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Ritual De Lo Habitual

Ritual De Lo Habitual

Ritual De Lo Habitual

Lunes 11 Julio, 2011

1990. Warner

Extraño lo que sucede con Jane’s Addiction. Banda absolutamente fundamental de la movida alternativa del rock moderno, sindicada por mucho como “revolucionarios”, pero que por un motivo u otro nunca salen a la luz a la hora de hablar de los pesos pesados del rock de fines de los ochentas e inicios de los noventas. Claro, todo el peso se lo llevan los Nirvana, los Pearl Jam o los Alice in Chains. El grunge, con sus líricas y vivencias mucho más cercanas a la Generación X que la movida de los Motley Crue, Poison o Bon Jovi, volvió a acercar el rock a los jóvenes en cuanto a temáticas. Pero en cuánto al sonido, y la vibra rocanrolera, fueron otros los encargados de “actualizar” el espíritu del rock a la realidad de los noventas. Ahí surgen nombres como Faith no More, Red Hot chili Peppers o Jane’s Addiction, que con más o menos elementos en común, nos hicieron recordar que para rockear no había que sonar ni verse glamoroso mientras se mantuviese la dosis de adrenalina a niveles supremos.

La vehemencia y el atrevimiento de la banda llamaron la atención de todos. En escena, Jane’s Addiction siempre fue un espectáculo. Perry Farrell es todo un showman, Dave Navarro un tremendo guitarrista (lamentablemente convertido en un rostro más de farándula que de hard rock en la actualidad), y Eric Avery al bajo conformaba una muy buena dupla junto a Stephen Perkins en batería. Éste último tiene mucho mérito en el impacto de la música de Jane’s Addiction, pues el power, el ritmo y la impaciencia que les imprime a los temas hacen imposible de imaginarlos tocados de otra manera.

No le quiero robar la frase a Kurt Cobain, pero “Ritual de lo Habitual” de verdad huele a espíritu juvenil. La mezcla de funk con rock, al estilo Chili Peppers, suma una actitud y una efervescente brutalidad punk. El cerebro de la banda, Perry Farrell, tenía las cosas bien claras, y sabía cómo era la cosa en la calle, cómo ser insolente y cómo ser irreverente. ‘Stop’, el primer tema de la placa, ratifica aquello. En un imperfecto español, una voz femenina introduce la canción con la acertada frase “Señores y señoras. Nosotros tenemos más influencia con sus hijos que tú tienes”. Un riff muy funky, una explosión como para hacer explotar un camión, y la fiesta se arma. Te descoloca. Te desarma. Esos cambios de ritmo son simplemente geniales. Su primera parte a máxima velocidad es tan adrenalínica como ir arrancando de un ladrón. Luego, cuando la cosa se pone más pesada, te hace sentir que finalmente te alcanzó y te están moliendo a patadas. Y el regreso a la velocidad es la dulce venganza y el regreso a casa. Así de violentas, y así de callejeras son las sensaciones que transmite este temazo.

‘No one’s leaving’ comienza con un bajo amable y de buena melodía. El gancho que le pone el fraseo de Farrell es difícil de resistir. Tremendo track, que no se opaca ni por casualidad después de la aplastante ‘Stop!’. ‘Ain’t no right’ comienza como con un llamado de ultratumba, y de ahí se transforma en una montaña rusa, mucho más desafiante incluso que el primer track del álbum. ‘Obvious’, puede ser el tema menos brillante de el disco, pero personalmente siempre me encantó ese ambiente medio épico y a la vez como urbano, algo que Jane’s Addiction domina a la perfección sin dudas.

La primera parte, el Lado A del caset, culmina con la luz más brillante en el universo de “la adicción de Juana”. ‘Been caught stealin’ es, seguramente junto con ‘Jane says’, el himno más grande de la discografía del cuarteto. ¡Qué tremendo tema! Simplemente increíble. Lo que decía antes, lo “urbano” de Jane’s Addiction. “Me pillaron robando”. Qué más evidente que eso. Una narración genial, con un ritmo fascinante, muy funky, y un sonido muy crudo. Nada más que pedir. El que no se engancha con ‘Been caught stealin’ es un amargado, lamento decirlo. Faltan palabras, sobran sensaciones para referirse a ella.

Si ‘Been caught stealin’ es la joya que salió al mundo, que la reventó como single y que terminó convirtiéndose en un himno de la movida alternativa, ‘Three Days’ es una de las favoritas para los fanáticos de Jane’s. Casi 11 minutos, tiene desde Led Zeppelín hasta Pink Floyd, es tremendamente intensa, y una historia de aquellas. Se refiere a un fin de semana perdido, cargado a la heroína, con el protagonista (Farrell) compartiendo con 2 chicas. Pero también es un recuerdo a una difunta amiga de Perry, y por ello las frases de “te extrañamos” que aparecen en la canción. El trabajo de Navarro en guitarras también merece reconocimiento, porque es larguísimo, absolutamente increíble, pero no tiene nada que ver con el cuento del rock juvenil y alternativo que venían mostrando en el resto del disco. Muy ambiciosos, los californianos se ponen a la altura de cualquier gigante del rock clásico con esta obra maestra.

En ‘Then she did’, pareciera repetirse la historia, no sólo en lo épico y denso del tema, sino en la temática de la muerte. No sé bien si las referencias a la muerte son a la misma amiga de ‘Three Days’, pero el mensaje es bien claro: “fui a ver tus fotos… las puse en el suelo. (…) ¿Le dirás ‘hola’ a mi madre? La visitarás? Era ella una artista, igual que tú. (…) Ella era infeliz, igual que tú eras…”. Un tema difícil de soportar, por toda la carga negativa que trae. Intensa, sin lugar a dudas. Sombría, también.

Desde ‘Three Days’ en adelante, realmente parece otro disco. Se bajan las velocidades y todo se hace más denso y nebuloso. ‘Of course’ es de la misma onda, con toques de sicodelia, que le dan un sonido muy oriental. ‘Classic girl’ es la última de las 9 canciones de la placa (sí, sólo 9…), y es una hermosa balada, que suena en un comienzo muy desencajada, muy poco original, pero de ahí va armando una atmósfera propia, que no te deja precisamente con la adrenalina a tope, pero sí con una sensación de paz y de tranquilidad. Un tremendo álbum ha terminado. Aleluya.

Jane’s Addiction puede que nunca vaya a tener el lugar que merece en la historia del rock. Pero en realidad no es tan importante aquello. Sus inicios fueron de impacto subterráneo, y eso los hizo grandes. Cuando se hicieron demasiado grandes (con el festival Lollapalooza, después de este álbum precisamente), algo pareció perderse. Lo callejero y peligroso ya no era tan así. Pero, por fortuna, lo que queda es la música. La muy buena música. El rock alternativo nunca fue precisamente más alternativo que cuando lo comandó este cuarteto. Sin ellos, dejó incluso de ser “alternativo”.

Juan Ignacio Cornejo K.

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