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Led Zeppelin II

Led Zeppelin II

Led Zeppelin II

Miércoles 13 Julio, 2011
1969. Atlantic

¿Es Led Zeppelin la mejor banda de hard rock de todos los tiempos? En mi opinión, lo es Y si no, pega en el palo (el término “hard rock” está puesto a propósito para no generar un conflicto zeppeliano-beatlesco). Es cierto, Black Sabbath son los fundadores del heavy-metal (aunque eso también provoque una discusión entre Sabbath y Judas), pero todos quienes desde 1970 en adelante tomaron una guitarra y se largaron a rockear es mucho más probable que lo hayan hecho por admiración a Zeppelin que a cualquier otro grupo.

¿Qué los hace tan únicos? De partida, cuatro integrantes sencillamente excepcionales en lo suyo: tanto Bonham como Jones y Page están entre los dioses de sus respectivos instrumentos, mientras que la garganta de Plant pocas veces ha conocido a rivales a la altura. Además de sus méritos personales, Zep fue una agrupación adelantada a su época, innovadora. Si The Beatles y en distinta medida los Stones y los Who habían creado el rock, ellos terminaron de afinar ese concepto, y le pusieron toda la fuerza y la (im)perfección que aquellas bandas pre-Jimi Hendrix nunca sintieron necesarias. Antes de Hendrix nadie hubiese pensado que una guitarra podía prender fuego a un escenario (bueno, Jimi lo hizo en forma literal, pero no es el punto). Jimmy Page lo haría el resto de su carrera. Y de ese punto de partida, el rock dejaba de ser algo tan amable y se transformaba de verdad un estilo de vida para generaciones enteras.

Pero lo más importante, siempre, es la música. Y en ese campo, estos cuatro ingleses lo hicieron prácticamente todo. Derribaron cualquier tipo de barreras compositivas y sónicas existentes. Y así conquistaron el mundo. Robando una frase de la película “Almost Famous” de Cameron Crowe, Zeppelin era un grupo que “buscaba a EL tipo que no estuviera encendido entre el público y lo hacía encenderse”. Es cierto. Existen pocos temas en la historia del rock tan transversales como ‘Whole Lotta Love’. Mañana busca en una radio de rock clásico y vas a escucharla, así como en una radio de rock actual o una más cargada al metal. Es una canción inclasificable. No es rocanrol, no es heavy metal, no es sicodelia, no es blues rockero... ¡No! ¡Es ‘Whole Lotta Love’ y punto! Está bien, es muy parecida a ‘You need love’ de Willie Dixon. Es casi igual en realidad. Pero Dixon nunca imaginó que alguna de sus canciones podría sonar tan dura, tan cruda, tan revolucionaria. El sonido del riff de ‘Whole Lotta Love’ marcó para siempre la historia del rock. No me imagino por ejemplo al grunge o el hard rock estilo AC/DC si no hubiésemos tenido esta canción.

‘Whole Lotta Love’ es la locura misma. El desenfreno. La perfección de lo imperfecto. De lo ilógico. De lo sucio. Esa sensación de completo descontrol sólo es comparable a la impredecible y en ese entonces impresentable ‘Sympathy for the Devil’ de los Stones, publicada un año antes que este clásico zeppeliano. Tal vez las dos canciones más desconcertantes y atrevidas de los sesentas. Es tan extraño, remontarse a esos años y pensar en un niño en algún lugar de Gran Bretaña que encendía la radio para escuchar ‘Whole Lotta Love’. Ese niño debe haber escuchado el tema escondido. Una sociedad británica amante de lo perfecto, que no acababa de reponerse de la “rebelión” de los Beatles en el “Sgt. Pepper” (después de todo, eran ellos los símbolos de lo correcto) y de pronto tuvo que soportar estos cinco minutos y medio, con gemidos, extraños ruidos de una guitarra quejándose por el maltrato que recibía, con una batería tan power, con un bajo tan provocador y categórico... una verdadera orgía de sonidos. Incluso hoy puede parecer impresionante, pero creo que la barrera del tiempo nos impide saber cuánto más escandaloso pudo haber sido todo aquello. Partamos por la voz de Robert Plant, en mi opinión el vocalista más grande de todos los tiempos. Aquí demuestra porqué, al mismo tiempo que cambia para siempre los códigos de lo que se entiende como un buen cantante. El momento en que grita “Way down inside, woman. You need... love” cambió para siempre a la historia del rock. Ese rugido hasta el día de hoy suena provocador y excitante.

‘What is and what should never be’ es todo lo elegante que podía esperarse de un conjunto de rock inglés. Ya en su primer disco, Page había sorprendido con temas súper inteligentes, como ‘Dazed and Confused’. Pero tal vez ninguna tan “fino” como éste. Personalmente, me encanta la parte más lenta del tema, se escucha como si fuese una banda tocando en vivo en algún club de mala muerte. Que es precisamente como empiezan muchos grupos, es el sonido del rock en su mismísima concepción. No es tan ganchero como ‘The Lemon Song’, cuya cítrica guitarra es una invitación a caer atrapado en el mundo de Zep. Sin embargo, lo que inicialmente parece un tema de rock & roll tradicional comienza a mostrar unos quiebres y unos cambios de ritmo desconcertantes, ratificando además el poderío del tridente Page-Jones-Bonham. Dejan la impresión de que podrían estar tres horas tocando sin parar, sin la más mínima descoordinación, creando e improvisando... El riff me recuerda inmediatamente a The Black Crowes, otra banda de la que soy fanático. Pero queda en evidencia como casi toda su carrera (o al menos sus dos primeros CDs) se ve reflejada en UNA SOLA canción de Zep. Increíble, pero cierto. Así de monstruoso es este Led Zeppelin.

Y llegamos a la maravillosa ‘Thank You’, una de las baladas más maravillosas del currículo de Zeppelin. Un delicado teclado de Jones, toda la belleza de la acústica de Jimmy y las palabras de Plant crean un universo melódico lleno de magia y colores. Siempre he relacionado ‘Thank you’ con el desarrollo de un día cualquiera. Desde el fade-in que sería la salida del sol en la mañana, pasando por los primeros versos de Robert, que representan los primeros pensamientos al despertar; el coro, refleja todas las sensaciones intensas que transcurren en nuestras vidas; el sensacional solo acústico de Page que es como un atardecer, para luego ir completando la jornada mientras se escucha una vez más el verso “If the sun refused to shine...”, llegando a la inducción a un sueño eterno con el hipnótico teclado de cierre. Demasiadas emociones, demasiadas vivencias.

‘Heartbreaker’ es uno de los mayores clásicos de Zep. Un riff inolvidable, una onda increíble, un quiebre memorable y un solo perfecto (otro más) a cargo de don Jimmy. Pero algo que no puedo dejar pasar es la línea de bajo con que se despacha John Paul Jones, tan gruesa y arrolladora que es para quedar con la boca abierta. El hard rock grandilocuente estaba empezando: lo demuestra el solo descontrolado de Page. Pero en el bajo de Jones se siente un respaldo, una confianza ilimitada en lo que estas bandas estaban creando que les permite finalmente tomarse licencias que otras agrupaciones nunca habían hecho. ¿A qué quiero llegar? A que muchos “avances” o “innovaciones” en la historia del rock pueden adjudicarse a fenómenos fortuitos (partiendo por el sonido y la distorsión la guitarra eléctrica). Pero no me vengan con que en Led Zeppelin había algo improvisado y fortuito. Está hecho totalmente a propósito, y ésa es precisamente la gracia.

En ‘Living Loving Maid (She’s just a woman)’ Zeppelin deja de lado por unos minutos la ilimitada creatividad, lo atrevido y lo más “cabezón” de su composición para romperla con un rocanrol fiestero y provocador, imposible de no enganchar con él. Además, Zep demuestra que también puede hacer lo que hacen los otros, y mucho mejor. ‘Ramble On’ es otra maravilla semi-acústica, marcando el camino de donde iría la próxima placa de la banda. La facilidad para encontrar grandes melodías queda plasmada en este temazo, mientras juegan con las texturas y las dimensiones, creando una canción tal vez demasiado poderosa para ser su segundo álbum. No se queden con la primera impresión, escúchenla con audífonos y se van a dar cuenta lo que les digo.

De ‘Moby Dick’ no hay nada que no se haya dicho con anterioridad. Si durante todo el comentario no alabé a Bonham, es porque éste era el momento. Y digo “era”, porque en realidad cualquier cosa que pueda decir es poca. Sencillamente genial. Brillante. Creativo. Iluminado. ¡Cómo tocaba este animal! Tal vez lo único que me atrevo a decir es que cuando tocaba con las manos me trae a la memoria la música negra, y lo asocio inmediatamente al rescate que hace Jimmy Page del blues de artistas de color en cada riff que toca. Tal vez aunque no se lo propusieran, siempre hubo un hilo conductor en todo lo que hacían como banda. El cierre blusero a cargo de ‘Bring it on Home’ es perfecto, pues cada uno se va retirando suavemente de la canción. Broche de oro para un disco demoledor.

Nunca más en la historia se oyó un álbum como éste. Ni siquiera de parte de Led Zeppelin, porque uno de sus méritos fue nunca repetirse una fórmula, buscar siempre cosas nuevas, cruzar otras fronteras. Fueron los primeros, y fueron los mejores. El hard rock jamás fue tan creativo y tan sorprendente, ni llegó a niveles tan altos como lo llevó este cuarteto mágico. La escalera al cielo de la que hablan en “IV” la construyeron en esta época, 1969. Porque cuando hicieron esa otra obra de arte en 1971, el cielo ya era de ellos. Desde el mismísimo momento en que Plant rugió por primera vez aquel “Way down inside, woman. You need... love”, se habían transformado en auténticos dioses, de carne y hueso.

Juan Ignacio Cornejo K.

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