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Eliminator

Eliminator

Eliminator

Miércoles 27 Julio, 2011
1983. Warner

Hay un importante número de bandas de “rock clásico” cuyo legado se sostiene en Chile de manera silenciosa, a veces indirecta, incluso tácita. Son aquellas bandas que no están en las ligas de los súper ventas, de las mega giras, sino que de manera casi inevitable, una vez que su momento de gloria ya quedó atrás hace largo tiempo, posicionaron su música principalmente en las radios de classic rock de todo el mundo, mandando a sus canciones a recorrer el planeta, a influir espíritus y a enriquecer oídos. Lovin’ Spoonful, The Kinks, Bad Company o Thin Lizzy son buenos ejemplos de ello. ZZ Top también. Aunque con algunas distinciones. Como que el disco que vamos a comentar vendió 10 millones de copias. Y acá siguen sin ser muchos los que se dan por enterados.

Haz el ejercicio matemático de cuántas canciones crees conocer de ellos, y ni siquiera te imaginarás cuántas otras no les conoces el nombre o no tienes idea que son de ellos. Y de los nombres de los discos, ni hablar. Pero aquí estamos, haciendo justicia con estos tres ya veteranos personajes, amantes del rocanrol, del blues, las guitarras, la cerveza y las mujeres. Y con un disco que describe quizás mejor que ningún otro lo que es el alma de esta banda: “Eliminator”.

Quizás no tenga la pureza de raíz que abrumaba y entusiasmaba en “Tres Hombres”. Probablemente suena más “moderno” que buena porción de su catálogo. Pero tiene algunas de las canciones más irresistibles de su historia. Y más onda que la gran mayoría de los discos surgidos en esa década, la de los ochentas, cuando todos creían ser tan onderos. He ahí quizás el motivo porqué este disco los hizo tan populares en aquellos años: algo especial y distintivo hay en “Eliminator”.

La vibra blusera que tan reconocible se hace en sus discos de los setentas se combina en “Eliminator” con sintetizadores, secuencias y un sonido mucho más robusto, para dar con la fórmula perfecta. Nadie podría decir que es un disco “pasado a ochentas”, ni que está añejo o su estilo había pasado largamente de moda. Incluso hoy, hacerlo sonar en fiestas, asados o en la radio del auto sigue siendo una buena idea.

Para que un álbum venda esa cantidad de copias, uno supone muy buenos singles. Bueno, acá los tenemos. Uno de ellos abre el LP, de hecho. ‘Gimme all Your Lovin’’, con un riff de esos que suenan inmensos en los estadios, y en general una potencia guitarrera demoledora, es de esos éxitos instantáneos. De esas canciones construidas en torno a dos o tres elementos y el resto lo hace el oficio y la onda del grupo. De entrada se aparecen las secuencias, pero Billy Gibbons, el gran Billy Gibbons, no permite que uno se distraiga en “detalles”, y se roba la película a cargo de las seis cuerdas. Lo hará durante todo el camino del disco. ‘Got Me Under Pressure’ tiene guiños de old school rock & roll, aquel que pobló el mundo entre el éxito de Bill Haley y la irrupción de The Beatles. Es una canción demasiado entretenida como para dejar pasar.

Hablar de la “mejor canción” de ZZ Top puede dar para un buen rato. Por eso, prefiero hablar de “mi favorita”. ‘Sharp Dressed Man’ es excesivamente ondera, taquilla, potente y adictiva. Y machista. Pero qué se le puede hacer, todas las chicas se vuelven locas con un hombre bien vestido. Qué riff. Qué solos de Gibbons. Qué coro más efectivo. Hay bandas que demoran años en desarrollar una personalidad única. Pero qué pocas son las capaces de componer canciones como éstas, con tanta vida, tanta presencia. ‘Sharp Dressed Man’ incluso tiene su propio ego. Y cómo no. Es para escucharla 1.500 veces y nunca cansarse.

‘I Need You Tonight’ es lo más parecido a una balada que encontrarán en “Eliminator”. Pero no está ni cerca de ser una balada en realidad. Es una canción lenta. Es sexy. Es sexo. Es blues, también. Nada que ver con ‘I Got the Six’, tema en el cual Dusty Hill se toma la voz principal, y rocanrolea de gran manera. Además, es en este tipo de tracks donde mejor se siente el fiato que posee con Frank Beard, conformando una dupla rítmica dura de matar.

El beat de ‘Legs’ es hipnotizante. La fineza de Billy en la voz es perfecta, y nos encontramos además con una de las melodías más delicadas en la carrera de ZZ Top. La magia está en convertir aquello en un single de pista de baile, pero que también se defiende en los ambientes más duros del mundo. Temazo.

‘Thug’ es quizás el momento más ochentero del disco, pero también deja establecido que por más se hayan atrevido a innovar con sintetizadores y efectos de sonidos varios, esta es música para tocarse en vivo. Como todo lo que ZZ Top ha hecho alguna vez, no hay misterio en ello. ‘TV Dinners’ juega además con una música bien peliculesca pero por otro lado te habla de enchiladas, pollos y salsas. Para estos viejos zorros, nada puede ser tan serio.

‘Dirty Dog’ es la luz destellante en medio de la noche que te avisa de la existencia de una fiesta, de chicas y a la larga de diversión. Como habrán notado, todo en “Eliminator” gira en torno a las mujeres, para bien o para mal, pero ese es el motor de ZZ Top. La diferencia es que ellos lo hacen con clase, pese a que ‘If I Could Only Flag Her Down’ pueda parecer tan visceral. Canciones de conquista, canciones para un conquistador. Y canciones de despecho, si se puede decir, como ‘Bad Girl’. Claro, no es esa descarga de sentimientos tan amarga y sufrida. No, Gibbons sabe que la noche sigue adelante, y así también la fiesta. Para infortunio nuestro, el disco sí tiene un punto final, y es precisamente en ‘Bad Girl’.

Qué disco más simple. Qué fácil de escuchar. Nada en el mundo de este trío histórico del rock-blues gringo (de dónde más podrían ser) es tan difícil, tan complicado ni tan pretencioso. No por eso se les va a pasar por encima, no por ello se les va a dejar en el olvido, ni mucho menos vamos a desmerecer su obra.

Billy Gibbons, Dusty Hill y Frank Beard, ZZ Top, o la banda de las largas barbas, por si se les hace familiar la descripción. Tres músicos que en pleno apogeo de Zeppelin, Grand Funk, Clapton y los Stones en los setentas, supieron simplificar a niveles casi caricaturescos la manera en que se presentaba el blues a las masas y le incorporaron una desvergonzada raíz carretera que ni la dupla Jagger y Richards pudieron alcanzar. Quizás no les interesaba. Quizás a ZZ Top tampoco.

Juan Ignacio Cornejo K.

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