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Juana Molina: La misma pero siempre otra

Juana Molina: La misma pero siempre otra

Pop y vanguardia: la artista argentina en Chile
Juana Molina: La misma pero siempre otra

Sábado 12 de agosto de 2017, Teatro San Ginés

La inclasificable cantante, instrumentista y compositora argentina, Juana Molina y su trío, integrado por Odín Schwartz en guitarra, teclados y bajo, y Diego López De Arcaute en batería y percusiones, llegó a Chile para presentar su celebrado disco 2017, “Halo”. El teatro San Ginés, en pleno Barrio Bellavista, es un espacio inexplorado para espectáculos de música y el ambiente y la arquitectura del lugar, funcionaron de buena manera para tales efectos. 

Hasta el cuarto tema iba todo a la perfección, pero, lamentablemente, pronto comenzaron los problemas de sonido. Había un ruido que el sonidista no puedo arreglar y que, sin duda, afectó al normal desarrollo del show de la trasandina, que no le quedó más que tomarse el episodio con humor. Lo negativo es que estos inconvenientes le quitan dinámica y continuidad a la performance. Como sea, todo quedó más menos subsanado por la propuesta en extremo original de Molina, quien concentró el show en los temas de “Halo”, pero también viajó al pasado en su ecléctica discografía que comenzó a mediados de los 90. 

Tras el paso de la colombiana, Ela Minus, con su propuesta de electrónica pop muy –demasiado- influenciada por Björk, el concierto de la trasandina comenzó cerca de las 23:15 horas, con una versión de la irrefrenable y adictiva ‘Cosoco’ de “Halo”, para luego continuar con temas más densos y reflexivos de la misma entrega, como ‘Cara de espejo’ y ‘Estalacticas’. La argentina, que se mantiene estupenda y vital a sus 54 años, es la encargada, por supuesto, de la voz principal, la guitarra eléctrica y el teclado, que, en muchas ocasiones ocupa con delay para ir repitiendo la figura. Como decíamos, es secundada de excelente forma y con minuciosos arreglos, por la percusión que va desde lo sutil a lo energético de López De Arcaute y los aportes en segunda voz, bajo, guitarra, teclados y efectos de un siempre muy simpático Schwartz. De hecho, este último es el encargado de las exploraciones más experimentales de las canciones. 

El show prosiguió con ‘Paraguaya’, otro excelente tema de “Halo”, algo mecánico en su rítmica y melodía, típica pieza del pop bizarro y solo comparable a sí mismo de Molina, seguida de ‘Eras’ y ‘Lo Decidí Yo’, dos extraordinarios ejemplos de su álbum anterior “Wed 21” de 2013. La voz de la argentina es intensa, penetrante y no tiene la necesidad de cantar fuerte para sonar clara. Tal vez, la excepción se da en la visceral ‘Un día’, tema que da al nombre a su disco de 2008, en la que su despliegue vocal es impresionante, con una especie de melodía de Violeta Parra en el siglo XXV, cantando “Voy a viajar, voy a bailar, bailar, bailar, ¡quiero bailar!/ Voy a vivir en el medio del campo y a las mañanas me voy a levantar”, solo por citar una de sus partes. 

Juana corría y saltaba de manera hiperkinética por el escenario y, entre canción y canción, debía ir adaptándose a las complicaciones con el sonido que, como consignábamos al principio, fue una situación que afectó el normal desarrollo de todo el show. De hecho, Schwartz no pudo seguir tocando los temas con los efectos de la guitarra y se vio obligado a ajustar las versiones en el momento, como en el caso de ‘Sin Guía, No’, uno de los temas más llamativos de “Wed 21”. El concierto aún tuvo sus buenas sorpresas, con canciones como ‘In the Lassa’, ‘Ferocísimo’ y ‘Ay, no se ofendan’, en esta última, con Molina complementando la sincopada percusión de López De Arcaute con un platillo. 

Fueron dos horas que, pese a los desperfectos técnicos que, sin duda, afectaron de manera negativa a la experiencia general, mostraron a Juana Molina como una artista de una jerarquía y autoridad estética de la que pocos se pueden jactar. La cantante argentina es en todo momento ella misma, pues mantiene su esencia y especificidad como músico pero, al mismo tiempo es, disco a disco siempre otra, que va en riesgo, que amplía los límites de la música pop sin renegar de ella, sino que utilizándola como una eficaz herramienta de una auténtica creatividad. Un mérito gigante en un país como Argentina que le cuesta mucho escapar de referentes como Spinetta, Charly García o Gustavo Cerati. Juana Molina no abjura de aquello, pero es otra cosa y se inserta con mérito propio en aquella tremenda tradición de rock trasandino.

Héctor Aravena A.
Fotos: Juan Pablo Maralla 

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