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Blind Faith

Blind Faith

Blind Faith

Martes 05 Julio, 2011
1969. Polydor

A mediados de los años 60, la prensa musical británica acuñó el término “supergrupo” para definir a bandas en las cuales la atención no podía sólo centrarse en un integrante particular, pues todos tenían su gracia y estaban dotados de un talento fuera de serie. Si bien los Beatles y The Who dieron de sobra la premisa y los lineamientos para caber en la categoría, fue Cream la primera banda en ser definida con el apelativo, puesto que todo a su alrededor estaba lleno de pompa: formados por los entonces considerados tres mejores ejecutantes en sus respectivos instrumentos,  en vivo eran un shock por la fuerza que le imprimían al blues en sus temas y versiones, extendiéndolos hasta el tedio con interminables solos y guerras instrumentales. Fueron vanguardia pura para la época y dejaron como legado las “rock jams”, además de construir los cimientos del rock pesado.

En ese contexto musicalmente bélico (cuyo más dramático testimonio es la notable parte en vivo del disco “Wheels Of Fire”, de 1968, más algunos carreteados videos ahora subidos al DVD), era obvio que poco a poco se evidenciaría una batalla de egos, que trataban de anularse entre ellos para alcanzar el dominio y el protagonismo. El 27 de Noviembre de 1968 fue el último concierto de Cream, y tras cumplir con compromisos contractuales que desembocaron en su disco “Goodbye”, se disolvieron irreversiblemente a comienzos del ’69, cuando la sangre llegó al río y con ello acaecieron problemas personales entre Jack Bruce (voz, bajo y armónica) y Ginger Baker (batería), quedando Eric Clapton (guitarra, voz) en medio de ese fuego cruzado.

Mientras Jack Bruce tiró para su lado y se dedicó a sesionar, gestionar una carrera solista y participar en proyectos con gente tan diversa como Leslie “Mountain” West, Felix Pappalardi o Frank Zappa, Eric Clapton quería formar otro trío, y por afinidad llamó al prodigio Stevie Winwood, entonces un jovencísimo genio del rock inglés, multiinstrumentista que venía de descollar en los también disueltos Traffic, para tocar el bajo y los teclados; a ambos se les uniría mas tarde el propio Ginger Baker para sentarse tras los tambores.

Los primeros meses de 1969 este nuevo trío ensaya y se recluye en los Morgan Studios de Londres para grabar pistas para un LP, el cual recién comenzaría a tomar forma en abril y mayo, cuando entran a los estudios Olympic bajo la supervisión del ya reputado Jimmy Miller  (venía de trabajar con Traffic y los Stones en “Beggars’ Banquet” y “Let It Bleed”) Por esos días llamaron, para hacerse del bajo, al ex integrante de Family y también talentoso ejecutante de violín, Rich Grech. Entonces salió el nombre para el proyecto: Blind Faith, como una referencia irónica hacia el comportamiento de Clapton para con el proyecto.

No obstante, el debut homónimo de Blind Faith vio la luz en junio del ’69 y resultó ser una de las últimas obras maestras del rock de los ’60, en un año muy prolífico y movido en lo que a rock se refiere. Tras su polémica –en su tiempo- portada, en la cual una preadolescente en topless -¡la hija de Ginger Baker!- juega con un avioncito muy fálico, se esconden algo más de 40 minutos de un majestuoso blues rock progresivo y cadencioso, con esa  pesada base rítmica que siempre caracterizó a Cream, pero con nuevos matices, como el órgano Hammond con apariciones a lo largo de todo el disco, y el gran registro vocal de Winwood, dotado de aires más afroamericanos que el ordenado y muy inglés Jack Bruce.

“Had To Cry Today” (Winwood) abre el disco, un tema con una estructura propia del hard rock, con un exquisito y entrañable riff lleno de feeling cortesía de Clapton (el mismo que usa como cortina para su programa “Pirincho” Cárcamo), una potente batería con la firma del maestro Ginger Baker, el bajo de Grech que construye las bases y la voz siempre arriba de Winwood, que en un principio puede parecer algo chillona, pero que de a poco se va internando en la percepción del oyente. Un excelente solo de guitarra y una cadencia fina, muy groovy, dan la guinda a este pastel inicial, que se empina hasta casi promediar los 9 minutos.

La expedición sónica continúa con el clásico ‘Can’t Find My Way Home’ (Winwood), una balada preciosa y tierna, acústica e intimista, con un finísimo sabor a carretera gringa de atardecer soleado. Atemporal, música hermosa y sin edad que trasciende las fronteras del rock. Antes de los 15 minutos el disco ya nos tiene completamente perplejos. Y así llega el turno de los homenajes y aparece una emotiva, dionisíaca y alegre ‘Well All Right’, tema original del desaparecido Buddy Holly, en una memorable interpretación que podría subirle el ánimo hasta al más desmoralizado.

‘Presence Of The Lord’ es el único tema compuesto por Clapton, y es una joya en todo el sentido de la palabra. Tras un comienzo acústico pero magnificente, con cierto aire spiritual, se sumerge con todo en el hard rock a la altura del solo de guitarra, con la banda demostrando un fiato tremendo y sus capacidades a tope. Quizás una de las mejores incursiones de Clapton en su terreno más feble, la composición.

Los resabios de Cream vuelven a aparecer con la emocionante entrada de ‘Sea Of Joy’ (Winwood), otro gran tema en el cual Stevie Winwood lleva su voz lo más arriba posible, y además da el espacio para que Rich Grech nos muestre su destreza al mando del violín. A este tema sigue esa magnífica jam hipposa de más de 15 minutos, ‘Do What You Like’ (Baker). Un ritmo entrecortado y muy vacilón en 5/4 y La menor, es el vehículo perfecto para que todos los músicos se paseen mostrando su buen hacer con sus instrumentos: primero el teclado, incendiario y motivador; luego la guitarra, cadenciosa; después el bajo, correcto; y al final un vibrante solo de batería en el cual Ginger Baker desnuda todos los atributos que le hicieron uno de los grandes bateristas en la historia del rock: redobles y breaks con sabor jazzero, juegos percutivos con muchísimo swing, e incursiones pedales con los dos bombos a todo mango (atención bateristas metaleros: Baker es su padre) dan el cierre a un tema y un álbum inolvidables, que no se puede creer lo bueno que es.

Lamentablemente problemas de todo tipo –presiones de todos lados, celos entre egos, conciertos tumultuosos con escaladas de violencia, una prensa musical histérica, mitómana y sensacionalista- hicieron que Blind Faith durara sólo hasta que cambiara el año –tras debutar en vivo en ese historiado concierto del Hyde Park junto a los Stones y unos maravillosos King Crimson-. El disco fue un suceso de proporciones a ambos lados del Atlántico, dejando huellas igualmente profundas a escala comercial y artística. Un mazazo.

Pedro Ogrodnik C

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