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Disraeli Gears

Disraeli Gears

Disraeli Gears

Miércoles 06 Julio, 2011
1967. Universal

Blues, rock y sicodelia. Esa es la mejor forma de definir a Cream. Para los que queden esperando algo más como para motivarse, bueno: “blues, rock, sicodelia y Clapton”. De todas formas, no conocer a Cream es un pecado imperdonable a esta altura. Además de ser una gran banda, tiene muchos elementos dignos de analizar. Todo esto, obviamente, a partir de este tremendo disco, un clásico de todos los tiempos, donde hasta su sicodélica portada es un indicador de lo que puedes encontrar en estos casi 35 minutos de música.

Hoy hablar de Eric Clapton como uno de los grandes guitarristas de la historia de una obviedad. Pero muchos olvidan mencionar que su etapa en Cream fue mucho más brillante e innovadora que sus posteriores años en solitario. De todas formas, las comparaciones entre sus apariciones en sus distintas bandas y su carrera solista no es tema de discusión para nosotros. El “Disraeli Gears” es un tremendo disco, una suma de elementos, no sólo “un disco más de Clapton”, muy por el contrario. Acompañado del multiinstrumentista Jack Bruce y el baterista Ginger Baker, formaron un trío imparable, en donde Clapton sólo era uno más. No eran un acompañamiento de adorno. No señor. A lo largo del disco, se irán dando cuenta quiénes eran realmente Bruce y Baker. Unos verdaderos monstruos.

Bueno, a lo largo del disco iremos descubriendo qué hizo tan grande a Cream. Partamos por apretar “play” y dejarse llevar por ‘Strange Brew’. Este es uno de los varios momentos en que Cream se aleja un tanto del blues y se dedica a crear sonidos y atmósferas totalmente sicodélicas. El sonido de las guitarras es puro ácido, mientras que la base de bajo y batería por otro lado ejerce una especie de hipnosis en que te deja dado vuelta. La voz de Clapton es genial, porque por un lado es una de sus interpretaciones más suaves, pero por otro tiene un dejo de oscuridad muy misterioso. Y su solo, ni hablar.

‘Sunshine of your Love’ tiene uno de los riffs iniciales más clásicos de la historia. Un ritmo cansino, absolutamente adictivo, posee un embrujo similar al que tiene varios temas de Hendrix, que alguna vez Pete Townshend de The Who había descrito como una “irresistible sensualidad de la guitarra”. ‘Sunshine of your Love’ además es un reflejo de cómo se comenzaba a vivir el rock a fines de los sesentas. Porque el tema en vivo crecía a niveles inimaginables, se extendía por casi 10 minutos, irradiaba pasión y desenfreno, sin que ello implicara volumen excesivo o velocidades imposibles. Cream era una banda mágica, porque fue una de las primeras en generar atmósferas y dimensiones propias con sus discos. Si ningún tipo de estimulantes, este “Disraeli Gears” te puede dejar en las nubes, totalmente ido.

‘World of Pain’ es una joya, una demostración de cómo con un buen trabajo de voces se podía hacer crecer una canción. El trabajo de Bruce y Clapton lo son casi todo, mucho más allá de sus instrumentos. Realmente notable. Otro recurso utilizado (no sólo en este tema, pero sí es en el que más se disfruta) es el de aislar la batería de las guitarras, que ya lo usaban otros de todas formas. Eso te hace sentir que Baker está tocando desde el mismísimo infierno. Para citar un ejemplo de otra banda, es como lo que hizo The Who en ‘I can see for miles’.

‘Dance the Night away’ es distinta, porque es el tema más “americano” del disco, porque tiene algunas cosas más pop. La guitarra de Clapton te recuerda inevitablemente a The Byrds, una gran influencia para muchos músicos británicos, aunque a algunos les parezca raro. ‘Blue Condition’ es otro tema muy gringo, porque es un blues con un gustillo country, y es el único tema en que figura en solitario el maestro Ginger Baker como compositor. Para quienes hayan oido poco de Baker, debe ser uno de los pioneros en la batería rockera, haciendo solos y azotando sus tambores. Junto con Keith Moon son seguramente los grandes bateristas de los sesentas. Entre sus seguidores estaría nada menos que John Bonham…

‘Tales of Brave Ulysses’ es otra de las joyas del disco. La voz inicial de Bruce acompañada de la guitarra de Clapton te recuerda a Hendrix, es demasiado claro. Clapton sigue llenando tus oídos de pasión. Éste es uno de sus mejores temas, pues lo compuso junto a Martin Sharp, un artista australiano (dibujante, diseñador, y en este caso compositor). Esta unión es el mejor reflejo de la tremenda volada en la que andaban los músicos en esa época. Por eso nos regalaron temas tan variados y creativos como éste. De todas formas, aquí descubrimos otra característica importante de este disco y de Cream en general: no hay una fórmula estándar de composición. No existe un Lennon/McCartney o un Jagger/Richards. Acá todos hacían de todo, por eso vemos que aparecen incluso el productor Felix Pappalardi o a su esposa Gail Collins firmando en algunos temas, el mismo Martin Sharp o el poeta y escritor Pete Brown. Por ponerlo de una manera más simple, casi todos los temas eran “colaboraciones2, incluso entre miembros de la misma banda. Llama la atención que Clapton (cuya carrera futura sería la más prolífica) aporta poco, sólo en 3 temas. Ése “problema” le perseguiría toda su carrera: su composición es irregular, es mucho más un intérprete que un compositor. Por eso, tal vez, su carrera en solitario tuvo tantos altos y bajos. Nunca tuvo esta compañía de oro que tuvo en Cream.

‘SWLABR’ (o ‘She Walks Like A Bearded Rainbow’) es mucho más rock & roll del que podemos encontrar en todo el resto del disco. Dejan de lado la sicodelia para rocanrolear un par de minutos. Es claramente uno de los mejores momentos del disco. Como buena parte de los temas, la música es obra del maestro Jack Bruce. ‘We’re going wrong’ es un tema cargado de angustia, por un lado, con la voz de Bruce, y de desesperación por el otro, con la batería de Baker en una volada totalmente aparte. A medida que el tema avanza, los mundos se terminan juntando, coronando un tema sencillamente genial. ‘Outside Woman Blues’ es el blues como lo conocemos que le gusta a don Eric. Tradicional, bien tocado, un Clapton clásico, no hay nada que hacerle, éste tema es él, aunque sea un cover.

‘Take it back’ también rescata el blues más añejo, el de Robert Johnson o Muddy Waters. No parece casual que después de un viaje sicodélico tan intenso, el final del disco sea un blues más puro, más limpio. Es un final casi de fiesta, con armónica, con un ambiente de bar de fondo, con la batería de Baker estimulando a la concurrencia y la guitarra de Clapton más sonriente y amable que nunca. Dentro de la misma onda, ‘Mother’s Lament’ es un tema tradicional, cantado por Baker. La última locura del disco.

Pocos discos tienen tantos colores y tantas dimensiones como “Disraeli Gears”. Sicodelia, ambientes propios y extraños. Un disco único, una banda irrepetible. El reflejo de una época luminosa como pocas, que permitió no sólo el surgimiento de bandas como Cream o Hendrix que incursionaban en el blues. La última parte de los sesentas dio para todo. Todo lo que hoy conocemos, comentamos y admiramos. El mejor ejemplo de ello es que por años los “especialistas” se han llenado la boca hablando de lo importante que es Clapton en la historia del rock, pero nunca nadie dice porqué. Bueno, aquí hay una de las razones. Tal vez la más importante. O por lo menos, la más entretenida de todas. Crema de colores…

Juan Ignacio Cornejo K.

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