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Freedom’s Goblin

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Freedom’s Goblin

Jueves 15 Marzo, 2018

2018. Drag City

Para quienes siguen con atención las escenas alternativas del nuevo rock, seguramente se habrán topado más de alguna vez con el nombre de Ty Segall. La inquietud del joven compositor californiano de 30 años, lo ha llevado a publicar más de una veintena de trabajos, entre larga duraciones, EPs y singles, en un ejercicio prolífico que incluye tanto su carrera solista, como también siendo parte de otras bandas (como los espectaculares Fuzz) o colaborando con distintos músicos independientes.

Publicando casi un disco por año hace ya una década, uno podría suponer que las ideas de este talentoso guitarrista podrían estarse acabando. Justamente cuando empiezan a aparecen esas dudas, es cuando Segall, al instante, las despeja y sorprende con una producción tan luminosa como creativa. Un álbum doble –el décimo en su periplo en solitario– que a la primera impresión golpea fuerte, aturdiendo, y haciendo saber que se está en frente de algo grande. Es más, “Freedom’s Goblin” es su mejor disco a la fecha.

Para los amantes del viejo rock de guitarras distorsionadas, este disco debería significar la promesa del estilo. No solo porque está lleno de referencias a la guitarra sucia y pesada de Tommi Iommi, sino porque Segall miró hacia atrás para buscar ideas compositivas con la desfachatez propia de los genios, evitando la tortícolis. De esta manera, recurre al catalogo del hard rock, el soul, el free jazz, el pop, el glam, la sicodelia y el funk, todo pasado por el filtro cavernoso y embriagador de sus guitarras alimentadas por pedaleras llenas de efectos (delay, wah-wah, fuzz), y donde da rienda suelta a riffs y solos que nos guían a un paseo sonoro cautivante y sorpresivo. De sus 75 minutos no sobra ningún segundo, lo que es un verdadero desafío en nuestra era de inmediatez y con las nuevas reglas de la industria discográfica.

Cada una de las canciones del disco están perfectamente trabajadas, desde el saludo/homenaje a Neil Young y sus Crazy Horses en ‘Fanny Dog’, hasta la bomba de solos de guitarra que es ‘And, Goodnight’ con sus doce minutos de improvisación y viaje sicodélico. Entre medio, muchos recovecos para adentrarse en este trabajo y encontrar un montón de asombrosos detalles musicales, como ‘Despoiler of Cadaver’, con sus baterías programadas y un sonido disco/funk empapado de glam rock; la explosiva ‘Talkin 3’, llena de ímpetu hardcore y unos bronces en clave jazz que van quebrando todo a su paso; o sin mucha explicación, pasar a una canción lenta como  ‘Cry Cry Cry’, que comparte su espíritu beatle con el de T. Rex por partes iguales; o al country folk de acento sureño que es ‘My Lady is on Fire’. Todas las facetas que muestra Ty Segall acá están para incomodar a los críticos y demostrar que parte de su talento radica en saber elegir y usar lo bueno de cada inspiración para después moldearlo a su manera con total libertad. Como lo expone en la letra de ‘I'm Free’, subrayando su filosofía: “Late at night when I'm all alone / No distractions, nobody's home / I'm not the person you think I might be / I'm someone different, I'm free”.

Cuando uno termina de escuchar el disco, comprende que todo lo grabado anteriormente puede tomarse como una especie de ensayo para llegar a su plan maestro: la creación de algo epopéyico, del porte de los grandes álbumes de extensa duración que hay en la discografía del rock. Desde los clásicos “White Album” y “Physical Graffiti” hasta los modernos “Mellon Collie & The Infinite Sadness” y “The Fragile”. Al igual que estas obras maestras, “Freedom’s Goblin” mantiene un hilo sonoro-conceptual, pero navega con total libertad –y a pulso– por los senderos de la música pop, sin naufragar en el intento (como si lo hizo en 2014 con “Manipulator”), demuestrándo que éste no es un álbum más en su discografía.

La fórmula mostrada por Ty Segall está lejos de mostrar agotamiento, ya que es un compositor que prefiere el riesgo. En esa constante búsqueda, perfeccionó su sonido y expandió sus propias fronteras, celebrando la libertad como motor para componer, sin perder la fiereza y prolijidad que ha forjado con los años. “Freedom’s Goblin” resume de manera efectiva tanto ese viaje personal como todas sus influencias, constituyendo un disco que puede parecer difícil, pero que tiene canciones para ser masivo y adictivo, y convertirse en un referente del espíritu de la música de nuestro tiempo.

César Tudela

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