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The Freewheelin' Bob Dylan

The Freewheelin' Bob Dylan

The Freewheelin' Bob Dylan

Martes 05 Julio, 2011
1963. Columbia

“¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre, antes de que lo llames un hombre?”. Probablemente esa frase resuma todo lo que nos podamos extender con respecto a Bob Dylan. Probablemente esa pregunta nos responda tantas interrogantes con respecto a él. Porque claro, las generaciones más nuevas (me incluyo nos preguntamos “qué tan especial hizo Dylan?”. Para muchos, la obra de Dylan es hermosa en sus primeros discos, pero que al cabo de un par de discos es más de lo mismo. Sea cierto aquello o no, el tema es que Dylan es junto a los Beatles el personaje más importante en la historia del rock. En su génesis y en su desarrollo.

Tal vez más que nadie en la historia del rock, Dylan es un prisionero de la época en que comenzó. A comienzos de los años sesenta, habían 2 corrientes que mandaban en la música popular norteamericana: el rock & roll y el country. Claro, el blues seguía siendo una eterna inspiración, pero el rock & roll ya le había sacado el jugo a su lado más comercial y lo había expuesto ante toda la sociedad. El country por su parte nunca iba a ser un fenómeno mayor del que era, y no tenía con qué dejar de ser solamente “música del interior de EEUU”. Pero junto con el country, existía el folk. Mucho menos rítmico, pero mucho más “artístico”, por lo que era el estilo que adoptó la bohemia neoyorkina, incluidos músicos, poetas y otros artistas. Era además el estilo más fácil de desarrollar. Pero como casi toda la música que se tocaba en aquellos años, eran canciones antiguas, medianamente renovadas, que traían mensajes sociales o historias cotidianas en sus letras, con lo que intentaban captar la atención de los oyentes. “Canciones de protesta” se les nombró malamente en aquella época.

Entre tanto intérprete, había un joven llamado originalmente Robert Zimmerman, que había cambiado su nombre a Bob Dylan, que sentía que había mucho más por decir en las canciones. Todo comenzó cuando quiso homenajear a su ídolo Woody Guthrie (pionero en los temas folk “con contenido”) y toda su admiración la quiso convertir a un tema. Así, Dylan firmaba su primer tema propio. Así salió una canción, luego otra, y otra… Ese tema se llamaría ‘Song to Woody’, y aparece en el disco debut de Dylan en 1962, y junto a ‘Talkin New York’ serían sus 2 primeros temas en ser publicados. Pero Bob tenía material de sobra, y al año siguiente editaría su segundo disco, con prácticamente puros temas de su autoría. Así llegamos a “The Freewheelin’ Bob Dylan”, el disco que cambiaría la historia de la música popular.

Todos quienes consideran que se sobrevalora la importancia de Dylan, bueno, tal vez nunca puedan entender lo extraño que era que un tema criticara la guerra, o la estructura social en 1963. Claro, Elvis lo más “urbano” que había hecho era el “Rock de la Cárcel”, y los Beatles estaban cantando ‘I want to hola your hand’. Cierto, la música de los Beatles era más interesante que la de Dylan, de eso no hay dudas. Pero las canciones tienen 2 componentes: letra y música. The Beatles revolucionaban la música; Dylan por su parte hizo lo mismo con las letras. Bueno, varios seguirán preguntando: “¿Y qué?”.

Sigamos con las implicancias entonces. La diferencia racial histórica en EEUU también estaba en la música. El blues, música 100% negra, llevó al rock & roll, que por un momento pareció mezclar razas y culturas, pero que con la irrupción de las bandas británicas, los blancos volvieron a relegar a los negros a un segundo plano. Es decir, aparecieron los Beatles, y posteriormente Them o los Rolling Stones, y la popularidad de Little Richard, Chuck Berry o Fats Domino se fue al piso, pese a ser inspiradores de todos los grupos ya nombrados. Lo que la gente de color necesitaba no era un reconocimiento a sus músicos o a sus aportes artísticos. Ya llegaba la hora de que se les reconociera como pares de los blancos, que se respetaran a sus antepasados esclavos y no fueran motivo de burla o discriminación por ello. Entonces, en 1963 Dylan impactó al mundo con ‘Blowin in the Wind’. La frase “¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre, antes de que lo llames un hombre?” hizo que muchos afroamericanos dijeran “Un momento! Nosotros somos los que sufrimos, ese hombre que recorre caminos sin ser reconocido soy yo!”. Ahora entonces blancos y negros no sólo tenían los mismos gustos musicales, sino que además tenían muchas cosas en común para decir. Lógicamente, un verso en una canción no hace todo el cambio. Pero de alguna forma, se estaba dando el primer paso.

‘Blowin in the Wind’ le dio a Dylan la categoría de superestrella. Toda la atención a ambos lados del Atlántico se centró en él, en este tipo joven, con cara de niño tímido, que era tomado como una especie de vocero generacional. Porque además de lo que decía, era algo completamente diferente a lo que estaba de moda. Temas melódicos, con hermosas voces y pomposos arreglos. Este era un tipo, que estaba solo con su guitarra, armónica, y sus canciones propias. Y su voz poco agraciada. Precisamente ‘Blowin in the Wind’ tenía todo aquello, una fórmula que está en todo el disco. Aparte de la letra, este clásico destaca por su maravillosa melodía, un embrujo de suaves armonías. Un tema demasiado delicado y suave como para presentarlo como “un tema de rock”. Éste es el folk del que hablábamos. Ese que tenía a Dylan como uno de sus héroes.

‘Girl from the North Country’ demuestra la habilidad de Bob para componer temas en cosa de minutos y darles una estructura y sonido de temas clásicos. Cualquiera podría suponer que este tema es un cover, solamente por lo coherente y redondo que suena. ‘Masters of War’ por otro lado recupera al “Dylan vocero”. Uno se pregunta qué grado de resistencia hubiese existido en EEUU contra Vietnam años después si no se hubiese escrito ‘Masters of War’. Una canción sin rodeos, que hasta el día de hoy da escalofríos. Ni hablar de lo actual que es su letra. George W. Bush algo de eso debe saber.

‘Down the Highway’ llega a ser desconcertante, un acercamiento al blues, al estilo Dylan, claro está. ‘Bob Dylan’s Blues’ y ‘Bob Dylan’s Blues’ reflejan el sentido del humor de Bob, sin embargo detrás de sus letras (cómo no) se esconden ideales que mucha gente adoptó como propios. Quienes quisieron “acercarse” a Dylan, tomaron estos temas casi como tesoros. Todos querían ser como Dylan, y muchos buscaban pistas de su personalidad y su forma de pensar en estos temas. Un reflejo de lo ridículo que terminó convirtiéndose en fenómeno Dylan en algunos segmentos de su público. 

Lejos del humor, ‘A Hard Rain’s A-Gonna Fall’ se refería a que un cambio tenía que venir. Fue inspirada por el conflicto de los misiles nucleares soviéticos en Cuba, en que el mismo Dylan pensaba que el fin estaba cerca. Ese miedo lo hizo escribir esta joya de casi 7 minutos. ‘Don’t think twice, it’s all right’ es uno de los temas de amor menos románticos de la historia, y uno casi no se da cuenta cuán oscuro y rencoroso es. Sutilmente cruel, Dylan muestra toda su habilidad como escritor, como poeta. Una balada folk irresistible, con un ritmo que es como un trote eterno, no para, no se detiene, pero porque uno no quiere que se detenga.

En ‘Oxford town’ Bob le hace un guiño al country, mientras que en ‘Talking World War III Blues’ nuevamente Dylan las hace de narrador. Una historia sobre un sueño que tuvo y su visita al siquiatra, que nos ratifica lo cómico y entretenido que era Dylan. Un sentido del humor muy especial, que te deja pensando en el fondo del asunto, que deja puesto el llamado de atención sin ponerse tan grave. El disco se cierra con 2 covers y ‘I shall be free’, una reinterpretación de ‘We shall be free’, de Leadbelly.

Termina de esta manera el segundo disco de Dylan. “The Freewheelin Bob Dylan” fue el comienzo de un tremendo cambio (no sólo social, no dejemos de lado que Dylan es un símbolo en la historia del rock). De aquí en adelante (mitad de 1963), la sociedad norteamericana se desprende de los fantasmas post-guerra mundial y se consolida como nación, se preocupa de los derechos civiles, comienza a diversificarse, etc. ¿Y todo gracias a Dylan? En gran parte, sí. Porque líderes tan potentes como Martin Luther King y John Kennedy (símbolos de esa época) lograron crear conciencia y unir al país, pero nunca lograron despegar sus mensajes de sus personas. Dylan sí lo hizo. Principalmente, porque (según sus palabras al menos) su objetivo nunca fue ser un “profeta”. Solamente decir lo que pensaba.

Todo lo que Bob escribió nació como un desahogo personal. Su mensaje terminó siendo tan universal que de todas partes se colgaron de sus palabras. Eso mismo causó que el asunto terminara aburriéndolo, pero ya no había vuelta atrás. Era “la voz de los sin voz”. Fue el primero. Y auque a él no le pareciera así, era suficiente como para ubicarlo en el lugar de una superestrella. Tanto respeto generaba que muy pocos se atrevieron a imitarlo, casi nadie.

De aquí en adelante además, el rock & roll recupera su vuelo. Tras su boom a fines de los cincuenta, la fórmula se fue desgastando. Dylan no hacía rock & roll, es cierto. Pero su influencia fue tan grande que aquello de “decir lo que uno piensa o siente” comenzó a verse con otros ojos. De esta manera, el rock & roll tuvo algo que decir, y se consolidó como el escape para los rebeldes, como el la forma de expresión más trascendente de toda la historia, como un reflejo de esa sociedad que no sale en los medios, que olvidan los políticos. Nadie puede dudar que el hippismo tiene como su gran padre a Bob Dylan. Éste fue sólo el primer paso. El ciclo seguramente se cerró cuando los Beatles comenzaron a escribir sobre temas “reales”, influenciados por Dylan. Desde ese minuto, el rock & roll se aseguró la eternidad. Luego, el mismo Dylan volvería a dar un golpe inmenso cuando hizo ‘Like a Rolling Stone’. Pero ya habrá tiempo para hablar de eso.

Personalmente considero que el valor de Dylan va muchísimo más allá que su trabajo musical, por eso les di toda la lata con las implicancias sociales. ¿Por qué? Tal vez porque fue el primero en atreverse a hablar. Tal vez porque esta generación también necesita alguien así. Tal vez porque históricamente los medios nos han vendido esa pomada. Vaya uno a saber. Hay más de 40 discos de Dylan para averiguarlo bien. Yo sólo les recomiendo partir por “The Freewheelin’”. Tal vez encuentren la respuesta soplando en el viento.

Juan Ignacio Cornejo K.

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