Se encuentra usted aquí

Spiritual Unity

Spiritual Unity

Spiritual Unity

Albert Ayler Trio
Viernes 24 Abril, 2015

1964. ESP
 
Si Albert Ayler hubiese sido escritor, estaría entre los Hemingways, Kerouacs, Bukowskis, Millers, y toda una amalgama de escritores malditos. Pero no blasfemos. Ayler fue un ser sumamente espiritual, quizás el más devoto de su generación. Un tipo cercano a la santería y a lo etéreo, que en el momento de sacar sus chirridos en el saxofón, invocaba a todos los fantasmas dispuestos a acudir al llamado.
 
Su música no era terrenal, pero sí cruda. No había exceso, pero sí un ansia feroz por desprenderse de todo, de dejar volar la imaginación y adentrarse al lado fantasmal de esta vida. Y su muerte, el 5 de noviembre de 1970, es la prueba fehaciente de ello: encontrado en el East River, ahogado, como un vagabundo, dio a su estampa y a su figura un grado más allá que la del clásico rupturista del jazz de aquella época, en que el free y el jazz-rock comenzaban su incipiente y loca carrera por demostrar qué forma era la válida para, de una vez por todas, devolver la “raíz negra” al jazz.
 
Ayler no nació ni de quintetos, ni al alero de grandes figuras. Era un paria. Un ignorado por los círculos del jazz. El saxofonista, en su natal Cleveland, se hizo un pequeño nombre por estar en bandas de R&B. Su tono y sonido característico, los altos, le valieron el apodo de “Little Bird”, en alusión a la similitud con el gran Charlie “Bird Parker en los mismos rangos. Es en su período en las Fuerzas Armadas norteamericanas, por los años 1958 al 1961, en que entra al mundo del jazz, en las orquestas militares. Otro dato curioso: mientras Coltrane aún buscaba el punto preciso para explotar, Ayler ya lo hacía. Tanto, que le valió el rechazo en su propia tierra natal. Conocido es el dicho que “nunca se es profeta en su propia tierra”. Ayler lo vivió en carne propia.
 
Europa lo recibió, mientras era contratado esporádicamente por Sonny Rollins y Cecil Taylor, dos figuras magnánimas e insignes del jazz. Sin embargo, es en Dinamarca donde Ayler explota y desarrolla una sonoridad como ningún saxofonista lo había efectuado antes. Un timbre desgarrador, con constantes aullidos, bramidos, libre de toda atadura métrica o rítmica. Eso se capitalizó con el nacimiento del arcano sello ESP y el primer gran golpe de Ayler: “Spiritual Unity”.
 
Quizás con este disco se haya reunido el más poderoso y libertino trío de jazz de la historia moderna, en un tema largo para los estudiosos. Por lo pronto, un joven Gary Peacock en el bajo deslumbra con su técnica casi sin fijaciones rítmicas, sin el tradicional “walking” ni nada por el estilo. La batería de Sunny Murray  también es absolutamente desbocada e intrigante. Su fuerte está en atacar de manera constante y arítmica los platos, ya sea el hi-hat, el ride, y en ciertos momentos acercarse a la caja para acariciarla salvajemente.
 
Y Ayler, es un monstruo. Líricas sumamente emotivas, acompañadas luego de bramidos y chillidos. Verdaderas voces fantasmales salen del tenorista, el que invoca a múltiples estilos, en particular el gospel y un primitivo y casi tribal R&B. Pero esto es “Free”. No hay nada preconcebido. Los temas parten en una voz y culminan prácticamente en otro tiempo, fuera del acorde. “Spiritual Unity” da la sensación de un vómito de jazz más que de una pieza cohesionada, pero para los incrédulos esta placa posee una fuerte coherencia, que radica con ver el lado etéreo de la música del trío.
 
Los temas son de ese calibre. Las dos variaciones de ‘Ghost’, que aparecen el álbum, muestran a este increíble trío lleno de una fuerza y vitalidad asombrosa. Ayler, descollando y sacando a relucir su mejor arsenal, mientras que Peacock y Murray resaltan por esa “anti-base”. No hay una sección rítmica. Todo es improvisación y sonidos poderosos.
 
Lo mismo acontece con ‘The Wizard’, corte que descolla y sorprende. Hablamos del año 1964. Es uno de los primeros trabajos que edita ESP y, en Europa, causó que Ayler se convirtiera una especie de figura misteriosa y arcana. Un viejo chamán que, con el punzante y agudo sonido de su saxo, es capaz de invocar a extraños seres y conjurarlos para su sonido y el de generaciones futuras. Lo mismo sucede con ‘Spirits’. Un llamado desesperado de la verdadera poesía que Ayler extraía de su saxo, al que acompaña de excelente forma dos grandes como lo son Peacock y Murray.
 
La influencia de Ayler fue tanta, que el mismo Coltrane adoptó el especial sonido del ilustre desconocido y lo llevó al tapete cuando estaba en el sello Impulse!, por el período de los sesenta. De hecho, Coltrane fue el que luchó por la aceptación de Ayler en su tierra, logrando que firmara para dicho sello.
 
No obstante, el sonido de Albert nunca fue bien recibido. Un paria entre los suyos, en especial si consideramos que en el período anterior a su muerte innovó tanto con instrumentos eléctricos como con raigambres del jazz, que perfectamente pudo haber sonado en esta época y ser verdaderamente reconocido. En Europa, en cambio, la historia es diferente. Músicos como Peter Brötzmann, Mats Gustaffson, Evan Parker, todos ligados al Free Jazz, son sus herederos directos. Ni hablar de John Zorn, que en sus tonos  y desgarradores chillidos tiene algo de Ayler metido en su lírica.
 
Sinceramente, creo que el verdadero pionero del Free Jazz, con todas sus letras, fue Albert Ayler. Y la primera gran obra de esta parte del jazz, fue, sin duda, “Spiritual Unity”.
 
Felipe Kraljevich M.

Tags: 

COMENTARIOS

Contenido Relacionado

Tipo Banda Título Hace...
Artículos Annette Peacock Annette Peacock: La artista correcta en el momento equivocado 1 semana 7 horas
Novedades Sunny Murray Muere importante baterista free-jazz, Sunny Murray 1 mes 1 semana
Artículos BLACK MUSIC - Free jazz y conciencia negra 1959-1967 3 años 8 meses
Novedades Falleció saxofonista avant-garde JOHN TCHICAI 5 años 3 meses
Novedades 13 miniaturas para ALBERT AYLER 5 años 4 meses