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Fome

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Fome

Miércoles 13 Julio, 2011
1997. Sony Music

“Rock Chileno”. Que término más manoseado. Por años. Y todo cabe ahí. Por una razón bien simple. El rock no tiene fronteras, no tiene límites. Pero me voy a concentrar en el rock sin apellidos, sin familiares extremos. Chao el metal (pasen a saludar a Criminal también), chao al punk, chao experimental. Rock “rock”. Y así la cosa, ahora puedo moverme más tranquilo. Y decir sin ningún complejo que “Fome” es el disco más sorprendente en nuestra historia rockera. Nadie sabe de dónde salió, nadie esperaba que Los Tres cambiaran tanto de un disco a otro, y con ideas musicales tan potentes que después de escucharlo suenan a verdades indesmentibles. A final de cuentas, que fuera chileno, pero que fuera tan increíble que no pareciera haber salido de acá.

Probablemente Los Jaivas sean la banda más importante en la historia de nuestro rock. Pero el legendario quinteto siempre se movió por terrenos alternativos, experimentales, fusionando rock con folklore, y poniéndole un toque progresivo difícil de obviar, y que los posicionó para siempre como los padres, más que del rock, de la cultura rockera, con temazos como ‘Todos Juntos’ o ‘Mira Niñita’. Notable. Geniales. Insuperables, incluso. Pero ni siquiera las agrupaciones de la época, partiendo por Los Jaivas, pudieron hacer en Chile un disco de rock “definitivo”, convencional (remarco eso), que estuviera a la altura de grandes grabaciones anglos (en sonido, en calidad compositiva, en pretensión, e incluso en influencias: acá hasta antes de Los Tres, nadie citaba a The Beatles, The Who o The Kinks como influencias explícitas, y vaya uno a saber porqué), pero sin dejar de ser chileno. No había. “Alturas del Machu Pichu” podía ser lo más parecido tal vez, pero era demasiado extremo. No teníamos un “Revolver”, ni un “Who’s Next”, o un “Something Else” en versión chilensis. ¿Es ese el rol del “Fome” en el rock chileno? No creo… pero es lo más cercano al menos.

Con su multiplatino “Unplugged”, terminaron de despejarse varias dudas con respecto a Los Tres. Eran, sí o sí, una banda de la cual sentirse orgullosos. Álvaro Henríquez, también lo sabíamos ya, era un capo, lo mismo que “Titae” Lindl. Y ni hablar de los virtuosos Ángel Parra y “Pancho” Molina… Además, nadie podía discutir las raíces “clásicas” de su música, desde el rockabilly cincuentero hasta la génesis del rock a mediados de los sesentas. Y, por último, prácticamente todos les tenían los ojos puestos porque se veía el inmenso potencial que el cuarteto poseía. Todo eso, el orgullo, el talento, la genialidad, las influencias y el potencial, tenían que explotar tarde o temprano. Y, para dejar una huella definitiva, tenía que estallar al mismo tiempo. Y ese fenómeno fue el “Fome”. Por suerte.

“Fome” no es un disco conceptual. Pero es redondo. Es homogéneo. Y es un álbum emocionalmente muy potente. Empieza y termina con instrumentales creados en la mente de “Titae”, que comparten un sonido y un ambiente (en blanco y negro, no?). ‘Claus’ es música de película, casi estilo James Bond, que parece dar inicio a un mundo lleno de suspenso e historias maravillosas; ‘Largo’, en cambio, es como el final de fiesta, también fácil de relacionar a algún film, que parece representar la satisfacción de todos los protagonistas de haber cumplido la tarea y no haber dejado cabos sueltos. Repito, jamás fue pensado como un álbum conceptual, pero detalles como estos lo ponen varios peldaños por sobre sus contemporáneos.

‘Bolsa de Mareo’, el track 2, y el explosivo single del disco, es algo que jamás habíamos escuchado por estas tierras. Batería de ‘Tomorrow Never Knows’, con un ritmo difícil de seguir, pero imposible de olvidar, lleno de quiebres y salidas insospechadas. La guitarra de Álvaro martilla el piso junto a la base rítmica para finalmente explotar en un coro que te desboca la mandíbula. “Quisiera entender la gravedad, la de un niño enfermo por volar; volar en mil pedazos y ser feliz, qué es eso que miras y no se ve”… qué letra. Y la guitarra de Ángel, más inteligente que nunca, jamás sonó tan rockero, tan claramente orientado hacia su objetivo, pero al mismo tiempo tan retorcido, enojado y prepotente, como para intentar hacer más ruido y robarle el protagonismo al canto de Henríquez. Escucharla por primera vez en la radio, presentada por Lewin en su “Placa Sónica”, es un recuerdo imborrable. Todavía me sonrío, rememorando lo confundido que quedé, como si Molina me hubiese estado pegando a mí en vez de a la batería. Me sonrío porque me doy cuenta que yo no era el único que no estaba preparado para eso. Nadie lo estaba. Nadie entendió bien a qué iba “Fome”.

Pocos, por no decir nadie, entendieron que ‘Toco Fondo’ no era un revival sesentero con una letra oscura de Álvaro, sino era más que nada la música que el vocalista sentía en su cabeza al mismo tiempo que pedía socorro a gritos, para no pegarse un tiro, para no terminar como la clásica estrella de rock, sino para poder ver la luz al final del túnel. Por eso, tampoco es casual que sea ‘Olor a gas’ la que le sigue, pues pese a lo trágico de la historia, su guitarreado comienzo es de lo más luminoso que hay en la placa. Y qué buena que es! Sublime melodía, con la delicadísima lap steel de Ángel, que llora mientras la banda llora por una historia que nadie más hubiese podido contar si no eran Los Tres. Lo mismo con ‘De hacerse se va a hacer’, un tema genial, una letra que refleja el talento de Álvaro de escribir letras de rock en español de manera inteligente. Todos sabemos lo que quiere decir en esta joyita, que uno nunca sabe si su orientación es acústica o eléctrica, o si el protagonista es el bajo o las guitarras.

‘Antes’ puede tener una letra mucho más simple y poco cerebral. Pero el eco a The Who que sale acá es para volarle cabeza a todo el mundo. Maestro “Pancho” Molina. Brutal su batería, Keith Moon sonríe en su tumba. Con toda la distorsión que había en “Se Remata el Siglo”, nunca habían sido tan agresivos como este asalto de guitarras. Y su parte más lenta, que es casi una cita a una canción que alguna vez escuché en la radio de la micro (y repite la frase “Como antes, más que antes, como ayer”… creo) y que todavía no puedo descubrir cuál es.

Parecerá contraproducente, pero este es un disco esencialmente chileno. Las segundas voces no son del estilo Lennon/McCartney, que eran un soporte melódico. Son en algunos casos casi folklóricas, mucho más crudas, rítmicas y protagonistas. Y segundas voces entre comillas, porque siempre es Henríquez, el que se mezcla consigo mismo. Como en ‘Bolsa de Mareo’ o ‘Silencio’. Pero en ese contexto, es donde entra ‘Fealdad’. Esta y mi favorita de todos los tiempos, ‘Pancho’, huelen a sur como tal vez ninguna otra canción de Los Tres. “Titae” en el acordeón, en ambos casos, con intensísimas interpretaciones acústicas, y con letras de primera: en ‘Fealdad’, “orugas, moscas y un mal olor en la piel, me dejan muerto; un aburrimiento mortal hacia ti, me deja abierto” es para hacerte temblar hasta los huesos; y en ‘Pancho’, esa historia inspirada en un titular de La Cuarta, con crimen pasional incluido.

Si por ahí mencioné a los Beatles, Who o Kinks entre las referencias, en ‘Jarabe para la tos’ me permito cruzar el Atlántico y recordar el sonido de Roger McGuinn de The Byrds. Pero no se queda en la simpleza sesentera, pues su coro si bien tiene un ritmo simplecito, las guitarras llueven majestuosamente, y otra vez uno no tiene cómo no rendirse ante una nueva obra de arte. Y entremedio, bip bip, bip bip yeah! Lo mismo que sucede con ‘Libreta’, que puede ser un tema de rock muy pesado, de lo más convencional, pero que de pronto se encuentra con un ejército de guitarras, en donde Ángel evidencia sus innumerables recursos. “Se juntas nubes, hay vendaval” dice Álvaro. Ufff, el coro y el cierre del tema son aun más que eso… un huracán.

‘Me Arrendé’ hace otro contraste brillante, como el de ‘Toco Fondo’ con ‘Olor a gas’. Pasamos del big bang a la intimidad máxima, la delicadeza y fragilidad. Todo a cargo de Henríquez, él sólo con su guitarra, sin siquiera su eterno partner Lindl. Preciosa composición, que llena los ojos de lágrimas, por lo desnudo que suena quien la interpreta, por el sonido de la guitarra, por lo pura que es.

‘Silencio’ y ‘La Torre de Babel’ son casi alimentos para el espíritu y no caer en la depresión. Siempre me parecieron canciones casi hermanas, pese a que salvo el ritmo más alegre, no tienen mucho en común. ‘Silencio’ es un ejercicio mientras trataban de aprender a usar un nuevo instrumento, mientras que ‘La Torre de Babel’ es una fábula y la interpretación está orientada a eso, a contar una historia.

Pasamos por ‘Pancho’ ya, por lo que quedaría ‘Restorán’, el resultado de una serie de piscos sour peruanos, que inspiró al grupo a tomar la guía de teléfonos y enumerar los tipos de restoranes a los cuales uno puede ir a comer aquí. Y, cómo no, el saludo final al Jappening con Ja, que se escucha mientras el track 14 se despide con un fade out, el único además de ‘Antes’. No puede ser casual que finalice así, para luego dar paso a ‘Largo’. Al final parece que los instrumentales terminan siendo los paréntesis y los otros 13 temas el “disco real”. Genial. No se me ocurre otro calificativo. No sé porqué asocio esos detalles a una imagen del mismo grupo ante su éxito tan inmenso con “La Espada & La Pared” y el “Unplugged”: ellos en el estudio, y con su habitual desfachatez y legítima soberbia pensando “así que creen que somos buenos? Bueno, aquí les va, ahora somos mejores todavía”. No creo que haya estado tan lejos de eso.

“Fome” no vendió tanto como sus antecesores. “La Espada & La Pared” es de seguro el disco más importante de su propia carrera y puede serlo del mismo rock nacional. Pero “Fome” no competía con ese LP. Si eran el día y la noche, el blanco y el negro. A primeras, uno percibía pocas similitudes. Éste era demasiado distinto, demasiado duro. Y en Chile, hasta el día de hoy, salir con algo diferente a la gran masa sigue siendo mal recibido. Tuvieron que pasar años para que el público pudiera entender (si es que alguna vez terminó por hacerlo) este disco. Los críticos de la época abusaban de su verborrea para intentar llevar a palabras algo que, no me cabe duda, les costó bastante hacerlo. Hoy, Los Tres en versión 1997 parecen extraterrestres… A no preocuparse. En su momento también lo parecieron. Tanto no hemos cambiado.

Juan Ignacio Cornejo K.

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