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Murmur

Murmur

Murmur

Miércoles 20 Julio, 2011
1983. IRS

“Rock and Roll can’t change the world” era la premisa occidental después del desmoronamiento del hippismo en los años setentas. Sí, quizás el rock no podrá llegar a influir en los altos mandos políticos y sociales. Pero, como todo arte cercano a movimientos juveniles, sí puede modificar el curso de la historia en el largo plazo. Después de todo, son generaciones completas las que crecen influidas por nuevos patrones de comportamiento o, aún más importante, nuevas concepciones de qué es cool y qué no. Sonará superficial, pero eso sí puede hacer una diferencia.

Ejemplo de esto fue la revolución (musical) silenciosa que R.E.M., entre otros, encabezó durante los ochentas, y que tendría como conclusión la asunción al poder, casi 10 años después, de la Generación X, que vaya uno a saber de dónde vino y a cuántos pisoteó. Pero nadie puede desconocerla.

Todo lo “alternativo”, el “regreso a lo real”, el menosprecio por el glamour, la glorificación del “día a día” por sobre el “noche a noche”; todo eso representa a esa generación, que no protagonizó grandes golpes a la estructura de poder, pero sí, a su manera y con su disconformidad, cambió el mundo. O una parte de éste, al menos.

Quizás ahí hay un buen vínculo hacia “Murmur”, el primer largaduración de R.E.M. de 1983. Es una triunfal muestra de lo que el anti-idealismo puede llegar a ofrecer en el terreno artístico. Independencia, indiferencia, creatividad, y convicción. Cuatro palabras que sintetizan correctamente lo que esta escuela desarrollaría en sus alumnos.

Hay un encanto en este disco que no comparte con muchas otras obras cumbres del rock contemporáneo. Y es que no se parece a nada. Nadie sabe de dónde salió. No suena a ninguna época en particular, ni tiene trabajos que puedan hacer de referencia. Es un estilo único, fácil de imitar, imposible de igualar. Es una obligación mencionar a “Chronic Town”, el EP de 1982, no tanto como un antecedente, sino como otra muestra de esto que venimos diciendo: la sutileza de un big bang tan poco luminoso que fue casi un milagro que haya atraído miradas y oídos.

Lo que más hizo ruido en “Murmur” fue el primer single de su carrera, ya en 1981, y que además es la canción encargada de dar el “vamos” al asunto. ‘Radio Free Europe’, quizás el himno subterráneo más importante de los ochentas, el puntapié inicial al college rock, el empujón que faltaba para comenzar a conceptuar el ataque de los chicos poco cool al hiperventilado mainstream ochentero.

No hay un equivalente a ‘Radio Free Europe’. Con el beat que tiene, perfectamente pudieron subir el volumen y venderla como la nueva bandilla punk del sur de Estados Unidos. Pero no, esto es otra cosa. No falta el burro que la simplifica como una canción pop. OK, un single independiente en el estallido de la era de oro de la maquinaria hard rock, con letras indescifrables, rítmica punk y estética de bibliotecarios. ¡Qué comercial!

Estamos hablando de una canción con más de 25 años y que sigue sonando como el R.E.M. de hoy. Su vigencia parte por lo influyente que fue y que sigue siendo. Desde el envión que significó para sus contemporáneos; o los aparentemente lejanos sobrinos grunge; las copias de mal gusto a mediados de los noventas (qué lista más larga); los conservadores inicios de Coldplay; los mejores singles de The Libertines; y así podemos seguir y seguir. Pero ya dejé en claro el punto. Un momento definitivo en la historia del rock, que de un giro, le dio cuerda para seguir sonando joven por 20 años más.

Quizás, “Chronic Town” haya sido más pegajoso que “Murmur”. El EP era cautivante y encantador. El LP es misterioso, inquietante. Y así es como marca cierta distancia, y contagia un nervioso aire frío. Ahí está la escapista ‘Pilgrimage’, perfecta. El poco humor de ‘Laughing’, que navega en aguas de nylon, en donde Michael Stipe no tiene que buscar una voz, porque ésta le sale sola, sin forzarla, sin buscarla.

La atemporalidad de ‘Talk About the Passion’ le roba el protagonismo a la nostalgia y calidez propias de la canción. La limpieza en la guitarra del magistral Peter Buck tiñen de inocencia todo lo que asoma en “Murmur”, y es curioso, porque “inocencia” no es un calificativo que se pueda asociar a R.E.M. muy seguido. Pero si no es esa la palabra, ¿cómo entonces describir ‘Moral Kiosk’?

Distinto es con ‘Perfect Circle’. Una balada preciosa, conmovedora, pero tan distante que descoloca a quien se involucra. El empuje de ‘Catapult’ glorifica la base rítmica del grupo, junto con su simplísima adaptación de los axiomas de la canción pop.

Para hablar de R.E.M., muy a lo lejos, los nombres citados son siempre los mismos: The Byrds, Big Star, Wire, e incluso se aparece Tom Petty. Pero siendo justos, el (en ese entonces) cuarteto hace a un lado la distancia física, y debe mucho más a la escena neoyorkina de años anteriores. Television y Patti Smith son nombres que brotan por sí solos. ¿Y la Velvet Underground? Claro, porqué no. Y el vecino, Bruce Springsteen, seguro. Ahora, de esta tremenda mixtura, ¿de dónde sale una canción como ‘Sitting Still’? Difícil decirlo. Porque es un tema tan simple y común, pero con ese sello tan propio de la banda.

Las líneas se cruzan en ‘9-9’, un mundo aparte en este álbum. Súper distante de ‘Shaking Through’, cuyo coro es un tesoro sureño, convirtiéndose en uno de los puntales de “Murmur”. Cuando hablamos del “sello de R.E.M.”, acá notamos que desde el principio de los tiempos, la clave estuvo en la segunda voz de Mills. Él sigue siendo hasta el día de hoy el arma secreta del conjunto, independientemente del valor agregado que pueda haber significado otro músico tan competente como Bill.

La infantil melodía de ‘We Walk’ está abordada con asombrosa seriedad. Acá Peter juega con una guitarra que recrea la luz de a guitarra de 12 cuerdas de Roger McGuinn. Y lo sigue haciendo a su forma. Por mientras, la alegría de la canción desaparece en la tormenta. Hasta que llegamos a la última y seguramente más brava de las composiciones en el álbum: ‘West of the Fields’. Una canción fugitiva, que no puede llamar a ningún estilo su hogar, que se rehúsa a ser dominada, ni siquiera admite asociarse al resto de los tracks del disco. Inevitable no recordar lo que muy poco tiempo después harían The Smiths con sus mejores obras. Un cierre insoportablemente perfecto, digno de una placa histórica de comienzo a fin.

Se suele asociar el concepto de “disco clásico” al que tuvo más y mejores canciones en los listados de popularidad, himnos de grandes estadios, millones de copias vendidas. Hasta en eso, “Murmur” marca una diferencia. Incluso para R.E.M., que con los años siguió entregando discos inigualables (“Lifes Rich Pageant”, “Automatic For the People”) y señalando el nuevo curso del rock (“Document”); pero nunca su declaración fue tan contundente como en sus primeros días. Y esa convicción en ser anti-anarquista por siempre, que comenzó como un murmullo, años después se transformaría en el grito de miles. De millones.

Juan Ignacio Cornejo K.

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