo mejor de su año y ganaba el mencionado Grammy, el otro proyecto de Beck brillaba por su ausencia.

Casi cuatro años más tarde, "Colors" finalmente vio la luz.  Según el propio Beck, el retraso de la placa se debió a que el productor Greg Kurstin y él decidieron regrabar varias veces el material para cumplir con la ambición de presentar una colección de canciones que no estuviese atada a ninguna era en específico. “No es moderno, pero tampoco es retro”, dijo Hansen en una entrevista previa al lanzamiento del álbum, expresando orgullo en el carácter atemporal de sus canciones bailables. Lamentablemente, "Colors" se queda corto de esta promesa y, de hecho, encuentra a Beck más atado que nunca por las tendencias de la música popular moderna.

Una cosa que debería quedar clara: "Colors" no es un disco decepcionante por enmarcarse en los cánones del pop contemporáneo (la cansada y contradictoria discusión de "rock vs pop" estaba obsoleta incluso antes de que Beck empezara a desafiar géneros y estilos en los noventa),  ni tampoco por la producción colorida (valga la redundancia) y rítmica de Kurstin (colaborador de Adele y Sia), cuya presencia en este trabajo gatilló las mismas alarmas que las que se encendieron en los recientes discos de Foo Fighters y Liam Gallagher, y ambos resultaron ser sólidos. No, el problema de "Colors" es que, por primera vez en su carrera, Beck suena anónimo.

Tomen por ejemplo el tema titular: Su ritmo es contagioso y su producción sugiere movimiento de caderas y luces de neón, pero la entrega del propio Beck es tan olvidable que es difícil no pensar que la canción habría funcionado mejor como instrumental. Por otro lado, 'Seventh Heaven' tiene un sonido propulsivo y etéreo, pero no hay mucha melodía para anclarla en algo memorable. Más insólitas aún son canciones como 'I’m So Free' y 'Up All Night': En la primera, Beck levanta un coro que busca ser épico pero termina sonando a un Weezer poco inspirado, mientras que la segunda suena peligrosamente similar a Maroon 5, lo más cerca que ha estado uno de los músicos más impredecibles de su generación de ser absolutamente convencional. Incluso Dreams, un tema que fue lanzado originalmente en el 2015, aparece aquí regrabado con una mezcla que reemplaza la urgencia del single original por un sonido insólitamente más liviano.

Beck es demasiado talentoso para hacer un disco mediocre, pero los triunfos de "Colors" hacen más frustrante que el álbum no haya sido una verdadera joya. En ‘No Distractions’, combina la vulnerabilidad de "Sea Change" (2002) con un reggae blanco que llenaría de orgullo a The Police, reflexionando sobre la cultura del amor moderno y las ansiedades inherentes de buscar conexiones significativas con otra persona en un mundo lleno de estímulos, influencias y cosas por hacer. 'Wow' (otro single que fue liberado hace más de un año) es básicamente el ideal bajo el que todo "Colors" debió haber sido construido: Un tema atrapante, bailable y ecléctico, en donde Beck despacha esas letras encantadoramente impresionistas de sus mejores años mientras se rodea de una producción excéntrica.  Incluso las baladas son mucho más interesantes que una gran parte de "Morning Phase": 'Dear Life', con su piano irresistible a lo Paul McCartney, te tiene cantando sus ‘ah ah’ antes de que termine el primer verso, y la melancólica 'Fix Me' cierra el álbum con una nota inesperadamente triste, una plegaria agridulce acerca de abrirte a la posibilidad de ser dañado para poder experimentar el amor al máximo. A diferencia de todo lo que la precede, suena devastadora, y es fantástica.

Notarán que ninguna canción de "Colors" es similar a la otra, y esa incoherencia le juega en contra a sus peores momentos, que resaltan aún más cuando flotan en un vacío. Beck ha construido una carrera en base a su espíritu caleidoscópico, pero su dispersión no forma un collage unificado, sino que simplemente una colección de canciones con altos y bajos. Por primera vez, el hombre parece estar siguiendo las reglas de otros artistas en vez de regirse por las propias, y el resultado es desequilibrado, pero con suficientes momentos brillantes como para desear que hubiese sido mejor. Quizás pensar el material por tanto tiempo le jugó en contra.

Ignacio de la Maza

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