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Hunky Dory

Hunky Dory

Hunky Dory

Miércoles 06 Julio, 2011
1971. Virgin

Antes que David Bowie personificara a un raro extraterrestre, ‘Starman’ se convirtiera en un himno glam, él pasase a ser el mayor fenómeno del rock inglés de la primera mitad de los setentas, él ya era una estrella. La permanente confusión que existe es precisamente ésa: en qué momento empieza Ziggy Stardust y cuándo sepulta a David. Casi instintivamente se sugiere que el gran momento de David Bowie en sus años locos fue la época de Ziggy. ¿Y ‘Space Oddity’, ‘Life on Mars’, ‘The Man Who Sold the World’, o ‘Changes’, dónde quedan?

Cierto, el sonido y el estilo es similar para ese periodo 1969-1972, incluso con “The Man Who Sold the World” que tiene más guitarras eléctricas y menos folk que el resto de esos long plays. Sí, los títulos de las canciones incluso pueden confundir, las temáticas espaciales pueden poner toda su obra en una misma dimensión, pero es parte del juego de Bowie. Quien, muchos años después, recuerda aquella etapa con una gran sonrisa, y sin tomársela muy en serio, al contrario de quienes han profundizado más allá de la cuenta en su obra. David Bowie terminó convertido en un ícono, más que un músico, y su existencia más grande que su trabajo. Pero sus discos merecen un trato especial, distinto, delicado y justo. Por eso, es tan, pero tan importante, sentenciar que “Hunky Dory” es una auténtica obra maestra, que no es protagonizado por Ziggy Stardust, y que es tanto o más importante que ese ya citado trabajo. Es más, tras la explosión mediática generada por “The rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”, fue “Hunky Dory” el que reescaló puestos en los rankings y se robó el protagonismo.

Una banda que contaba entre otros con Mick Ronson en guitarra y un tal Richard Wakeman (sí, Rick Wakeman, que al mismo tiempo que tocaba con Bowie esto temas, grababa “Fragile”, con la banda que le haría famoso: Yes) en el piano.  Canciones que retomaban el aire british lleno de clase de ‘Space Oddity’, un pop-rock elegante, heredado de las entrañas más profundas del pop inglés de fines de los sesentas, combinado con una permanente cuota de humor, belleza y delicadeza.

Esa mezcla tiene en ‘Changes’ a uno de sus niños símbolos. El dramatismo de la introducción, hasta que el bajo empieza a dar saltitos, es interrumpido por Bowie, un cantante fenomenal. Los distintos cambios, frases tan bien pronunciadas que adquieren vida propia, como “and these children that you spit on, (…) they’re quite aware of what they’re going through”, más el coro tan jugador, con ese “ch-ch-ch-changes”, medio tartamudo, a lo ‘My Generation’, generación a la cual quizás coincidentemente tira dardos como “look out you rock n’ rollers, ch-ch-ch-changes, pretty soon you’re gonna get older”, es a fin de cuentas un magnífico rejunte artístico. Y así y todo, es una canción dulce, que no se pelearía con nadie, porque, como todo en el universo Bowie, no es tan en serio tampoco.

La exquisita ‘Oh! You Pretty Things’ (ahora sí que no se dirige al grupo del mismo nombre) es una clara señal para dónde iba David con su obra. Si hasta suena teatral. Por largos segundos, el piano de Wakeman es lo único que acompaña a Bowie, mientras hace claras alusiones a una escena glam aún en crecimiento y la ambigüedad sexual que ya inquietaban al compositor, dando algunas pistas de la especie de reino que formaría además. Un auténtico temón. Y se va degradando hasta llegar a ‘Eight Line Poem’, que suena más blusera, más del alma y menos colorida, e infinitamente más misteriosa. Es casi un intermedio poético en un disco musical, pues Ronson y Wakeman hacen buena parte del trabajo, y son los que te ponen los pelos de punta, finalmente. Imposible de pasar por alto.

Pero si hay un highlight en “Hunky Dory”, innegablemente apuntamos a ‘Life on Mars?’. Que por el título más de alguno imaginará que es como la pre-cuela de ‘Ziggy Stardust’, y no pueden estar más equivocados. Es una triste niña que tras problemas en casa, empieza a imaginar que está viendo una película, la cual cuanta una historia que ella ha vivido “ten times or more”, y que luego su imaginación vuela a una obra en que están “Sailors, fighting on the dance hall”, y “the lawman beating up the wrong guy”. Porque el show más vendido se llama “Is There Life on Mars?”. Eso al menos es lo que creo entender yo. Sea como sea, esta asociación a películas y actuaciones se reflejan en los monstruosos arreglos orquestados y el coro que te quiebra los huesos, en donde las emociones suben y bajan, y los actores sólo obedecen a lo que una brillante melodía les sugiere. ‘Life on Mars?’ es más que una gran canción, y es difícil llevarlo a palabras.

‘Kooks’ es pop alegre pero tan británico que da risa. David Bowie siempre ha sido caracterizado como “elegante” y “con clase”. Bueno, de muestra, un muy agradable botón. Cuando pasamos a la densísima y más oscura ‘Quicksand’, nos topamos con un contraste tan notable como curioso, sin dudas manejado con maestría por Bowie. En ‘Kooks’ la frase “we believe in you” marca el camino del track en sus apariciones al principio, mitad y final del tema, mientras que en ‘Quicksand’ el coro acusa con un “don’t believe in yourself” el negro panorama de la canción. Tanto una y otra tienen fondos absolutamente alejados entre uno y otros, pero la alegría y esperanza que tan solo la música ilumina en ‘Kooks’ se va al carajo en las nubes en el cielo de ‘Quicksand’.

‘Fill Your Heart’ es lúdica, casi infantil. La voz de Bowie simplemente juega, y el piano de Wakeman, de nuevo, utiliza los colores más claros de su paleta. En la misma línea va ‘Andy Warhol’, aunque infinitamente más rica en elementos, más rockera, plagada de guitarras acústicas a las cuales uno no puede decirles que no. Simplemente perfecta. Y si nos metemos en homenajes o dedicatorias, ‘Song for Bob Dylan’ también merece un encabezado. Pocas veces los compositores se homenajean entre sí, este es uno de esos pocos casos. Y el asunto es bien simple: un recuerdo de sus talentos, de su importancia (“you sat behind a million pairo f eyes, and told them how they saw”), y de cuánta falta hacía. Recordemos que por 1971, Dylan estaba fuera del mapa. Un válido reconocimiento, hecho canción. Una buena canción.

‘Queen Bitch’ es glam rock con todas sus letras. Rocanrol bien “putón” (para lo delicadamente elegante que era Bowie en su forma más natural, y que queda bien claro al incluir la palabra “bitch” en el título), con un comienzo susurrado que recuerda mucho (demasiado) a Marc Bolan de T. Rex. Un riff muy power de Ronson, este es originalmente un recuerdo a the Velvet Underground, lo cual se siente en el canto de Bowie, muy a la Lou Reed. Pero es precisamente esta mezcla de rocanrol, Velvet Underground, sensualidad y carisma el que redondeó lo que fue pronto el glam, de acuerdo a lo que tanto Bowie como Bolan pudieron articular. David sabía ya cuál era el próximo paso que iba a dar, eso lo deja súper claro. ‘The Bewlay Brothers’ es líricamente el track más denso del álbum, pero musicalmente es donde más folk se sitúa, ahora sí, en plan Dylan, un poco más barroco nomás.

Hay varios detalles en que uno puede percatarse en que Bowie está por dejar de hablar de otros y pasar a ser él el personaje central de su historia. 6 meses después de este iluminadísimo disco, Ziggy Stardust se tomaría su vida por un par de años y las cosas no iban a volver nunca a ser como antes. Antes de dejarte atrapar por el marciano, sumérgete en este océano de interminables colores y temperaturas, llamado “Hunky Dory”, que bien merece su lugar entre los grandes. Así como el mismísimo David Bowie.

Juan Ignacio Cornejo K.

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