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Dead Cross

Dead Cross

Dead Cross

Lunes 21 Agosto, 2017

2017. Ipecac

Érase una vez Philm, la banda que Dave Lombardo consideraba su prioridad número uno tras salir de Slayer, pero que terminó derrumbándose poco antes de grabar el que sería su tercer disco. Sin embargo, el batero no quiso desperdiciar las horas de estudio que agendó con mucha anticipación junto a Ross Robinson, el productor emblemático del aggro. Así nació Dead Cross, aunque su primera nómina de integrantes se desarmó a medio camino por la deserción del vocalista original, Gabe Serbian, quien sería reemplazado por Mike Patton, cuyo interés en el proyecto surgió de su relación cercana con Lombardo, también batero de Fantômas, y de su rol como mandamás del sello Ipecac.

En primera instancia, Patton quería editar a Dead Cross, pero terminó convertido en el mejor relevo posible para un grupo de instrumentistas necesitados de una voz. La existencia del cuarteto, que completan el bajista Justin Pearson (de The Locust y casi igual de hiperactivo que Patton) y el guitarrista Mike Crain (de Retox, otro grupo de Pearson), ha sido tan breve como acontecida: recién dieron su primer show e hicieron noticia poco después por una confusa detención policial. Una vida corta y turbulenta, tal como su debut homónimo, una masacre que se desata en menos de media hora y no deja sobrevivientes.

Según Lombardo, "Dead Cross" es uno de los discos más brutales en los que ha participado, y no cuesta creerle. Se trata de una explosión de hardcore punk y thrash metal que satisface los deseos del batero de tocar sin medirse, uno de los puntos de discusión que tenía con sus compañeros de Philm, quienes deseaban bajar las revoluciones. Y no sólo es revanchismo: también posee una connotación emotiva y muy personal. Fue Jeff Hannemann quien le predicó el evangelio del punk a Lombardo, y es imposible no concebir "Dead Cross" como una suerte de tributo al fallecido guitarrista de Slayer, sobre todo en canciones de filo thrashero como 'Idiopathic', rematada por lo que parece ser un enjambre de abejas asesinas; 'Shillelagh', que recuerda un poco a los mejores Hellacopters; o 'Divine Filth', acaso el pasaje más frenético de un álbum que, de por sí, destaca por su agitación.

Orgullosamente rudo, crudo y bruto, grabado incluso sin metrónomo, el debut de Dead Cross tiene en Mike Patton otro de sus principales atractivos. La invitación de Lombardo al grupo lo pilló musicalizando una adaptación para Netflix de una novela de Stephen King y preparando un disco de easy listening, así que usó "Dead Cross" como un desagüe para sus ocurrencias más extremas y, por qué no decirlo, como una instancia para lucir ese patrimonio vivo de la humanidad que es su garganta. Los jadeos de 'The Future Has Been Cancelled' acusan su conocimiento del canto esquimal, así como la estridencia que alcanza en 'Grave Slave' alerta que ningún tímpano a la redonda está a salvo. Hasta en sus salidas de libreto, como el inesperado final de 'Seizure and Desist' o el cover de 'Bela Lugosi's Dead' de Bauhaus (sorpresivo porque lo obvio hubiese sido versionar algún clásico hardcore o thrash), Dead Cross asoma como una banda intransigente en sus planteamientos, que son básicamente dos: atacar y destruir.

Andrés Panes

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