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Disco Volante

Disco Volante

Disco Volante

Jueves 30 Junio, 2011
1995. Warner Bros.
 
Incuestionablemente uno de los discos más relevantes, originales e influyentes del rock experimental de la década 90, es este extraordinario segundo álbum de Mr.Bungle. Aunque para muchos, un trabajo excesivo y desbordante en relación a su debut homónimo de 1991, más circense y fácil de digerir, la verdad es que con “Disco Volante” la banda profundizó su propuesta, llevando corrientes musicales como el metal, el avant-garde, la electrónica, el jazz e incluso el tango y la música italiana, hacia lugares lejanos y bien altos, que en muchos casos, sufren una desintegración, mutación, o en palabras de Brian Eno, “deconstrucción”. A través de un eclecticismo extremo, Mr.Bungle erigió un tipo de música, justamente definida por no ser de ningún estilo y al mismo tiempo, de muchos. Interesante al menos.
 
Quizás este disco, de algún modo, represente una especie de burla hacia tendencias delimitadas y cerradas, con una actitud abiertamente iconoclasta, pervertida, revolucionaria en lo musical y rebelde ante la industria, que siempre ha tratado de encasillar para vender todo como un producto más. A eso, Mr.Bungle respondía con una placa que no sólo se sentaba sobre el sentido común, sino que también asustaba a los mismos que habían elogiado su debut del “payaso”. Una placa a todas luces para oídos abiertos a ultranza, que no escatima en el riesgo sonoro ni da concesiones de ningún tipo a los amantes de uno u otro género.
 
Otro punto importante en relación al éxito y repercusión de “Disco Volante”, obviamente fue el impacto mainstream que en los 90 obtuvo Faith No More. No me cabe duda que sin esa relación y apoyo mediático, el álbum no hubiese tenido el alcance que generó. Con esto, Mr.Bungle jugó un papel crucial, tal vez junto a Primus, de llevar la música experimental, hacia un mundo mucho más masivo, antes relegado a melómanos, coleccionistas y exploradores del underground. Sin embargo, más allá de la fama o no fama de la agrupación de Eureka, nos topamos con un disco asombroso por su complejidad, variedad y audacia estética.
 
Antes de entrar a lo netamente musical, no podemos dejar de comentar el sugestivo e inquietante arte del disco. La portada con un ojo en primer plano mirando a través de una especie de insecto seco y la imaginería de exploración submarina con batíscafos y  buzos de antaño, son un marco gráfico perfecto para las aguas musicales turbulentas y experimentales que ofrece el disco.
 
El álbum asusta de inmediato con el tema de apertura “Everyone I Went to High School With Is Dead”, donde esas melodías casi tribales, ritmos desquiciados y angulares, se unen al sonido muy denso que combina experimentación electrónica y metal, con ese bajo distorsionado tan propio de Trevor Dunn. Las cosas se ponen más lúdicas en “Chemical Marriage”, con diversos diálogos vocales y un juego instrumental notable, donde llama la atención como el grupo dispone sin prejuicio de las sonoridades.
 
Uno de los puntos altos del disco llega con los nueve minutos de “Carry Stress In the Jaw”. Lo primero que entra al oído es esa impresionante figura de bajo y saxo que entregan una rapidísima introducción al unísono, para ingresar de lleno a un tema que resalta por su impresionante línea de batería, que luego pasa a una sección esquizoidemente metalera, donde un riff endemoniado creado por Trey Spruance es matizado con un solo de saxo y un grito para despertar a los muertos de Mike Patton.
 
Sin embargo, pasado unos minutos, la composición se convierte en una mezcolanza deforme de sonidos que chocan y se entrecruzan, más que nunca hasta este momento, haciendo plausible la hipótesis de “desintegración de los estilos”. La pieza se sigue desarrollando con intensas partes, donde no podemos dejar de mencionar la armonía de bajo y voz de ribetes marcianos, los elementos más jazzeros o la utilización de la ocarina como uno de los instrumentos no tradicionales ocupados en la obra.
 
El tema da un giro absolutamente impensado cuando el sonido distorsionado pasa a guitarra eléctrica limpia y Patton comienza a hacer de las suyas con variadas vocalizaciones, de las cuales destaca una especie de imitación de un viejo enfermo o algo parecido. Existe predominancia de los teclados como soporte sonoro, caracterizados por variadas partes melódicas y texturiales. Nueve minutos que no dan segundo de tregua y en el que cada detalle, está puesto con un sentido musical pensado estrictamente.
 
El techno experimental o electrónica de avanzada se hace presente en un temazo como “Desert Search for Techno Allah”. Mr. Bungle demuestra nuevamente que no es una banda determinada por un sonido ni menos por una técnica rígida para crear música. El track resalta por llevarnos desde el extremo de la solemnidad hasta momentos didácticos y casi humorísticos. El amor de Patton y compañía por las películas de la mafia italiana es patente en la enigmática “Violenza Domestica”, con sonidos tradicionales de Sicilia, combinados con una sección de un radiante tango instrumental con Lisandro Adrover en el bandoneón. Mafia, vanguardia y tango en una sola pieza. Nada extraño en el concepto “bungleliano”.
 
Tras el sarcasmo lírico y la perversión sexual de “After School Special”, quizás la pieza más “normal” del disco, entramos de lleno a la segunda parte de la obra. Una igual o más ecléctica y densa que la anterior, partiendo por el metal abstracto de “Plhegmatics”, donde una melodía vocal cadenciosa se sumerge en secciones instrumentales insoldables para la descripción lingüística, pero donde incluso hay un acercamiento a la composición docta contemporánea. Uno de los temas más entretenidos y detallistas de “Disco Volante”, claramente es “Ma Meeshka Mow Skwoz”. Una infinidad de ruidos y fragmentos instrumentales múltiples se unen a la melodía rapidísima realizada al unísono por saxo, voz y sonidos electrónicos, en la pieza más cercana a la música de cartones de la placa.
 
Disipando cualquier sentido de canción y melodía definible y estable, el disco sigue con los diez minutos de experimentación absoluta representada por “The Bends”. Aquí hay de todo. De lapsos circenses a ruidismo puro; de exploración electrónica a momentos clásicos; de música de película de terror a noise desatado. “The Bends” es el estado de desintegración total en el álbum. Los estilos tratan de emerger pero colisionan unos con otros sin predominar ninguno. Nos enfrentamos a un verdadero limbo o purgatorio de las tendencias musicales, donde no pueden pasar ni al cielo ni al infierno, atrapados en una especie de pesadilla de la que no se puede escapar.
 
Para distender un poco la densidad sónica, le sigue la más accesible y juguetona, como extraída de una película muda, “Backstrokin’”, para luego pasar a otra de las piezas trascendentes de “Disco Volante”. El jazz-metal de “Platypus” abre una nueva visión musical, poniendo un riff pesadísimo junto a secciones de jazz de fina cepa, con aportes vocales notables de Patton. Una pieza que también se desintegra en segmentos que van para distintas direcciones y que en algún momento, confluyen en una lógica musical coherente: funk, jazz, rock pesado o música de cartones.
 
El final no podía ser otro. “Merry Go Bye Bye” comprueba lo que venimos diciendo desde un principio acerca de la “deconstrucción” de los estilos. Vamos por parte. El tema o la creación musical de casi 13 minutos, comienza simpáticamente, con una melodía para niños, pero que, en una ironía magnífica, habla de suicidio, vergüenza y de “que la muertes fueron falsificadas y las risas eran sollozos”. Una crítica descarnada a la religión y a la futilidad del concepto de Dios. Pero de pronto, la tonada amigable, se transforma como una bestia en un death metal delirante y primitivo, que por momentos, viaja a chirridos electrónicos. Al final, llega la emotividad ambiental, solamente con una base de teclado para Patton, para terminar con un coro triunfal.
 
Los cinco minutos que sirven de epílogo, están compuestos de silencios, partes desmembradas, ruidos múltiples, fuertes golpes y trompetazos. De este modo, Mr.Bungle demuestra que en la búsqueda radical de una estética musical propia, tuvo que deambular por un inmenso limbo estilístico, llevando a cada una de las tendencias,  hasta el extremo de destruirlos. Un limbo que en todo caso, se encausaría cuatro más tarde, con la edición de un sucesor lógico y complementario como “California”.
 
No hay otra banda o proyecto en el que haya participado Patton tan versátil, dinámico, detallista y complejo como Mr.Bungle. Con sólo tres discos editados en una década, la banda abrió las mentes a nuevas experiencias musicales en los oyentes, entendiendo que se podía llegar a públicos heterogéneos arriesgándolo todo, con un respaldo tan potente de unos Faith No More que no paraban de crecer en prestigio y popularidad. “Disco Volante”, en un momento único de la historia musical, fue un verdadero trampolín para que contemporáneos y sucesores, se dieran cuenta que las fronteras musicales son infinitas. 
 
Héctor Aravena A.
 

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