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Bridge the Gap

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Bridge the Gap

Miércoles 27 Noviembre, 2013

2013. Inakustik

Tras su espectacular show de junio pasado en el Casino Monticello donde apenas unos 200 fanáticos pudieron disfrutar de una verdadera leyenda de la guitarra como lo es el maestro teutón Michael Schenker, el “mad axeman” está de vuelta con un disco ciertamente inspirado y pletórico, con la misma formación con la que se presentó en nuestro país bautizada como “Temple Of Rock” y que incluye a la legendaria sección rítmica de Scorpions Herman Rarebell en batería y Francis Buchholz en bajo, a su mano derecha de hace muchos años, el norteamericano Wayne Findlay en guitarra rítmica y teclados y al vocalista escocés Doogie White (Rainbow, Yngwie Malmsteen), y lo cierto es que Schenker captura lo mejor de estas leyendas para plasmar un disco plagado de grandes canciones bajo el título de “Bridge The Gap” (“Cerrar la Brecha”), precisamente para completar un círculo que se inició hace 41 años, por allá en un lejano 1972 cuando Michael debutaba con sólo 15 años junto a los Scorpions de su hermano mayor Rudolf en el álbum “Lonesome Crow”. Desde entonces mucha agua y décadas de rock han pasado bajo el puente y tras un período de oscurantismo, el hacha teutón renació como el ave fénix para llegar a este a este jubiloso presente de gran calidad musical.

‘Neptune rising’ una breve instrumental donde Schenker pone de manifiesto de inmediato su exquisita técnica y su refinado buen gusto, es el punto de ignición de un disco que suena realmente vintage gracias a la producción análoga de gran calidad del cantante e ingeniero Michael Voss. Y lo cierto es que “Bridge The Gap” es un clásico instantáneo por decreto, porque se mueve en esas tesituras inolvidables del Hard Rock y el Heavy Metal de toda la vida con guiños a los Rainbow de la etapa Dio, a UFO la banda que lo lanzó a la fama, y también a los Scorpions más punzantes de su etapa “Lovedrive” donde compartió banda junto a Rarebell y Buchholz, siendo todo un acierto de parte de Schenker recuperar a estos veteranos músicos, pero que todavía tienen una pegada, una potencia y una habilidad interpretativa digna de sacarse el sombrero.

´Where the wild winds blow’ un mid tempo con el trademark inconfundible, con un doble bombo constante marcando la marcha, da el tono y estilo del disco, con un Doogie White que logra en esta placa recordar a ese gran cantante que se dio a conocer internacionalmente con el fantástico “Stranger In Us All” el último disco en estudio de la carrera de Rainbow en 1995. ¿Por qué un cantante de esta altura pasó casi desapercibido en los discos de Malmsteen y aquí brilla de forma notable? Simple, porque Schenker es generoso y le interesa que la banda suena grandiosa por encima de su lucimiento personal. ‘Horizons’, que ya la conocíamos del show en Chile, pisa el acelerador a fondo con su riff trepidante y el doble bombo desatado de Rarebell que toca con una soltura mayor a la que exhibía en sus años dorados con Scorpions. El solo primero con guitarra acústica y luego con eléctrica, es ciertamente soberbio.

El aire celta de ‘Lord of the lost and lonely’ es puro Rainbow, un track fantástico que podría estar precisamente en “Stranger In Us All” con un inmenso White en las voces y esos solos tan bellamente ensamblados por las cuerdas sin límites de un genio humilde como pocos. ‘Rock n roll symphony’ tiene el groove simple pero infeccioso que recuerda a UFO con el arrope del órgano Hammond B3 y es que en este álbum no se encuentran puntos bajos, todos los temas tienen magia y encanto, por lo que afirmar que esta placa es lo mejor presentado por Schenker en los últimos veinte años no es para nada descabellado.

‘To live for the king’ recuerda al Dio de su mejor época, gracias también a la gran interpretación de White, lo mismo ocurre en la veloz ‘Land of thunder’ donde Buchholz y Rarebell parecen un tren sin frenos, y esa es otra de las gracias del álbum, que suena en todo momento a un disco de una banda llamada Temple of Rock y no a un disco solista de Schenker, a pesar de que el sello habitual de sus solos están ahí, patentes en todo momento. ‘Temple of the holy’, ‘Shine on’ y ‘Bridges we have burned’ suenan a la mejor etapa de MSG, esa de comienzos de los ochenta cuando estaban Cozy Powell y Gary Barden en la banda, temas llenos de magia épica, con esta última recordando también el sonido de ese tremendo “Assault Attack” de 1982 con Graham Bonnet en la voz.

‘Because you lie’ tiene el clásico riff infeccioso y repetitivo a lo Scorpions en plan “Blackout”, por ello, el disco suena en todo momento tan clásico como si hubiera estado guardado todo este tiempo dentro de un baúl en un ático olvidado. La clase de ‘Black moon rising’ y ‘Dance for the piper’ le permiten a White poner nuevamente su sello, y es que el diminuto cantante lo da todo aquí, sin guardarse nada. Y atención porque la edición limitada incluye un bonus track titulado ‘Faith’, una hermosa balada acústica con la voz del inconfundible Don Dokken, en lo que podría ser un adelanto del disco en conjunto en el que están trabajando Don y Michael. Un disco notable que se va derecho a lo mejor de año con un Hard Rock incombustible, con esa clase, elegancia y magia que sólo tienen los grandes.

Cristián Pavez
 

 

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