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Ernesto Holman EtnoJazz Trío: Tradición chilena-mapuche en el jazz actual

Ernesto Holman EtnoJazz Trío: Tradición chilena-mapuche en el jazz actual

El inolvidable lanzamiento del disco “De Raíz”
Ernesto Holman EtnoJazz Trío: Tradición chilena-mapuche en el jazz actual

Jueves 28 de abril de 2016, Teatro Nescafé de las Artes

A estas alturas es un hecho científicamente comprobado, pero no está demás reafirmarlo. Ernesto Holman es uno de los músicos más relevantes de nuestro país, no porque sea un virtuoso del bajo, sino que porque ha sido capaz de sintetizar las raíces musicales chilenas y mapuches, para llevarlas a un lenguaje musical contemporáneo, como es el jazz eléctrico. 

Así como Jaco Pastorius, a quien Holman tuvo la suerte de conocer, supo condensar sus propias raíces de la música estadounidense y entregarla a sus contemporáneos de manera renovada, Holman ha hecho algo muy parecido: actualizar la música chilena para que esté a tono con los tiempos modernos, pero sin perder un ápice de autenticidad. Es vanguardia, pero, al mismo tiempo, folklore en estado puro. Así es como avanza la cultura de los pueblos. Mirando hacia el futuro, pero sin olvidar el pasado. Artistas como Holman, son verdaderas antenas receptoras que tienen un pie en el pasado y otro en el futuro; son los puentes entre la tradición y un presente que se proyecta hacia el futuro.

Para qué hablar de su pasó por Congreso, con quienes grabó discos emblemáticos de nuestra cultura musical: “Viaje por la cresta del mundo” de 1981, “Ha llegado carta” de 1983 y “Pájaros de arcilla” de 1984, además de una carrera solista riquísima, que ha tomado para sí la gran herencia musical del mundo mapuche, de la gente de la tierra. En este sentido, el nuevo disco “De Raíz” que fue el motivo del conmovedor concierto, sigue en la línea de álbumes solistas de Holman como “Ñamco” de 2003 o “Al vuelo del Ñamco” de 2005.

Lo de ayer fue una fiesta para el espíritu, un encuentro entre hermanos con una cultura común, la expresión colectiva de un sentimiento grande y un concierto de una jerarquía alta, muy alta. A las 20:10 horas, Holman subió al escenario junto a su banda EtnoJazz Trío integrada por dos músicos de excepción: Gustavo Cerquerias en el piano y Josué Villalobos en batería. Tras los aplausos, el grupo comenzó la jornada con tres composiciones de “De Raíz”: ‘Pichi Choike’, ‘Que está en el cielo’ y ‘Tema en Re menor”. En todas ellas, Holman y compañía demostraron la calidad innegable de la propuesta. El sonido y la prestancia de los bajos de Holman es, simplemente, impresionante: un sonido poderoso pero, al mismo tiempo, en extremo definido. Por su parte, los aportes de Cerquerias y Villalobos se complementaban a la perfección, entregando, según el caso, matices sutiles, enérgicos, espirituales o nostálgicos.

La primera sorpresa de la noche, se produjo cuando subieron al escenario, dos bajistas que, sin duda, le deben una inmensidad a Holman y que además, mantienen un grupo estable: Trío de bajos. Ellos son Jorge Campos y Christian Gálvez. Juntos interpretaron una versión telúrica y de una intensidad indescriptible de “Pasto Seco”, otro de los temas aparecidos en “De Raíz”. Los tres bajistas se entendían de manera casi telepática, pues si Holman llevaba el peso armónico y melódico de la pieza, el bajo de Gálvez funcionaba como una guitarra, aportando con solos de gran radicalidad. Por su parte, Campos imponía toda esa profundidad telúrica, tan característica de su visión de la música en general y del instrumento en particular. 

 

Tras la ejecución de ‘Sentimental (canción de cuna)’, fue el turno de otro de los grandes invitados de la noche: Joe Vasconcellos. Holman tuvo elogiosas y sinceras palabras para el músico chileno-brasilero, quien subió al escenario con un cajón peruano, para interpretar a dúo una inmensa versión del clásico de clásicos de Congreso, ‘Hijo del Diluvio’. El tema comenzó con una alucinante improvisación percutida que, poco a poco, se fue transformando en ese verdadero himno de la música chilena. Fue un momento mágico, lleno de sentido profundo, amistad y admiración recíproca. El show continúo con una magnífica composición de Cerquerias llamada ‘Tierra Mía’. Una pieza llena de dinámicas, que viajó por diversas melodías y sonoridades de nuestra tradición musical, de “nuestra tierra nuestra”.

Luego fue el turno de un nuevo invitado: el músico mapuche Ramiro Railef. No podemos olvidar que Holman pertenece a una comunidad mapuche y que, como siempre lo cuenta con orgullo, tuvo una experiencia mística de encuentro con los antepasados de aquel pueblo, lo que, justamente, definió el camino musical en el que ha incursionado en sus últimos trabajos. En la cultura mapuche, Holman al fin encontró un camino musical que le hizo sentido, una significación profunda, que lo ancla a la tierra y a una sonoridad que, queramos o no, nos pertenece como habitantes de Chile. Holman contó una anécdota junto a Railef, que dio el paso para que este último llenara todo el recinto con el sonido ritual de la Trutruka. Recordando la “conquista” –más bien genocidio- español, juntos interpretaron el tema ‘Octubre’, con Railef en variadas percusiones latinas. 

La siguiente composición ‘Acahwal ül’ del disco “Ñamco”, siguió escarbando en las rítmicas y pulsos mapuches y, con la incorporación del saxofonista Jonathan Gatica y más tarde, con el virtuoso del pandero Jota Sepúlveda, Holman y compañía interpretaron una visceral versión de ‘Acuecado’, un imponente ejemplo de cómo Holman lleva la música tradicional chilena al mundo del jazz. Cueca jazz-rock. El solo de Gatica en saxo fue simplemente notable y desgarrador, mientras que el aporte de Sepúlveda en el pandero fue arrollador y demostró cómo un instrumento de percusión con tan pocos elementos, puede ser todo un hallazgo si se toca con talento y pasión. 

El gran final llegó con una interpretación de ‘Choike y Cueca’, con Holman y su trío, junto a todos los invitados que estuvieron a lo largo del espectáculo de más de dos horas de duración. Cada uno de ellos tuvo una sección especial. Por ejemplo, Vasconcellos con un solo de percusión notable y, claro está, el maestro de ceremonia Holman, demostrando por qué es el bajista moderno más importante de nuestra tradición. Fue una jornada inolvidable, de una calidad musical inquebrantable y, más importante aún, la fehaciente prueba de que con músicos de la altura de Holman, nuestro arte, nuestra cultura y nuestros valores, están a salvo.

Héctor Aravena A.
Fotos: Martín Fuentes.-

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