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Richard Bona: El heredero del alma

Richard Bona: El heredero del alma

De África al mundo
Richard Bona: El heredero del alma

Martes 18 de Octubre de 2016, Teatro Nescafé de las Artes

No es una novedad decir que la música de occidente tuvo su origen en las raíces del folklore africano. Tampoco es nuevo el hecho de que fueron los esclavos de ese continente los mayores peregrinos en la evangelización musical del viejo y nuevo continente, así como también de la construcción de ritmos que hoy en día suenan con frecuencia en los medios masivos. El blues, rock, jazz, salsa, cumbia y muchos otros estilos son sólo herederos de los africanos, la verdadera alma originaria.

Richard Bona, camerunés de nacimiento y radicado en Nueva York hace varios años, es uno de estos embajadores del jazz fusión. El multi instrumentista se ha codeado con artistas como Mike Stern, Pat Metheny, Chick Corea, George Benson, Bobby McFerrin y muchos otros en sus más de cuarenta años de trayectoria (comenzó sólo con cuatro años); pero en verdad, su máximo referente siempre fue Jaco Pastorius. El principal objetivo era reconstruir su legado, sin pretender ser él, sino que explotar sus propias virtudes en son de un proyecto original y nunca antes escuchado… y lo logró.

El bajista regresó a nuestro país con una propuesta absolutamente renovada. Basando su espectáculo en su última placa, “Heritage”, el bajista se hizo acompañar de Mandekán Cubano, un grupo de artistas ligados al Latin Jazz con el que desplegó un show más cercano a la salsa que a cualquier otro ritmo. Como si fuera poco, el aperitivo estuvo a cargo de nada menos que Nano Stern, cantautor local que en una sintetizada presentación entregó un adelanto de lo que será la celebración de sus diez años de trayectoria (“Una de Cada Canción”: 24, 25 y 26 de Nov.); un show minimalista, cercano y emocionante, en el que el ñuñoíno se dio el tiempo para invitar a seguir festejando el centenario del natalicio de una de sus grandes inspiraciones y madre de la música chilena, Violeta Parra.

Sin mucha parafernalia, los músicos del Mandekan Cubano y Richard Bona se posicionaron en el escenario, para desplegar un combo de canciones donde el bajista hacía que todo se viera simple, tanto que uno a ratos olvidaba el increíble talento que estaba frente al público. Con una solidaridad tremenda, el camerunés cedió protagonismo a sus músicos en la primera parte del show, mostrando material del disco 2016. El trabajo de Osmany Paredes fue soberbio en el piano, caso similar al de los vientos de Dennis Hernández en la trompeta y Rey Alejandro en el trombón. Show aparte tenían la batería de Ludwing Afonso y -por sobre todo- la percusión de Luisito y Roberto Quintero, quienes se llevaron gran parte de los aplausos de la noche.

 

Uno de los momentos más notables y esperados se hizo realidad en el momento cuando Richard Bona tomó su -en esta ocasión- “Black Magic Chilean Machine”, interpretando su clásica confección de armonías y ritmos en modo repetición. Qué increíble la facilidad de Bona para reordenar la música a su gusto, no sólo por la técnica y ejecución, sino que por esa honesta emocionalidad que incorpora a cada una de sus notas.

El show fue intensamente cercano con el público, mismo lugar donde flameaba una pequeña bandera de Camerún, recordando el origen de Richard. Fue así como a medida que avanzó el espectáculo, Bona fue ganando más y más protagonismo, llegando al punto en que, acompañados con Mandekan Cubano, transformaron el Teatro Providencia en una verdadera salsoteca donde todos bailaban al son de los ritmos afrocubanos.

El carisma de Bona está a la altura de su talento, un hombre que sin problemas se echó al bolsillo a los chilenos, quienes disfrutaron de cada una de las bondades del camerunés. Simpatía, profesionalismo, cercanía y -por supuesto- un increíble talento en cada uno de sus instrumentos, fueron aderezos perfectos para un final de postal. Richard volvió en un último e íntimo encore para entretener a su antojo a los asistentes que se quedaron hasta pasadas las 23:00 horas.

Siempre quedará la interrogante de quién es el mejor bajista de la historia. Ni el mismo Richard Bona se atrevería a decir si superó o no a Pastorius, pero hay una cosa que si es cierta, el camerunés es único, un músico que nunca sabemos cuándo nos puede volver a sorprender con su inagotable talento. De este modo, solo queda rendirse ante el impactante talento de uno de los mejores expositores de la música, no sólo del bajo, sino que el de un artista que -como pocos- guarda la herencia del alma de la música.

Rodrigo Bravo Bustos
Fotos: Jorge López C.

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