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Space Shanty

Space Shanty

Space Shanty

Jueves 30 Junio, 2011
1972. Deram (Decca)
 
Un disco maravilloso, injustamente relegado a un segundo plano histórico. En un comentario que hice al gran “Fish Rising”, debut como solista del eximio guitarrista del Canterbury, Steve Hillage, nombré “Space Shanty” como uno de los mejores y más subvalorados trabajos del rock inglés de los ’70, proveniente de una banda que lamentablemente y por diversos problemas, no logró pasar de esa entrega, perdiéndose en el recuerdo de unos pocos, y manteniéndose en la ilusión de los que se les acercan y los conocen.
 
Khan se formó en Canterbury en 1971, luego que Steve Hillage abandonara la universidad y decidiera dedicarse al rock, en una carrera que en 1966 ya lo había visto formar, junto a Dave Stewart, Clive Brooks y Mont Campbell, a Uriel, banda de blues, que luego de su partida, continuó sin guitarrista, cambió el nombre a Egg y entregó tres trabajos que se encuentran entre lo más sinfónico, cerebral, progresivo y oscuro del Canterbury, como “Egg” (1970), “The Polite Force” (1971) y el póstumo “The Civil Surface” (1974). La alineación de Khan se completaba con el bajista Nick Greenwood (proveniente de The Crazy World Of Arthur Brown, una de las glorias de la escena psico-blues underground británica), el recientemente fallecido baterista Pip Pyle –que duró sólo un par de ensayos porque fue requerido en Francia para integrarse a Gong- y el tecladista Dick Henningham.
 
Pyle fue reemplazado por Eric Peachey, y pronto emigró Henningham. Entonces para grabar el disco que ya tenían preparado, consistente en seis temas que Hillage compuso mientras asistía a clases, éste llamó a su partner Dave Stewart, quizás el mejor y más completo tecladista del Canterbury, para hacerse cargo de las teclas. Aprovechando su amistad con los integrantes de Caravan, Hillage entusiasmó y convenció a su manager, Terry King, de asesorar a Khan, conseguirles tocatas y ayudarlos con el disco, que grabaron a fines del 71 con la producción de Neil Slaven, y el trabajo como ingeniero de George Chkiantz (The Jimi Hendrix Experience y King Crimson, entre otros).
 
“Space Shanty” llama inmediatamente la atención por su excelente sonido, y por mostrarnos un estilo progresivo espacial que, lejos de ser tedioso amalgama, de un modo simple y casi mágico en su fluidez, la espacialidad onírica y bucólica de los primeros años del prog con el hard rock más caliente de Black Sabbath o Deep Purple, en riffs que automáticamente remecen, todo dentro de un carácter épico que se nota sobre todo en los coros a dos voces, donde las notas largas, altas, y a voz en cuello alcanzan un alto nivel emotivo. El primer tema, que da nombre al disco, presenta en algo más de 9 minutos todos estos elementos, sumando una parte media instrumental de gran belleza, calidad y efectividad, con solos inspirados de guitarra y teclado sobre una base muy pesada, que dan paso a remansos maravillosos y un cierre orgásmico que deja la expectativa muy arriba para lo que viene.
 
‘Stranded Effervescant Psychonovelty no. 5’ es el tema que sigue, y es sin dudas uno de los momentos más altos de este trabajo. Desde ese comienzo sutil y acústico, la entrada del teclado que crea atmósferas y el piano mágico, que da paso a esa voz nasal de Hillage que canta ‘We escaped from the city...’ subimos a alturas inimaginables, en un tema a 7/4 que emociona, remece, y hace alucinar con su parte media instrumental, donde se suceden los solos fluidos sobre una base compacta que nos van mostrando Greenwood y Peachey: primero el órgano, preciso sobre una métrica más acelerada de 7/8, luego de un riff potente –donde vuelven al 7/4- la guitarra se pasea por los dos canales haciendo punteos suaves y sensibles que traen a la memoria al gran Steve Hackett, para pasar a un fino punteo de guitarra acústica y de ahí volver a la estructura de estrofa y coro con la que empieza el tema. Un momento que puede seriamente transformarse en inolvidable para quien sea persuadido por estas líneas y quiera hacerse del disco.
 
Se funde el final de ‘Stranded’ con el comienzo de la potente ‘Mixed Up Man Of The Mountains’, uno de los cortes más rockeros, donde la voz de Nick Greenwood, lírica y más emparentada con el hard rock y el heavy metal, pasa al primer plano en los momentos cantados del tema. Único tema donde Greenwood aporta compositivamente al trabajo casi total de Steve Hillage, nos acerca en ciertos momentos muy virtuosos al Zappa de los primeros ’70 -más específicamente esa formación con los dos vocalistas de The Turtles-, para luego volver al tono potente y a la vez sutil que hasta ahora nos ha mostrado Khan.
 
Lo más típicamente canterburiano de este álbum se encuentra en la saltarina y cálida introducción en 11/8 de ‘Driving To Amsterdam’, donde los solos, los diálogos de guitarra y órgano, y la base rítmica hacen una figura de la que luego una banda como Camel profitaría hasta el hartazgo en sus dos primeros discos, calcando hasta la forma del  sonido y la producción (la otra banda a la que Camel le tomó más de una idea fue a Caravan, pero esa es otra discusión). Con sutileza, pasamos a una sección más levitante donde entran las voces, un nuevo coro de esos que se quedan grabados por la emotividad, y la estructura que se vuelve a repetir, nuevamente con muy buenos resultados. Otro punto alto en un trabajo que a estas alturas también llama la atención por lo parejo.
 
Continúa la experiencia con esa demostración de fiato y lucimiento técnico que constituye la intrincada ‘Stargazers’, con esa intro que nos lleva de inmediato a ‘Tarkus’ de ELP, mostrándonos que incluso en los escapes más complejos la banda no pierde el horizonte y se mantiene afiatada y con un claro objeto en mente. Notable es la sección media, donde cada instrumento parece irse en su propia exploración sin perder la base, y más notable aún es cómo vuelven, poco a poco, de ese viaje perceptivo para cerrar el tema con ese mismo método circular que firman todos los demás cortes.
 
A esta regla le hace una excepción el magistral cierre ‘Hollow Stone’. Delicada y sutil, mantiene la emotividad muy alto y aquí alternan la voz principal entre Hillage y Greenwood. Cuenta con una parte a la cual se asemeja mucho el comienzo de ‘Pigs’ de Pink Floyd, para disolverse lentamente en la forma de un riff monolítico, repetitivo y pesado que se va de a poco, dejándonos en el mismo espacio que el disco nos promete desde su título y su arte de portada. Es un trabajo aéreo, magnífico e inolvidable para quienes se cruzan con él en algún momento de su historia melomaníaca. Grande, muy grande.
 
Pedro Ogrodnik C.

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