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Overkill

Overkill

Overkill

Miércoles 13 Julio, 2011
1979. Silverline

Qué difícil decidirse por un solo disco de Motörhead. Creo que ya lo dije en algún momento, ellos y AC/DC son los grandes estandartes del rock & roll, no hay nadie que se les iguales, ni en innovación, ni estilo, ni potencia, ni, mucho menos, influencia. Como si esto fuera poco, hoy, como hace casi 30 años, Motörhead sigue siendo una de las agrupaciones más demoledoras en vivo. Con otra formación, es cierto, pero siempre comandados por el Keith Richards del metal, el señor Lemmy Kilmister.

Como el mismo Lemmy lo ha dicho, Motörhead es metal hasta los huesos, pero con una furia propia del punk, luciendo una fórmula jamás antes utilizada, que descolocó y sigue descolocando a generaciones enteras. Sigue, digo, porque el grupo nunca ha cambiado su estilo ni perdido su sello, por lo que la descripción de “Overkill” se puede aplicar para casi toda la discografía de Motörhead: velocidad, agresividad, fuerza, adrenalina, vértigo, y mucho rocanrol.

“Overkill” es un disco fundamental por muchos aspectos. Presenta a Motörhead como un power trío avasallador, con la formación que la mayoría llama clásica: Phil “Philthy Animal” Taylor en la batería, “Fast” Eddie Clarke en guitarra y Lemmy en bajo y voz. Es indiscutible que la versión actual de la banda, con el mismo Kilmister, el inmortal Phil Campbell en guitarra y esa bestia de la batería que es Mickey Dee, rockea probablemente mejor que cualquier otra banda en la actualidad; pero los trabajos que le valieron a Motörhead su lugar entre los grandes, “Ace of Spades”, “Iron Fist”, o el mismo “Overkill”, presentan a Filthy y Clarke en los créditos, y son ellos los creadores de un estilo muchas veces imitado pero jamás igualado.

Año tras año, hay temas de “Overkill” que ganan y ganan vigencia. ‘Stay Clean’ es el primero que se me viene a la mente. Un rocanrol a la vena, de la mano de un riff brutal, con un coro simple, un ritmo que no da respiro, y la particularidad que el solo principal no lo hace la guitarra (que luce sobre el final del track) sino el bajo de Lemmy, que lo hace de manera formidable, demostrando que Lem no solo es un personaje único, sino también un bajista fundamental. Y todo esto en 2 minutos y 40 segundos. Hasta el día de hoy, ‘Stay Clean’ es un himno inamovible de cualquier presentación que Motörhead haga alrededor del mundo.

La borrachera de ‘(I Won’t) Pay Your Price’ es tal vez el único “pero” que tiene “Overkill”, pues no es una canción que uno pueda asociar fácilmente a la banda. Todo lo contrario de ‘I’ll Be Your Sister’, que es un bombazo, con un bajo que te hace tiritar y la guitarra de Clarke suena por todos lados. ‘Capricorn’ es otro temazo, un blues que no es blues, pesadísima, obra y gracia de “Philthy Animal”. Y ‘Capricorn’ contiene la notable frase “when I was young I was already old”, algo que hoy nos hace mucho más sentido, pues para Lemmy el tiempo parece no pasar, y su presencia “larger than life” es la misma en la actualidad que hace 30 años, y eso se contagia por los parlantes.

‘No Class’ es otro clásico, eterno socio de ‘Stay Clean’, que por algún motivo siempre las he asociado como canciones hermanas y me gusta escucharlas juntas. Pero ‘No Class’ es más extrema, un riff subido desde el mismísimo infierno, un trabajo Taylor (especialmente en el pre-coro) que es lo que hace al tema tan adictivo y vibrante. Es simplemente una locura.

‘Damage Case’ es literalmente un mazazo en la cabeza, en donde la voz de Lemmy retumba y la vibra de la canción no te suelta. El solo de Clarke es lo que hoy llamaríamos “vieja escuela”. Bueno, acá está la escuela pues. O una de las escuelas, claro. A falta de uno, son 2 los solos llenos de rocanrol que adornan ‘Damage Case’. ‘Tear Ya Down’ es potente como todo lo que hace Motörhead, pero tiene una particularidad melódica interesante, en donde Lem interrumpe el rocanrol ultra-rítmico de las estrofas con un coro estilo The Ramones. Genial.

Si hablamos de clásicos, ‘Metropolis’ no puede dejarse pasar. Aquí lo que más me llama la atención es la guitarra de “Fast” Eddie, que pareciera “decir” o “hablar” tanto o más que lo que lo hace el mismísimo Lemmy. Genera atmósfera, es colorida, intimida a la entrada, desafía el resto de la canción, y agiganta a ‘Metropolis’, llevándose todos los méritos. Por un tiempo ni siquiera me interesaba escuchar la letra para no distraerme de lo que Clarke pintaba de fondo. Y por lo mismo, como queda convertido en una especie de héroe, pareciera que ‘Limb From Limb’, ese blues que sí es blues, es un espacio para que se luzca todo lo que quiere. Luego le ponemos un poco más de velocidad, conducida por el bajo de Don Kilmister y la bestia Taylor y volvemos al viejo y querido rocanrol. Pura actitud, puros cojones, para cerrar un álbum absolutamente fuera de serie.

Bueno, dejé para el final al track número 1 de “Overkill”. Y, al menos para mí, el número 1 de toda la trayectoria de Motörhead, y quién sabe si del metal, hard rock, rock & roll, como quieran. ‘Overkill’, la canción, la cual merece que hasta la mencione en mi testamento. Cualquier cosa que diga de ‘Overkill’ es poco… ‘Overkill’ es Motörhead, ni más ni menos. El primer verso ya lo dice: “Only way to feel the noise is when it’s good and loud”. Más claro, echarle agua.

El comienzo absolutamente sorpresivo de Phil, el sonoro ingreso de Lemmy y su Rickenbastard y la abrumadora potencia que le agrega Eddie te dislocan la mandíbula antes de que cualquier cosa sea dicha. La velocidad no decae nunca, todo suena al máximo volumen y está tocado con la más brutal de las fuerzas. Incluso el coro, que no es un verso, sino simplemente la palabra “overkill” bien gritada un par de veces. Aparecen los solos de guitarra, los inmisericordes azotes de Taylor y la temperatura baja bruscamente para redondear en el cierre… ¡Pero Philthy retoma! Y vuelve a entrar Lemmy, y otro gran solo de Clarke, para volver a ponerle el broche de oro al asunto con bombos y platillos…

Bueno, ya lo saben, ahí no termina, porque dos finales no son suficientes. El más clásico, y mi favorito, lejos, es este tercer cierre, en que otra vez toda la banda vuelve a sus posiciones, pero esta vez Eddie no se luce con ningún solo, sino que simplemente acompaña a sus compañeros que a esa altura están fuera de sí. Ese último minuto de ‘Overkill’ es probablemente la dosis de adrenalina más grande que el rock & roll conozca, o al menos hay muy pocas que le hagan pelea. Imposible no dejarse llevar por ‘Overkill’, en los 5 minutos y tanto que dura, con sus solos, los tres cierres que tiene… finalmente, con cada segundo de la canción. No existe otra canción así.

El legado de aquella formación se niega a morir, al igual que Motörhead y Lemmy Kilmister. Esa llama nunca se va a apagar, porque mientras haya público ansioso de escuchar rock & roll y vibrar como nunca en su vida, Motörhead va a seguir estando entre las primeras opciones de la lista, seguidos por AC/DC y, más atrás, Guns N’ Roses, la sagrada trinidad del rocanrol. Sea como sea, el día del juicio final Motörhead va a estar tocando ‘Overkill’ a todo volumen para celebrarlo y yo voy a estar ahí, en primerísima fila. Rockeando como si el mundo se fuera a acabar.

Juan Ignacio Cornejo K.

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