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Head Hunters

Head Hunters

Head Hunters

Jueves 30 Junio, 2011
1973. CBS Records
 
Un nombre insigne en el desarrollo histórico del jazz es Herbie Hancock. Dueño de un talento y creatividad sin igual, se transformó en una personalidad admirada y respetada por la audiencia y sus pares. Entre ellos, el gran Miles Davis quien lo catalogó como un músico de excepción, en momentos en que ambos realizaron colaboraciones musicales a lo largo de la segunda mitad de los años sesenta.
 
Hancock sorprendió desde sus inicios con complejas composiciones y un estilo único e irrepetible en la ejecución musical. En este contexto, un hito importante ocurrió en 1964, cuando aparece en el mercado el disco “Empyrean Isles”, donde se incluyó el tremendo clásico “Cantaloupe Island”, junto con obras que compuso más adelante como el delirante soundtrack de la cinta “Blow Up” de Antonioni.
 
En 1969, Davis patenta las directrices que seguiría el jazz durante la siguiente década, con la edición de “In A Silent Way” y “Bitches Brew”; en el primero, Hancock se hizo cargo de las teclas. Sin estos antecedentes, no se entendería el rumbo que tomó Herbie en los años posteriores, donde existe otro factor a considerar: su conversión al Budismo, que fue el punto determinante en su intención de hacer feliz al público mediante su música.
 
En momentos en que la generación dorada del jazz contemporáneo (leáse McLaughlin, Zawinul, Corea y otros) transitaban por diferentes caminos, todos muy interesantes por cierto, Hancock comenzó una exploración que culminó con la fusión de este género musical con el funk, algo novedoso y que terminaría por convertirlo en un pionero. Así formó un conjunto denominado “The Headhunters”, compuesto por Bernie Maupin en instrumentos de viento, Paul Jackson en bajo y marimba, el percusionista Bill Summers y el batero Harvey Mason. Todos ellos bajo el mando en las perillas de Fred Catero, quien incluía en su currículum algunos notables trabajos como “Abraxas” de Santana.
 
El disco homónimo fue lanzado en 1973, sin mayores pretensiones ya que se trataba de una obra compuesta por sólo 4 temas, todos extensos, y una llamativa portada donde en primer plano aparecía un extraño bicho amarillo (representando el rol del líder), secundado por lo demás integrantes con un fondo azul. Los resultados fueron impresionantes: la placa se transformó en la más vendida en la historia del jazz fusión, y cada uno de sus cortes son absolutamente imprescindibles en la música popular, por la simple razón de que nunca se había creado algo así.
 
“Headhunters” engancha desde un principio, ya que me atrevo a señalar que “Chameleon” es uno de los temas más impactantes que he escuchado en la vida. Comienza con las clásicas notas del minimoog que se mantienen prácticamente a lo largo de los 15 minutos y 45 segundos de duración, junto a  la inclusión de la banda en un ritmo totalmente sincopado y funky, y con un riff fácilmente reconocible, que corre por cuenta de los vientos y el sintetizador. Asimismo, Harvey Mason demuestra que es uno de los grandes bateristas, con cambios repletos de magia y potencia.
 
Demás está decir los méritos de Hancock, quien se luce con los diferentes teclados utilizados, mezclando una serie de estilos. Hacia la mitad, surge un excelente dúo de batería y bajo, fuera de serie, para dar paso a una etapa más compleja, cuyo protagonista es el Fender Rhodes, todo esto con una magistral atmósfera creada por las cuerdas sintetizadas. Luego de esta demostración de genialidad, vuelta a la estructura inicial, con un soberbio solo de saxo de Bernie Maupin, extenso, sólido y preciso. “Chameleon” es algo tan indispensable y sin punto de comparación que otros adjetivos surgirán al momento de que cada uno lo escuche.
 
El segundo track definitivamente vuela la cabeza. Vamos por partes. En el primer disco de Herbie, de 1963, se incluyó una original composición que lleva por nombre “Watermelon Man”; 10 años después, el “hombre sandía” reaparece, con una novedad absoluta que se tradujo en los clásicos sonidos del principio, una extraña mezcla de voces a la que luego se une el bajo, con una métrica y secuencia de acordes que ha sido alabada y reconocida como influencia por muchos bajistas. Nuevamente el Fender Rhodes juega el papel principal, en compañía del saxo, y Mason como siempre, un genio a cargo del beat, lleno de onda. En resumen, un tema excepcional.
 
En circunstancias en que hemos pasado por dos piezas tan potentes, se podría llegar a pensar que el resto no es de similares características, cosa que claramente no es así. “Sly” es el tema que continúa, lo más funk de “Headhunters” y cómo no, si el nombre manifiesta que se trata de un homenaje a otro maestro de este estilo, Sylvester Stewart, más conocido como “Sly Stone”. Este corte deja claras las condiciones virtuosas de cada uno de los miembros de “The Headhunters”: psicodelia mezclada con free jazz, junto a sonoridades heredadas del Bebop; o sea, una fusión de varios géneros en 10 minutos. Fenomenal, con el permanente elemento de la sorpresa, ya que cada vez que se escucha es posible encontrar más sonidos escondidos.
 
Para finalizar, “Vein Melter”, solemne creación, que consta de un ritmo incesante de las percusiones, sin mayores variaciones, poniendo énfasis en los matices que producen los instrumentos presentes y la estructura general, donde hay espacio para exploraciones sonoras de cada uno de los ejecutantes, que confluyen en un todo magistral.
 
“Headhunters” marca un punto referencial en el jazz moderno; después de esto, nada volvió a ser como antes, y muchos se guiaron por este manifiesto para posteriores creaciones. Incluso el propio Hancock, quien ha reconocido en varias oportunidades que este álbum ha sido su obra y gracia. Personalmente, pienso que el gran plus es la majestuosa calidad junto con un sonido imperecedero, han transcurrido 35 años desde su edición y perfectamente podría haber sido lanzado ayer. Además es un disco transversal, en cuanto a la riqueza sonora que encontramos en cada una de sus canciones, como en lo que genera para los auditores, ya que grandes y chicos pueden maravillarse de igual forma. Evidentemente, sin “Headhunters” el jazz y el funk no serían como los conocemos hoy, y eso es un aporte indiscutible.
 
Emilio Garrido Riquelme.
 

 

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