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Here Are The Sonics

Here Are The Sonics

Here Are The Sonics

Miércoles 27 Julio, 2011
1965. Norton

“El gran regreso del garage rock!!”. Hace 4 años, esa era la frase más repetida entre los críticos de rock (que cada vez hablamos más y sabemos menos). ¿Qué carajo es el “garage rock”? ¿Existía antes de, por citar una banda, The Hives, un “sonido de garage rock”? Por todos lo que se llenaban la boca hablando de él, todos asumimos que si. Para todos aquellos que asumieron, pero nunca comprobaron, aquí está tal vez el disco más simbólico del famoso “garage rock”: “Here are The Sonics”, precisamente de los Sonics.

Como muy breve introducción, aclaremos que el “garage rock” fueron un par de bandas que tomaron el rock & roll, le subieron el volumen a sus guitarras y lo tocaron con menos velocidad pero mucha más fuerza y garra. Hay bandas elementales, como Love (un cover de su ‘Seven and Seven is’ aparece en el “feedback” de Rush), The Seeds o The Leaves. Pero tal vez, junto con Love, sean los Sonics la banda que mejor desarrolló el estilo. Mezclaron el rock & roll mas puro, le metieron la onda de los Kinks, y llevaron los decibeles al máximo. Tenían una fuerza que muchas bandas le envidian hasta el día de hoy. Y su repertorio, veloz y poderoso, los hace algo así como “los Ramones de los sesentas”.

“Here are the Sonics” no es un disco que escuches por disfrutar de un tema en particular. Todo pasa muy rápido, te quedas con la idea de haber escuchado muchas canciones, muy entretenidas, muy power, en muy poco tiempo. Las raíces del punk y del hard rock. La garganta de Gerry Roslie, llevada al límite de sus posibilidades, es el hilo conductor entre todos los temas. Ninguna otra banda de la época estilaba destrozar los oídos del auditor por medio de su vocalista. Por algo, Howlin’ Pelle Almqvist de The Hives ama a esta banda, lo mismo que los Datsuns, 2 símbolos del “garage revival”.

‘The Witch’ es un comienzo aplastante. ‘Do you love me’ te atrapa al primer acorde y no te suelta. Tú no quieres que te suelte, en realidad. Es como si te subieran a una montaña rusa a la fuerza y después de poco más de 2 minutos salieras completamente mareado, pero con ganas de volver a subirte. The Sonics mezcla temas propios con covers, y es complicado de distinguir cuál es original y cuál no.

‘Roll over Beethoven’ es tal vez la que más se distingue como cover, pero porque es uno de los mayores hits del maestro Chuck Berry, omnipresente en todo este LP. Por lo mismo, es tal vez el punto más bajo del disco, porque es demasiado conocida, y uno no puede sacarse la idea de que es un tema de Berry. De todas formas, el sello de los Sonics está por todos lados. ‘Boss Boss’, pura garra. ‘Dirty Robber’, una combinación letal de piano, guitarras y el bajo de Andy Parypa (hermano de Larry, el salvaje guitarrista del grupo). Terminan estrujando al máximo un rock & roll tan sucio como adictivo.

La joyita es otro cover de Chuck Berry. Pero mucho menos reconocible. Mucho más Sonics: ‘Have love will travel’. Tremendo temazo, la banda tocando de fondo con una precisión impensada para su estilo mientras Roslie se luce en la voz, recordando un poco a Ray Davies, de los Kinks, que en esta canción si que marcan presencia. El solo de saxo de este tema es algo de otro mundo. Sencillamente perfecto. ‘Psycho’ sigue con la locura, con la fiesta. Y el clásico ‘Money (That’s what I want)’ nunca sonó tan entretenido. En temas como este, sino en todo el disco, se nota la mano de Buck Ormsby, bajista de los Wailers, la banda que llevó ‘Louie Louie’ a la cima de los rankings, dándole al garage rock por primera vez un número uno en 1964. Ormsby quiso registrar el arrollador sonido de los Sonics en vivo en un disco de estudio. Y lo logró, definitivamente. Es la principal característica de los Sonics, su sello, lo que los hizo únicos. Hasta el día de hoy, son un punto de referencia importante.

‘Walkin the Dog’ y ‘Night time is the right time’ pasean a la banda por otros estilos, más calmados. ‘Strychnine’ nos muestra que lo que mejor hace el grupo es rocanrolear como los mil demonios. ‘Good Golly Miss Molly’ es otro covers desenfrenado, y ‘Keep a knockin’ le pone el último toque de rock & roll cincuentero, haciendo un merecido saludo a otro grande e la época, Little Richard. Como para dejar en claro quienes son los inspiradores de tanta velocidad y tanta adrenalina.

La reedición del LP trae 3 temas más. Una tripleta “navideña”. La sensacional ‘Don’t believe in Christmas’ (que trae el notable verso: ‘don’t believe in Christmas, cause I don’t get nothing last year’), ‘Santa Claus’ y su deliciosa guitarra y la comiquísima ‘The Village Idiot’ (una parodia a la clásica ‘Jingle Bells’).

Un disco entretenidísimo, totalmente recomendable. Fue una grata sorpresa descubrir el verdadero “garage rock”. Hay grandes bandas, muy buenos discos (“Boom”, el segundo de los Sonics, o “Forever Changes” de Love, tremendas obras maestras), mucha onda, mucha influencia Kinks, y muchísimo rock & roll. Todo muy simple. Todo muy directo. Nadie saldrá decepcionado.

Juan Ignacio Cornejo K.

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