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The Beatles

The Beatles

The Beatles

Miércoles 27 Julio, 2011
1968. EMI

Un álbum que llevara el nombre de la banda, un disco doble, con un arte completamente blanco –de ahí que se le llame White Album- tenía que ser algo muy especial. Algunos le llaman la Obra Maestra. Existen otros discos pivotales como Revolver, que fue el que abrió las puestas a un nuevo rock; y también el tan comentado Stg. Pepper, de tanta historia por su título y arte que se llegó a considerar conceptual. Esta última placa es el antecedente directo de The Beatles circa 68, sus cualidades son la variedad que te descoloca (algunos le llaman creatividad) y la ecléctica amalgama de estilos y sonidos. Y es por esto que fue este Album Blanco el que llevó a The Beatles a transitar por un camino más rockero, el de banda en vivo. Terminaban en 1968 los increíbles desvaríos experimentales Beatles, en los que George Martín (productor) se había convertido en el verdadero quinto Beatle. El álbum blanco como grabación  fue el buen tiempo que precede a la tormenta, la que se desataría en 1969 con Let It Be. Las cosas se empezaban a pudrir, sin embargo el olor a la descomposición ni siquiera se sintió aquí. Son innumerables los factores que convierten a este doble disco en un digno objeto de colección, del que nunca terminas de asombrarte.

La banda venía de pasar a principios del año 1968, una temporada en la India, fue un proceso de limpieza, el de una búsqueda por la paz espiritual en la mística hindú. Pero también fue una revelación, amarga para Lennon:  el hombre no puede depender de gurús. No había nadie que pudiese arreglar el caótico estado de cosas en el mundo, el Maharishi Maesh Yoghi solo podía ofrecerles una atmósfera relajante para la meditación, la que a fin de cuentas no fue tan trascendental para McCartney ni tampoco para Starr. En lo musical Rishikesh (India), el lugar en que The Beatles se fue a refugiar si que fue trascendental. ¿Por qué el White Album es tan acústico? Justamente porque The Beatles llevaron consigo las guitarras acústicas y durante los primeros meses de 1968 no dejaron de componer y más allá de la maestría exhibida en grandes composiciones como ‘Julia’ y ‘Blackbird’, el formato unplugged tiene un vuelo inusitado en este doble disco. La guitarra eléctrica dejaba de ser un requerimiento esencial para hacer rock n’ roll. La falta de liderazgo que en alguna medida ejercía el manager, fallecido poco tiempo atrás, Brian Epstein y lo poco que tuvo que decir George Martín, el productor de siempre, hizo sentir a The Beatles libres como nunca antes. Libres como para empezar a actuar a título personal. Para Epstein habría sido una tragedia el observar como el concepto de banda se desintegraba.

Volviendo a lo de las individualidades, los temas y sus compositores hablan de la progresiva descomposición de The Beatles. No por nada varios temas se grabaron sólo contando con dos integrantes, podían encontrarse Lennon y McCartney para grabar un tema por su propia cuenta, o Ringo con cualquiera de ellos. Aún más claramente definidos que en Sgt. Pepper se escuchan los temas y el carácter de quienes los escribieran. Los extremos de Lennon, lo suave de McCartney, una melancolía infinita de Harrison y la comparsa de Starr. Hasta se advierten en las letras velados reproches para el compañero mediante el uso de un lenguaje pervertido y sarcástico. Pero este patrón no es tampoco tan rígido, hay ciertas composiciones que sorprenden viniendo de alguno de ellos, nunca antes se había sentido tanto la necesidad de superar al otro.

Empezando, tal y como las fotos están divididas, George Harrison por vez primera brilla y hace toda la diferencia del mundo con cuatro temas. ‘While My Guitar Gently Weeps’ cuenta con un músico de sesión traído por el propio George, Eric Clapton. Un tema de triste belleza y desesperanza, un blues arrebatado que hasta el día de hoy es una obligada en los shows del gran Dark Horse. Luego ‘Long, Long, Long’, atmosférica y evocadora de una paz absoluta, una voz suave casi en trance entrecruzada de sonidos que gatillan flautas y teclados. ‘Piggies’ con arreglos sinfónicos barrocos, ruidos de cerdos  y una letra tremendamente irónica. Asi como también existe un humor “extraño” en la funky orquestada ‘Savoy Truffle’. De lo bueno, poco. Está claro que en otro hito importante de este resquebrajamiento interno en la banda, George Harrison se empezó a guardar temas de esta época que aparecerían en sus discos solistas. En rigor todos lo estaban haciendo, afortunadamente el álbum blanco proveyó de espacio suficiente para muchos temas. Y bien sabemos que muy pocos suenan como relleno.

Paul McCartney muestra todas sus caras, el hombre de las mil voces y canciones. Muchos de los temas son homenajes al R&B y al folk. El hombre muestra notable confianza para acuñar temas que por su naturaleza acústica sólo dependen de él, un cantautor que ha descubierto el folk rock y acuña verdaderos estándares como ‘Blackbird’, ‘Mother’s Nature Son’, Rocky Racoon’ y en menor medida ‘I Will’. Todo lo correcto, bien logrado, afinado, balanceado y pulcro se escucha aquí. Un virtuoso talento que no se queda en lo acústico de la guitarra, también recurre al piano como en ‘Martha My Dear’, cuerdas, piano e impecable melodía y arreglos muy reminiscentes a los de Stg. Pepper, en ‘Honey Pie’ con una introducción que deja claro que se quiere recordar de las emisiones radiales que escuchaba su padre,  rememorando la época de oro y los sueños de grandeza de una naciente Hollywood en los 30’s y luego en ‘Ob-La-Di-Ob-La-Da’ el folklore festivo de lo que parece ser un chiste que con los años le ha gustado a todos, es alegre, de buen gusto y resume la sensibilidad pop de Paul. Estos dos temas son momentos con recursos más cercanos al Kitsh, como también ‘Birthday’ no pasa de ser un ejercicio formal de R&B muy poco original, pero que te empuja con su marcha y ‘Back in the USSR’ es un guiño casi infantil a la música americana (californiana y playera) de los Beach Boys. Así como hay un lado de McCartney te acaricia, este convive con otro que te golpea, ‘Why Don`t We Do It In The Road’ es rock de carretera a la ‘Born To Be Wild’, hippie, desenfadado y gritón al tiempo que ‘Helter Skelter’ es un R&B saturado de feedback, la paranoia de un tema en que parece enloquecer. Estas anomalías lo muestran ruidoso y rudimentario pero nos hace preguntarnos ¿Cuál de estos caminos o sonidos es McCartney?

La creatividad de John Lennon también desemboca en varias vertientes. De hecho uno de los temas eternamente adjudicados a McCartney lo compuso él. Se trata de ‘Good Night’ –cantada por Ringo-, una melodía tan bella, como de película es algo verdaderamente inusual viniendo de John. Pero más que ser el cierre y las buenas noches para los que escuchamos el White Album es una canción de cuna para su hijo Julian. La suavidad de John es desconcertante en ‘Good Night’ como lo es también en ‘Julia’, un homenaje a su madre que es un punto tan alto como lo mejor de su carrera. Un tema acústico, mínimo en recursos en que Lennon se desnuda por completo con poesía soñadora y melancólica. Con ternura del alma de un artista que vuelve a descubrirse como el adolescente que no llega a entender la pérdida de su madre. También se exhiben en el Album Blanco –de acuerdo a John Lennon- las texturas  bellas de ‘Dear Prudence’ y ‘Cry Baby Cry’. Pero ambas ya son puro Lennon, de las que te invitan a probar su psicodelia, canciones que te llevan a flotar, que se entretejen con estructuras descolocantes. Mientras que la primera es alegre y mística –una invitación a abrirte al mundo que nos rodea- la segunda es una misteriosa re lectura de un tema  infantil que podría servir de banda sonora al surrealista mundo de Alicia en el Pais de las Maravillas. Hablando de surrealismo está el experimento menor de ‘Glass Onion’ y la aventura avant garde de proporciones en ‘Revolution #9’, ambas canciones que con el pasar de los años han sido tomadas más en serio de lo que se debería. Otras canciones amargas pero que no son precisamente lentas, sino arrastradas son ‘I’m So Tired’, ‘Yer Blues’ y ‘‘Happiness Is a Warm Gun’. Desgarradoras, cada una a su manera. La dos primeras bluseras como plegarias a la desesperación  y la última –una compleja composición con varios cambios de ritmo- una explícita referencia  a las drogas y la paranoia. Otro tipo de amargura, la del desencanto se siente en ‘Sexy Sadie’ y Lennon suma y sigue con otros temas como el desaforado punk ‘Everybody’s Got Something To Hide’, el sonido básico del Rock n’ Roll para la versión más acústica country de ‘Revolution’ y el encantador himno ‘The Continuing Story of Bungalow Bill’.

Y Ringo Starr... bueno Ringo hace lo suyo con una de sus primeras composiciones, modesta pero entretenida, un country-western como para engancharse con ‘Rocky Racoon’, se trata de ‘Don`t Pass Me By’. Pobre Ringo, siempre desocupado y aburrido esperando que los otros terminasen de componer sus temas, arreglar sus mundos, exigir el ser oídos y brillar por cuenta propia.

La heterogeneidad del White Album es un prólogo para lo que vendría, ejercicios solistas de cada uno de los Beatles. Pero todo el disco, contando 30 tracks, es un todo que volvía a ratificar el axioma de que la suma de los componentes era más que cuatro en el caso de The Beatles. Los integrantes del grupo se enumeraban y eran cuatro: McCartney, Lennon, Harrison y Starr, pero hacían un total de 4 y algo más, un grupo irrepetible. Y para variar, tal y como lo habían hecho en Stg. Pepper, este disco doble de The Beatles es decisivo en definir nuevas maneras de hacer rock. La banda, al permitirse licencias inimaginables para otros músicos que luchaban por reconocimiento, abría un mundo de posibilidades para inspirar creativamente a los más jóvenes. De nuevo The Beatles eran la prueba que experimentos de semejante eclecticismo podían ser bien logrados y de que en los 60’s brilló el concepto de los álbumes como un todo y no como singles. Eso explica la carátula enteramente blanca, como diciendo “aquí es la música la que importa’. El relieve –en blanco- con el nombre de la banda es imperceptible siendo lo más notorio en la edición de este doble álbum el registro numerado, como si este disco fuese una edición limitada. El álbum blanco no tuvo límites de ningún tipo, su alcance comercial y artístico es inconmensurable y fueron los mismos Beatles quienes haciendo uso de su libertad creativa decidieron respetar una esencia que le da cierta textura y continuidad a un disco de muchísimas canciones (publicado en noviembre del 68), la naturaleza más bien acústica, respetando la instancia en que los temas fueron creados.

Alfredo Lewin

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