Se encuentra usted aquí

Blood, sweat and tears

Blood, sweat and tears

Blood, sweat and tears

Martes 05 Julio, 2011
1969. CBS Records

Dentro de las agrupaciones que cultivaban ese magnífico género musical conocido como “Jazz Rock”, Blood, Sweat & Tears (o “Sangre, sudor y lágrimas”, como se le conoció en Chile) fue una de las más importantes, virtuosas, y que dejaron a todo el mundo impresionados con esa magistral fusión de distintos elementos musicales. Y como la ocasión lo amerita, antes de comentar esta obra maestra, que fue su segundo disco, es conveniente efectuar un breve análisis y situarlos en el contexto histórico.

Blood, Sweat & Tears nació como un proyecto maquinado en la mente del gran compositor y músico Al Kooper. Este renombrado artista, tenía en su currículo hacia fines de los años sesenta varias contribuciones notables, entre ellas, y probablemente la de mayor historia, fue la participación en el órgano Hammond en “Like a Rolling Stone” de Bob Dylan, el tema que para muchos cambió el rumbo de la música de la segunda mitad del siglo XX. Pero el buen Kooper quería más, y canalizó todas sus intenciones en este combo musical, formado por más de 10 instrumentistas. Y en estas historias siempre debe haber una segunda cara de la moneda, en este caso la del productor James William Guercio, quien era el productor no sólo de “B,S & T” sino que también de una innovadora agrupación que también iba en la senda del jazz rock: unos muchachos liderados por Robert Lamm que se hacían llamar “The Chicago Transit Authority”, nombre que con los meses se acortaría a Chicago. La historia tiene importancia porque Guercio tuvo la visión de dar prioridad al grupo de Kooper y postergar el debut de Chicago para 1969. Y así surgió uno de los discos debut más impresionantes que se hayan realizado: “Chile Is A Father To The Man”, una maravilla de principio a fin. Fue tanto el impacto del álbum que los lanzó a la fama mundial, pero el desgaste trajo sus consecuencias: Al Kooper anunció su retiro de la banda, para ir en búsqueda de nuevos horizontes.

Pero este cuento no se acabó, y cual Ave Fénix, el conjunto renació en 1969, con la siguiente formación: Chuck Winfield, Dick Halligan, Lew Soloff, Alan Rubin y Jerry Hyman en la sección de vientos, el elemento distintivo del grupo; a ellos se sumaban los estables Steve Katz en guitarra y voz, el tremendo baterista Bobby Colomby, y el bajista Jim Fielder. Y dos nuevos músicos se suman, reemplazando las labores de Kooper, es decir, teclados y voz principal. En las teclas llegó el multiinstrumentista Dick Halligan, quien también se haría cargo de una parte de los vientos. Y para culminar la nueva formación, el vocalista y compositor David Clayton-Thomas asumiría este puesto, sin imaginar que su voz pasaría a ser la clásica y más reconocible de los discos del grupo. Y así editan la segunda placa, homónima, que pasaremos a revisar a continuación.

El primer track es una ambiciosa idea: en esos tiempos estaba de moda realizar versiones rock de obras de la música docta, y ellos tomaron la clásica “Gymnopedie 3” del francés Erik Satie, denominándola ‘Variations On A Theme By Erik Satie’, que comienza respetando la partitura original, para luego pasar a una improvisación fenomenal donde los bronces llevan la batuta, llena de disonancias y por qué no decirlo, también algo de psicodelia.

‘Smiling Phases’ es lo que continúa. Un cover del tema de Traffic, lleno de fuerza y ritmo, con la potente voz de Clayton Thomas que se mezcla con el sonido de los teclados, trompetas y trombones. También es necesario destacar el bajo y la batería, increíbles sonidos, incluso recuerdo alguna vez haber conversado con un bajista, quien me comentó que esta tema era uno de los más complejos que había escuchado en este instrumento. Notable también es la parte jazzística de la canción, con un tremendo dominio de Halligan en las teclas.

El guitarrista Steve Katz toma las riendas en el tercer tema, ‘Sometimes In Winter’, de su autoría y donde lleva la voz principal. Una balada muy sublime, con un gran aporte de las flautas traversas y trompetas. Un clásico. ‘More & More’ es una canción con mucho power, ejecutada en un ritmo sincopado  propio del jazz, con elementos claves, como el solo de guitarra de Steve Katz y la magnífica batería de Bobby Colomby. Corta pero precisa. ‘And When I Die’ es una lúdica versión de la canción de Laura Nyro, con elementos de la música country, en cuanto al sonido, estructura y la inclusión de armónica. Asimismo  Clayton-Thomas demuestra el amplio rango de su voz, una performance perfecta.

Posteriormente, nos encontramos con el que a mi parecer es el mejor tema del disco: ‘God Bless the Child’, una canción emblemática, que ha sido grabada por muchos artistas, partiendo por la tremenda Billie Holiday. Retrata de una suite dividida en tres partes: la primera es absolutamente blusera, con un vocalista que canta melancólicamente, secundado por el eximio desarrollo de los vientos y el órgano Hammond. Súbitamente esta estructura se rompe, e irrumpe un piano que otorga un aire latino, y esto lleva a una cadencia de swing fuera de serie, para luego volver a la pieza del principio. O sea, con interpretaciones como esta es imposible no quedar absorto en la atmósfera del disco. Fenomenal, no sé con qué otro concepto definir esta joya.

Los siguientes dos cortes serían los que darían de comer al conjunto, debido a su alto impacto comercial. En primer lugar, ‘Spinning Wheel’, porque es imposible hacer un recuento de las canciones más importantes de los años sesenta sin incluirla. Creo que la gran mayoría hemos entrado al mundo de “B,S &T” a través de este clásico, un tema que a pesar de los años y de las veces que se pueda llegar sigue maravillando. Blues, Jazz y Psicodelia, sobre todo en la parte final donde se entremezclan los instrumentos, con ese aire circense. Tremendo. Y en segundo lugar, ‘You’ve Made Me So Very Happy’, un cover de la “era Motown”, fácil de digerir, con un excelente trabajo de toda la agrupación. Recomiendo escucharla en la versión remasterizada del álbum, ya que permite apreciar una serie de sonidos antes un poco escondidos. En resumidas cuentas, una impresionante canción de amor, sin la necesidad de caer en cursilerías.

Volvemos a la experimentación pura, que es lo que trae ‘Blues Part II’, un extenso corte de más de 11 minutos de duración, que da la partida con un solemne órgano, que da lugar a un solo magistral de bajo, repleto de matices, como también el del señor Colomby, uno de los mejores bateros que he escuchado. Pero como las novedades no paran, en medio del proceso de improvisación jazzística aparecen dos citas a Cream, específicamente me refiero a ‘Sunshine Of Your Love’ y ‘Spoonful’. Y para el final, nuevamente la belleza de la ‘Gymnopedie’ de Erik Satie, un final ideal para este viaje.

Creo que el aporte de Blood, Sweat & Tears a la historia del rock y la música de vanguardia no se ha valorado al nivel que merece. Aún a 38 años de la concepción de esta placa es posible que quien la escuche se maraville de escuchar algo de tanta calidad, y con grandes canciones, nacidas a punta de sangre, sudor y lágrimas.

Emilio Garrido Riquelme

Tags: 

COMENTARIOS