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Powerslave

Powerslave

Powerslave

Martes 28 Junio, 2011
1984. EMI
 
Cuando hablamos de un disco clásico, en ningún recuento puede quedar fuera, al menos, un disco de Iron Maiden. El elegido puede variar, pero el sentimiento que esta banda produce en sus fanáticos va más allá del tiempo. Sinceramente pienso que lo de Iron Maiden no es heavy metal, esa categoría le quedó chica, ya que con la magia que descubrieron, la compenetración mística que consiguieron iba más allá de lo hecho por cualquiera de sus contemporáneos.
 
En esta oportunidad quiero hablar de “Powerslave”, y no porque piense que sea el álbum mejor logrado de Iron Maiden (creo que el mejor es “Seventh Son...”), sino porque fue el momento en que Iron Maiden puso la pelota en el piso y dijo: “Aquí mandamos nosotros”... y no nos quedó más que obedecer y entregarnos como esclavos al poder hipnótico de las guitarras de Murray y Smith, el bajo de Harris, la batería de Nicko y la majestuosidad y magnetismo del maestro Bruce Dickinson.
 
Corría 1984 y ya la banda se había instalado definitivamente dentro de los mejores exponentes de la NWOBHM. Atrás dejaban la gran vara impuesta por “Piece Of Mind” y tenían el deber de mejorar lo antes conseguido... y lo hicieron. Partiendo con el arte del disco, con Eddie imitando a Ramsés, la banda dejó en claro que para entrar en terrenos misteriosos ellos eran los guías indicados. El comienzo para ‘Aces High’ dio el primer puñete de energía y calidad. No por nada esta canción se convirtió en una de las más representativas en la historia de la banda y ha sido tocada en todos los escenarios del mundo por más de 15 años, obteniendo igual resultado. ‘Two Minutes To Midnite’ le sigue para dejar a todos con la boca abierta. Esas eran canciones bien hechas, con sentido, con onda. Las mejores guitarras de Maiden apoyando la intensa forma de cantar de Dickinson no tenían otro destino que transformarse en himno. Realmente fantástica.
 
El recorrido continúa con ‘Losfer Words (Big ‘Orra)’, el único instrumental de la banda, que desliza que Iron Maiden también se las puede arreglar sin Dickinson (pero sólo por un ratito). La canción es tan espectacular que sus melodías se quedan contigo por el resto de tu vida y el bajo de Steve Harris es el fondo perfecto para cualquier creación. A esta altura ya han transcurrido más de 14 minutos de música y Iron Maiden ya dejaba claro que este disco pintaba para clásico eterno.
 
‘Flash Of The Blade’, ‘The Duellist’ y ‘Back In The Village’ nunca tuvieron la importancia o la repercusión que las otras cinco del disco, pero sin duda que también son grandes canciones. La primera es rapidísima y dinámica, manteniendo ese aire misterioso que rodea al disco completo. ‘The Duellist’ sigue el mismo recurso, pero habría estado mejor dentro del concepto sónico del disco anterior “Piece Of Mind”. Y, por último, ‘Back In The Village’ también nos muesra la faceta de velocidad que estos cinco tipos manejaban como si fuera lo más fácil del mundo. Para muchos esta es una soubestimada canción y recuerda los tiempos más crudos y directos de los primeros tiempos.
 
Para terminar una obra maestra Iron Maiden tenía que dar la estocada final, y para eso qué mejor que ‘Powerslave’ y ‘The Rime Of The Ancient Mariner’. ‘Powerslave’ es la esencia de Iron Maiden, ese velo de ocultismo con voces de ultratumba y una melodía que llega a erizar los pelos del cuello. Esta canción las escuchas tenso, preocupado de cada uno de los detalles que esas notas producen en tu imaginación. Al final todos terminamos rindiéndonos ante el poder y la magia de una de las canciones mejor logradas por la banda en toda su historia. Por temas como éste, Iron Maiden superó la categoría del heavy metal para convertirse en los cultores de un estilo único, reconocible y variado.
 
Y ¿qué se puede hablar de “The Rime Of The Ancient Mariner”?, la primera de las canciones realmente épicas que la banda seguiría desarrollando con el paso de los discos. Pero ésta dejó la vara demasiado alta. La cadencia de esas guitarras se combinan con la potencia que retumba en el bajo de Harris, sumado a las intervenciones en los solos que combinan Murray y Smith, y al increíble manejo vocal de Dickinson van construyendo una historia de maldiciones y sorpresas que nuevamente te hace palidecer. Tema aparte es la forma de tocar la batería que Nicko desarrolló en este disco. Con un touch magnético y un tempo demasiado regular, McBrain comenzó a ser mirado con otros ojos dentro del concierto mundial.
 
Esta canción es el cierre notable para un álbum notable, un disco que debe estar dentro de los 10 mejor logrados en toda la historia del rock & roll. Iron Maiden era (y todavía lo es) ese deseo oculto que cada uno de nosotros sentía por lo desconocido, y que mejor forma de develarlo que a través de su exquisita música.
 
“Powerslave” es el comienzo del período más creativo de la banda, el comienzo para una trilogía que seguiría con “Somewhere In Time” y remataría en la excelencia de “Seventh Son Of A Seventh Son”. Eso es Iron Maiden, una banda que no pudo ser igualada por sus contemporáneos y trascendió cualquier frontera estilística.
 
Keko Peralta

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